Manuel Martín Cuenca
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Nació en Almería el 30 de noviembre de 1964. Estudió Filología Hispánica en la Universidad de Granada y se licenció en Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid (1989). En 1988 comenzó a trabajar profesionalmente en el cine como ayudante de dirección, script y director de reparto, colaborando con directores como Felipe Vega, Alain Tanner, Mariano Barroso, Iciar Bollaín o José Luis Borau, entre otros. En 1999 comienza a escribir y dirigir sus propias películas, tanto en el género documental como en la ficción. Durante esos años trabaja también como profesor de dirección e interpretación en diferentes escuelas de cine en España y Cuba, tales como Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños (Cuba), Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM) y la Universidad Carlos III, entre otras.

En la actualidad colabora con algunos periódicos y publicaciones. Ha escrito una novela y varios libros de cine. Es fundador de la editorial Lagartos, con la que inicia una colección de libros de cine.

En 2004 crea su propia productora, La Loma Blanca P. C., con la que coproduce varias de sus películas y produce sus tres últimas obras: el documental experimental La Cara B: El otro lado (2015), así como las películas de ficción Caníbal (2013)- Concha de Plata Mejor Fotografía y Goya 2013 en la misma caategoría- y La mitad de Oscar (2011). Director además de los films: El Juego de Cuba (2001), Flaqueza del Bolchevique (2003), Malas Temporadas (2005), El tesoro –TV Movie- (2007) y Últimos testigos: Carrillo, comunista (2009), entre otros.

En la actualidad se encuentra en la preproducción de su próximo proyecto, el largometraje de ficción “El Móvil”, basado en una novela del escritor español Javier Cercas, y en el rodaje del documental “El Crimen de Miramar. El Caso de Pablo Ibar”.

Artículos de Manuel Martín Cuenca

'El móvil': diario de un rodaje VII (El final)

(0) Comentarios | Publicado 18 noviembre 2016 | 07:00

El final del rodaje

Escribo este último post del rodaje con una mezcla de alegría y tristeza. Me siento afortunado y doy inmensas gracias a todos los que han apoyado este proyecto. He podido rodar una nueva película y sé que no es fácil. Soy un privilegiado por ello. Gracias a todos y, especialmente, a la ciudad de Sevilla. Vivir una película es vivir un nuevo mundo, una fantasía que, de alguna manera, se hace realidad. Algo que no existe y se construye en la sombra. Una película es la huella de esa fantasía, de ese mundo en el que habitan sus personajes, sus voces, sus espacios, su luz, sus colores. También me siento triste porque he habitado ese mundo durante meses y ahora se marcha. Me siento triste y nostálgico. Hace unos días le decía a un amigo que tenía la sensación (algo de lo que no había sido consciente antes) de vivir en la película. Parece una locura, pero es así. No vivir en el ambiente del equipo, ni en el rodaje, ni en la camaradería de mis hermanos los actores. No. Sino de vivir en ese mundo fantasmagórico.

Por las noches, cuando me acostaba, me acurrucaban las imágenes y sonidos del rodaje de ese día, y más de una vez me quedaba dormido repasándolos en mi imaginación. Ha habido momentos buenos y malos, momentos duros y gozosos... y para lo único que me servía la experiencia era para darme cuenta de que no podía ser de otra forma, que muchas veces vas al rodaje y fracasas, y que otras veces vas al rodaje y vuelas. Que muchas veces hay quien no lo entiende y te hace daño, y otras hay quien lo entiende y te hace feliz. Por encima de todas las amarguras y goces he tratado de ser libre, no siempre lo he conseguido, pero a veces sí, por momentos. ¿Y qué es ser libre para mí? Librarme de mis miedos. De mi propia presión para hacer la mejor película posible, de los golpes bajos que a veces te dan y el daño que te hacen a ti o a las personas que más amas. Decirme cada día que tenía que seguir luchando, disfrutando. Y agradecer a quien estaba a mi lado y me seguía apoyando. ¿Cómo ha quedado la película? Sinceramente, no lo sé. No sé si será buena o mala, aunque pienso que, en realidad, lo bueno y lo malo no son de mi incumbencia, sino juicios de otros que ya llegarán. Para mí, lo que importa es la búsqueda.

