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'El móvil': diario de un rodaje V

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El guión

Demasiadas veces he oído esa expresión de "guión de hierro" y esa manera de hablar del guión como un documento cerrado que ya contiene la película y que invita a serle fiel. El llamado guión de hierro, el "buen guión", me produce escalofríos y miedo. Entiendo que el guión sea la única certeza que tienen los productores o los ejecutivos cuando deciden apostar por una película; y que el impulso de seguir la fórmula que plantea el guión es tentadora, pero creo que éste es sólo una herramienta de una parte del proceso. De entrada, los diálogos, las escenas, si no están encarnadas con pasión y mundo por los actores, no son nada. Las palabras más precisas y poéticas pueden convertirse en ridículas o vacías. Los actores, los buenos actores, reescriben el guión. Luego está la fidelidad a lo escrito que nos empuja irremediablemente hacia una película mecánica, sin alma. Decía Truffaut: en el rodaje contra el guión, en el montaje contra el rodaje, cada fase del proceso debe enterrar a la anterior.

Para mí, en realidad, el guión es un mapa. Un documento que señala una ruta que seguir, no siempre acertada, para encontrar un tesoro al final del viaje. El guión es el mapa de la exploración y, como tal, está lleno de imperfecciones. Es curioso que en el rodaje un director siempre ande buscando su guión por algún sitio. Cree que lo dejó sobre algún cajón y ahora no lo encuentra. El inconsciente nos habla. Yo diría que el director quiere perder el guión. Porque tratar de que el mapa del mundo que tratamos de construir sea ese mismo mundo es una falacia. Yo siempre he querido rodar sin guión, como los pioneros, escribiendo y construyendo las escenas previstas en función de lo que ocurre en el rodaje. Pero qué difícil es conseguir que alguien financie un sueño sin enseñarle el mapa del tesoro. Por eso hacemos guiones, para hacerles creer a los demás que allí hay algo que nadie conoce. Pero lo que construye definitivamente las películas no es el guión, sino la fe en nuestro sueño.