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Que el Gobierno celebre y ponga su empeño en ganar el referéndum catalán

31/12/2013 08:00 CET | Actualizado 01/03/2014 11:12 CET
Porque celebrar un referéndum y hacer lo posible por ganarlo es la mejor

forma de responder al desafío independentista. Esta opción no tiene presencia alguna en el debate político y es urgente que la tenga.

Nada incomodaría más al independentismo y, sin embargo, no habría

respuesta más democrática a su reto ni nada le quitaría la razón con más

firmeza que una derrota en las urnas. La propuesta independentista nos

parece una muy mala iniciativa, no un derecho, peroha sido

planteada desde las instituciones elegidas democráticamente de

Cataluña, por medios pacíficos y ha demostrado una capacidad de

movilización muy considerable. La respuesta debe estar a la misma altura:

debe ser una respuesta pacífica y democrática y respaldada por la

ciudadanía de Cataluña.

Hay muy buenas razones de la razón y del corazón para que Cataluña

permanezca en España. Quienes apoyamos esta petición estamos convencidos de

que la mayoría de nuestros conciudadanos catalanes pueden verlas y

compartirlas con los demás españoles. La celebración de un referéndum nos

comprometería a todos a recordarlas, a ofrecerlas, a renovarlas, a

reflexionar sobre ellas en un diálogo cívico inaplazable.

La celebración del referéndum de autodeterminación debe cumplir al menos dos

condiciones básicas que se derivan de su justificación democrática. En

primer lugar, la pregunta debe ser clara, por ejemplo: ¿Desea que Cataluña

se constituya en un estado independiente? Sí/No. En segundo lugar, la

importancia de que el cambio de fronteras, si se produjese, sea estable y

no quede sujeto a la formación en poco tiempo de una nueva mayoría que lo

revierta, con el consiguiente coste colectivo de ese tejer y destejer

interminable, debe llevar a exigir una mayoría cualificada para considerar

que ha ganado la opción independentista.

Apoyamos la celebración de un referéndum con la máxima responsabilidad,

conscientes de que si la opción elegida fuese la independentista, el

Gobierno de España estaría obligado a negociar de buena fe las

condiciones de una ruptura que no deseamos. Habría que negociar por

ejemplo, la cuantía y forma de pago de una indemnización por los perjuicios

que acarrease el cambio de fronteras o arbitrar mecanismos para que ese

perjuicio fuese menor. La secesión no debe hacerse a costa de empeorar la

situación de los que se quedan y, si así fuera, quienes la deciden y se

benefician de ella deben compensar su coste o mitigarlo. Cuando estuvieran

pactadas esas condiciones, los demás españoles tendrían que darles su

visto bueno final en un referéndum de confirmación de ese pacto.

No hay que confundir esta petición con las propuestas de reforma de la

descentralización del Estado. Antes de deliberar sobre esas posibilidades

hay que allanar el camino con el referéndum que aquí se propone. La amenaza

independentista ha sido lanzada desde las instituciones democráticas de una

comunidad autónoma con un considerable apoyo ciudadano y hay que tomarla

muy en serio. Ninguna reforma será suficiente para aplacar los anhelos

independentistas de quienes los tienen. Sólo una derrota en las urnas

tendría ese efecto.

Quienes deseamos que Cataluña continúe en España lo hacemos convencidos

de que el proyecto común que construimos entre todos vale la pena,

mejora nuestras vidas, nos aporta diversidad, nos dinamiza en la rivalidad,

nos une en la colaboración, nos ofrece un país plural en el que vivir

acompañados de otras gentes iguales y distintas implicadas en un empeño

colectivo de cooperación enriquecedora que nos hace mejores a todos.

Comencemos por darle un voto de confianza a nuestros conciudadanos de

Cataluña, invitémosles a dar su apoyo a ese proyecto de una España común y

plural en las urnas, a propiciar que se renueven y fortalezcan nuestros

vínculos sociales y políticos; a desactivar la capacidad del

independentismo de distorsionar la vida política cotidiana; a demostrar a

todos que Cataluña también es plural respecto de esta cuestión, como

respecto de tantas otras, y que la única fuerza que mantiene sanos y

firmes los lazos que nos unen es la del respeto, el aprecio y el interés

mutuos.

Puedes firmar la petición iniciada en Change.org desde aquí.

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