El cine es muchas cosas, y hay que preocuparse de todas ellas, pero sin los actores, una película no puede volar. Es como si en un mundo no hubiera habitantes

Aún sigo en Sevilla. No me he querido despedir de esta ciudad tan pronto. Se me ha quedado en las entrañas. Y quiero seguir caminando sus calles, disfrutando sus olores, gozando sus atmósferas y su gente... por unos días más. No me atrevo a irme aún. Es hermoso seguir aquí. Me he ido despidiendo de todos, especialmente de mis actores. El otro día acompañé a Adriana y a Javier a la estación de tren. Luego, una horas más tarde, a Tenoch. Unos volvían a Madrid, otros a México. Ayer comí (le cociné una paella a él y a su mujer) con mi querido Antonio. Él vive en Sevilla y, de repente, ha sido mi vecino. Y aún me queda darle un último abrazo a Rafael y llamar a Adelfa y volver a despedirme de ella, pues tuvo que irse corriendo a rodar su serie... y a mi querida María, que también se marchó a continuar trabajando... a todos ellos y los demás actores de esta película los amo con todo mi corazón... Pero quiero dar las gracias especialmente a Javier, mi mayor compañero en este viaje, mi carne y mi espíritu en esta película, al que le debo su compromiso y su querer. Es un pedazo de actor, ya lo sabía, y ahora sólo me queda gritarlo a los cuatro vientos. Ha habitado conmigo este mundo inventado. Ha sido mi cómplice.

Al despedirme de él me di cuenta de algo, quizás la razón por la que hago cine, más allá de mi pasión y amor por este arte. Éramos como dos adolescentes que se separan después de un hermoso campamento de verano. Que se hacen promesas de volver, de estar juntos, de repetir. Nunca se sabe si será posible. Nunca se sabe si haré otra película (eso dependerá de muchas cosas), pero yo me sentí un niño. Mirando cómo se alejaba en el andén y disfrutando de que se volviera y saludara desde lejos por última vez. Fue una despedida hermosa. Una despedida de adolescentes ilusionados por lo que han vivido, y tristes porque se acaba. Y una vez más, me sentí afortunado por ilusionarme como cuando tenía 15 años. Porque el cine me da también esto, y sobre todo esto: el juego y la pasión por aprender y disfrutar. Gracias a todo el equipo que ha confiado en el sueño, y sobre todo, gracias a todos mis actores, que han vivido conmigo en este mundo. Un director sin los actores no es nadie. Los necesita. Su riesgo, su pasión, su compromiso. El cine es muchas cosas más, y hay que preocuparse de todas ellas, pero sin los actores, una película no puede volar. Es como si en un mundo no hubiera habitantes. Podría ser el más hermoso de todos, pero estaría muerto sin ellos. Los actores combaten la soledad, derrotan el vacío y otorgan el espíritu a la película.

Triste y alegre. Así me siento yo. El viaje no ha terminado del todo. Llega el montaje. Otro fase excitante pero en la que tengo que cambiar de piel. Ya no vale quedarme enamorado de lo que sentí, ya no vale quedarme a habitar en mis emociones. Ahora tengo que ser más frío y distante para poder transmitir lo mejor de lo que hemos vivido. Un nuevo director tiene que sentarse en la sala de montaje y tratar de haceros llegar lo más poderoso de este mundo que hemos habitado. Tendré que tomar decisiones dolorosas, cortar, reestructurar... lo sé. Por eso me toca decir adiós a este director que aún quiero ser. Y comenzar a combatirle sin piedad.

Quisiera encontrar algunas palabras especiales para despedirme de esta película, pero en las despedidas de lo que se ama ,uno nunca las encuentra. Nunca terminan de ser lo suficientemente precisas. Y nombrar los sentimientos parece que los banaliza, que los convierte rápidamente en cliché. Prefiero elegir el silencio para decir adiós. Un silencio que simplemente llene el corazón.

