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Depredadores morales

07/04/2017 13:42 CEST | Actualizado 08/04/2017 11:00 CEST
EFE

En el desarme de ETA, lo de menos es la entrega de las armas. ETA ha sido vencida operativamente, pero ha conseguido el premio de la legalización sin condenar su historia de crímenes. Eso no estimula la asunción de sus miembros sobre lo que le deben a la sociedad vasca y española y, en especial, a las víctimas que provocaron.

En lugar de retirarse a sus casas, avergonzados, quieren seguir en política, sin asumir la responsabilidad moral ante la sociedad y sus víctimas. "Sopas y sorber, no puede ser", dice el refrán castellano.

ETA y su entorno siempre quieren imponer su marco de visión y sus palabras. Mientras mataba, cultivó el victimismo. Es curioso, nos llamaban asesinos y fascistas a quienes nada teníamos que ver con el crimen o con el totalitarismo. ETA cultivó también el egocentrismo, porque en el terrorismo, la propaganda se obtiene utilizándonos a los demás como objetos de sus juegos de poder o deseo ideológico. Matar por ideas no es menos grave que matar por otro motivo. Reinsertarse, reinventarse, supone respetar en lo profundo al que se mató. Y eso no lo han hecho los líderes políticos que defienden los intereses de los etarras presos, huidos o encarcelados, o de los que ya salieron de la cárcel.

Lo más relevante es que no consideran que los asesinatos estuvieron tan mal, porque piensan que matar a sus vecinos o a los que representaban lo español les fue útil.

Ahora hay mucha gente que considera que deben dársele premios, titulares y, sobre todo, permitir que se elabore una memoria revisada amable del pasado para que caminen entre nosotros más a gusto. Lo piensan con buena voluntad, pero es un error político serio.

ETA asesinó a pocas personas durante el franquismo. Fue con la llegada de la democracia y de la Amnistía cuando comenzó un proceso rápido de acobardamiento de los pueblos vascos y navarros. Quien lo quiera conocer, puede leer el libro de Florencio Domínguez Las raíces del Miedo. Cientos de personas fueron asesinados en democracia, y en casi el cuarenta por ciento de los casos, los autores materiales no han respondido ante la justicia. En otros miles de delitos relacionados, los responsables nunca fueron detenidos o condenados. Por eso hay miles de manifestantes cada año pidiendo Amnistía. Todos los que allí acuden gritaron durante años en los pueblos y calles que nos matasen por no ser nacionalistas vascos. "Piensa como yo o muere": era la ley en el pueblo en que nací, Hernani.

Lo más relevante es que no consideran que los asesinatos estuvieron tan mal, porque piensan que matar a sus vecinos o a los que representaban lo español les fue útil. De hecho, acaba de presentarse un estudio que lo demuestra con cifras. Sopas y sorber. No arrepentirse, seguir en politica y conseguir que los presos etarras cumplan menos condena. Esto es lo que buscan, y todo junto es el trilema de la depredación moral y política.

Pernando Barrena, líder abertzale antes y ahora, dijo en 2007 que los que "hoy son considerados terroristas, puede que mañana no lo sean, todo depende de quién gane la batalla politica". Y en eso están. En ganar la batalla de la pura verdad histórica, en seguir deshumanizándonos y faltando al respeto a los que sufrirán al abrir el telediario estos días después de que les devastaran la vida. Es un tongo cruel, aunque parte de los que colaboran, lo hacen con buen corazón.

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