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Carta a la joven que fui

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LYDIE BORDENAVE
Lydie Bordenave
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Querida yo de 18 años:

Te escribo desde los 36 años porque tengo que decirte que me he dado cuenta de que tengo el doble de años que tú, y eso es inquietante y emocionante a partes iguales.

A día de hoy, no sabes qué dirección va a tomar tu vida, sigues buscando el gran amor y pasas de tener desilusiones a tener sueños descabellados.

Avanzas tranquilamente, demasiado tranquilamente para tu gusto, te gustaría que todo pasara más rápido.

En el fondo, ya sabes lo que quieres y lo que no quieres y, créeme, te pueden decir lo que sea, pero ya no tienes ideas tan estúpidas.

No entiendes las clases teóricas de la universidad. "Te encantarán", te tranquiliza la gente. Les acabarás cogiendo el gusto, pero ya sabes que esas clases carecen de vida y de realidad. Por el contrario, tendrás una revelación en las clases de fonética: ¡un nuevo mundo se abre ante ti! De repente te vas a volver loca con esa asignatura. Una pasión que la mayoría de tus compañeros de promoción no entenderán, como es habitual :-)

Me gustaría animarte, porque ahora me arrepiento un poco de no haber aprendido más cosas sobre estas materias que me apasionaban, pero el resto de tu trayectoria profesional, aunque te parezca caótica e incoherente, servirá y todo encajará perfectamente cuando llegue el momento.

¡Paciencia!

Sé que no es tu punto fuerte, que te gustaría que las cosas avanzaran sin parar, que nunca hubiera un periodo de espera y que todo tuviera resultado.

Pero vas mucho más rápido de lo que piensas. Las cosas se van asentando en silencio a tu alrededor y sin que te des cuenta.

Cada ladrillo encontrará su sitio en el muro de tus deseos. Sí, tienes la sensación de que eres un culo de mal asiento, de que indagas en algo y luego te cansas.

Vas a abordar varios temas y vas a cambiar de dirección. Y tú no sabes ir en una sola dirección. Todos los caminos te atraen y te gustaría recorrer cada uno de ellos.

Pero no te sorprendas porque eso no cambiará ni con la edad, ni con la experiencia, ni con la maternidad. No, eres como eres, tendrás que aceptarlo para que los demás lo acepten.

Te da miedo que los demás te juzguen, es un miedo que a veces te persigue. Eres libre para decidir, pero no siempre asumes las consecuencias. Quieres que te digan que vas en la buena dirección, que todo el mundo tiene la misma poca idea que tú y que esas personas que parecen ir bien encaminadas y estar muy seguras de sí mismas no tienen por qué acabar en un lugar mejor.

Tienes que saber que no existen las malas decisiones si las asumes y te responsabilizas de ellas.

Esas personas que te dan lecciones parecen más inteligentes que tú, te parecerán más fuertes y seguros de la verdad, pero te darás cuenta de que esa protección que a ellos les conviene no está hecha para ti.

Sé más compasiva contigo misma: aprenderás que no le puedes gustar a todo el mundo, que no puedes estar en todas las batallas y que la vida es más bonita cuando hace de las suyas, incluso si exige más energía para empezar.

Intentarás encajar, pero pondrás en riesgo tu personalidad.

Es difícil ser una misma cuando nos dicen que seamos como los demás.

También lo es tratar de ser más discreta cuando nos encanta la originalidad. O intentar ser más firme y consistente cuando nos encanta lo inesperado y fantasear.

Pero no te encierres en lo que no eres. No te arrepientas de querer, de ser apasionada, de querer energía, dulzura y equilibrio. ¡El calor y el frío pueden unirse para hacer que tu vida sea más tibia! 😉

Deja que los chicos te convenzan de que lo eres todo para ellos y todo irá bien. Deja que te digan que eres guapa e, independientemente de sus ideales, deja que te hagan el bien y el mal.

No sabrás qué esperar de tu futuro, pero sabrás qué es lo que no querrás... créeme, así es como encontrarás al hombre de tu vida -al menos el hombre de tu vida actual, la de los 36 años-, porque no hay nada seguro en la vida y no hay nada menos fiable que el amor.

Serás madre: la madre que siempre soñaste ser, menos perfecta, pero puede que sea mejor así 😉

Tendrás niños geniales: una hija que está a punto de empezar el colegio. Sí, incluso hoy, cuando me llama "mamá", me sigo sorprendiendo de ser SU madre, de ser madre. ¡Y madre de una niña que va a empezar el colegio! Pero también es brillante, adorable y dulce. Tiene una sonrisa y unos ojos tan resplandecientes como unos fuegos artificiales. Será lo que quiera, pero sé que va a ser feliz, tiene imaginación, pasión por los libros y empatía.

¡También tienes un niño! Hace que te derritas sólo con verle: jamás pensé que podría querer tanto a un hombre 😉

Tiene una creatividad impresionante, una lógica fascinante y un concepto de la amistad ejemplar. Le encanta ayudar y crear. Lo difícil es dominar sus enfados: ante una injusticia o un fracaso, puede ponerse hecho una fiera. ¡Menudo carácter! Pero siempre reconoce sus errores y no le gusta estar enfadado mucho tiempo. Siempre sabe encontrar la parte buena de cada situación: ese optimismo hará que sea feliz, estoy segura.

También has creado tu propia empresa y has tenido a tu tercer hijo, que te da trabajo, preocupaciones y también diversión. Te las has arreglado para sentirte realizada y para tener tu propio trabajo: dudas a menudo, pero eso no importa, ¡sabes que a partir de ahora todo es posible!

Ya, tienes 18 años y no te imaginas ni por un instante que serás capaz de hacer todo eso, entre otras cosas.

¡Ten paciencia! Cada edad viene con un lote de sorpresas. Buenas o malas, nos ayudan a crecer y a evolucionar. Ellas nos ayudan a convertirnos en lo que somos día a día.

Hoy me dirijo a ti, joven de 18 años, y te digo lo siguiente: "Hazlo todo igual, ¡aunque sea difícil! Aprovecha la vida como venga y avanza por tu camino de felicidad".

Tu yo de 36 años...

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Este post también se ha publicado en el blog Les P'tea Potes.

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Este artículo fue publicado anteriormente en la edición francesa de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del francés.