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'El móvil': diario de un rodaje VI

(1) Comentarios | Publicado 11 noviembre 2016 | 17:26

La planificación

Otra certeza falsa se llama guión técnico. Los planos que va a hacer el director para poner en escena la película. Desconfío de ella. Por supuesto, cuando leo una guión me imagino una primera narrativa posible para rodarlo en función de los planos que hay que hacer, pero rápidamente rechazo esa narrativa porque proviene de un acto intelectual y pasivo que suele hacerse delante de la mesa, leyendo el guión y analizándolo. Como primer esbozo puede valer, pero el proceso de construcción de la película es mucho más complejo, mucho más físico. El espacio real en que vamos a rodar determina todo, y diría también que la energía que fluye de cada instante concreto en que se rueda. Para mí, rodar un plano, poner en escena una película, es como un ritual sacro. Convocamos al espíritu para que aparezca la magia, y para ello hay que oír lo que está pasando a tu alrededor en ese instante y en ese espacio.

El segundo borrador de la planificación surge en las localizaciones, por tanto. Los espacios te cuentan dónde colocar la cámara para contar la historia. Pero eso, por sí sólo, no es suficiente. La luz del momento, el color, los objetos, el sonido se hacen significantes y te llaman a rodar un plano o a colocar la cámara en un lugar u otro. Y aun así, eso tampoco es lo definitivo. Llegan los actores. Ellos te indican cómo rodar la escena en función de cómo se mueven, qué esperan, qué buscan. Y de sus dificultades. Cómo ayudar a que los actores llenen la escena con su cuerpo y su interpretación es algo esencial de lo que un director debe ser consciente.

Por último, el tiempo en el que rodamos, la energía que nos rodea ese día. Rodar un plano es un acto de fe en la energía que late en ese momento. Por eso pienso que si volviera a rodar la misma escena al día siguiente, sería de otra forma. No hay dos veces la misma escena ni dos veces la misma toma. Cada plano debe ser único, y cada toma aún más única. Para lo único que sirve estar preparado para la planificación es para dejarse sorprender y cambiar la planificación. Trabajar, y trabajar mucho, para que todo parezca natural, improvisado, como si brotara de la vida que nos rodea cuando hacemos la película. El estado de gracia de un director es parecer que no...

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'El móvil': diario de un rodaje V

(0) Comentarios | Publicado 9 noviembre 2016 | 07:00

El guión

Demasiadas veces he oído esa expresión de "guión de hierro" y esa manera de hablar del guión como un documento cerrado que ya contiene la película y que invita a serle fiel. El llamado guión de hierro, el "buen guión", me produce escalofríos y miedo. Entiendo que el guión sea la única certeza que tienen los productores o los ejecutivos cuando deciden apostar por una película; y que el impulso de seguir la fórmula que plantea el guión es tentadora, pero creo que éste es sólo una herramienta de una parte del proceso. De entrada, los diálogos, las escenas, si no están encarnadas con pasión y mundo por los actores, no son nada. Las palabras más precisas y poéticas pueden convertirse en ridículas o vacías. Los actores, los buenos actores, reescriben el guión. Luego está la fidelidad a lo escrito que nos empuja irremediablemente hacia una película mecánica, sin alma. Decía Truffaut: en el rodaje contra el guión, en el montaje contra el rodaje, cada fase del proceso debe enterrar a la anterior.

Para mí, en realidad, el guión es un mapa. Un documento que señala una ruta que seguir, no siempre acertada, para encontrar un tesoro al final del viaje. El guión es el mapa de la exploración y, como tal, está lleno de imperfecciones. Es curioso que en el rodaje un director siempre ande buscando su guión por algún sitio. Cree que lo dejó sobre algún cajón y ahora no lo encuentra. El inconsciente nos habla. Yo diría que el director quiere perder el guión. Porque tratar de que el mapa del mundo que tratamos de construir sea ese mismo mundo es una falacia. Yo siempre he querido rodar sin guión, como los pioneros, escribiendo y construyendo las escenas previstas en función de lo que ocurre en el rodaje. Pero qué difícil es conseguir que alguien financie un sueño sin enseñarle el mapa del tesoro. Por eso hacemos guiones, para hacerles creer a los demás que allí hay algo que nadie conoce. Pero lo que construye definitivamente las películas no es el guión, sino la fe en nuestro...

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'El móvil': diario de un rodaje IV

(0) Comentarios | Publicado 24 octubre 2016 | 08:00

El fracaso

Hay que hacer las películas posibles para luego hacerlas libres. Nos jugamos demasiado cada vez que rodamos, normalmente la posibilidad de hacer la película siguiente. Eso infunde miedo, y el miedo es el enemigo más peligroso. Los directores clásicos hacían una carrera y no se jugaban su continuidad a cada paso. Los fracasos dolían, pero no eran mortales en la mayoría de los casos. Estoy seguro de que el fracaso es la mejor escuela y, sin embargo, nuestra generación de cineastas no puede permitírsela. Ése es uno de los grandes problemas que afrontamos. Cada día me digo que no tengo que tener miedo a fracasar, que tengo que asumir riesgos. Y cada día intento hacer la película lo más libre posible de mis propios miedos. No sé si lo consigo, pero al menos trato de ser consciente de ello.

El otro día me contaron una frase hermosa. Era casi un chiste: el rodaje es la luna de miel, el montaje el matrimonio. De acuerdo, es cierta. Así que me digo: voy a disfrutar de la luna de miel aunque ya sepa lo que viene después... siempre se pueden cambiar las cosas y quizás el matrimonio sea aún mejor que la luna de miel. ¿Por qué no creerlo y luchar por...

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'El móvil': diario de un rodaje III

(0) Comentarios | Publicado 11 octubre 2016 | 08:00

Mi razón del cine

¿Se puede estar cuerdo trabajando en cine?... ¿Qué significa estar cuerdo? ¿Qué significa estar loco? ¿Estar loco es no hacer lo correcto? Lo correcto no existe... Estar loco es no hacer lo convencional. Eso sí que existe, porque lo convencional es lo que han hecho otros antes. Lo convencional domina nuestras vidas y es fácil caer en sus cadenas. Ser esclavo de lo aprendido. ¿Cómo aprender de todos nuestros maestros y no ser un esclavo de ellos? Cada día rodando me lo pregunto... Creo que la respuesta está en amar y traicionar al mismo tiempo. Hacer de la mentira un juego y del juego una verdad, igual que hacen los niños. Hacer cine es jugar creyendo ciegamente en el juego, ser un niño que desconfía de los adultos, mentir diciendo la verdad. No puede haber cine sin trucos, sin magia, sin engaño. Y no puede haber cine sin cuestionar lo convencional. Todo se construye desde la ficción. Y esa ficción es la que se hace...

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'El móvil': diario de un rodaje II

(0) Comentarios | Publicado 3 octubre 2016 | 08:00


El espacio

Los espacios contienen las historias. ¿Qué es un relato sino la sucesión de instantes en el espacio? Primero es la geografía, luego la narración. Por eso los espacios hablan, igual que el tiempo, y dicen qué historias contienen y dónde colocar la cámara para rodarlas. Caminar por Sevilla es encontrar la historia que estoy buscando, detenerme en el detalle y sentirlo. Luego llegan los personajes y sus voces, los diálogos, las emociones... pero no son más que una capa más que se superpone a las anteriores y que construye el alma del lugar. Una película es sólo un granito de arena, una astilla de madera, un pequeño fragmento de cristal... pero si no pensamos en qué manera y de qué manera va a pertenecer nuestra película al lugar, nacerá huérfana, desamparada,...

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'El móvil': diario de un rodaje I

(0) Comentarios | Publicado 27 septiembre 2016 | 08:00

El viaje

Me gusta ir a los lugares donde ruedo lo antes posible, respirar su ambiente, ver el espacio antes de que se convierta en parte de una representación y escuchar qué me dice. Por eso me marcho a vivir al lugar donde voy a rodar unos meses antes, para hacer el viaje solo y estar allí antes de que se incorpore el equipo. Y también me gusta ir temprano al rodaje, andando, paseando... En realidad, en cine es una excusa, lo que me importa es el...

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'El móvil': memoria del director

(0) Comentarios | Publicado 23 septiembre 2016 | 08:00

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Foto: Marinos Candurra

Siempre me he preguntado lo que significa el talento. Es una palabra que suena demasiadas veces en boca de la gente y en la que creo poco. Porque sé que tener talento, así en abstracto, es poca cosa. Lo importante es el...

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