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Que empiece ya el juego de la seducción

06/10/2017 07:09 CEST | Actualizado 06/10/2017 11:54 CEST

EFE

En primer lugar, dediquemos un poco de tiempo para encontrar el mejor traje para la ocasión, para la cita más importante de nuestras vidas. Empecemos por descartar los colores que nos distancian y centrémonos en un conjunto que nos recuerde todo lo que tenemos en común. Dejemos también nuestros egos en el armario pues no hay nada más atractivo que un buen perfume de humildad. Mientras nos miramos en el espejo para ajustarnos la corbata, pensamos cómo y en qué momento la comenzamos a perder.

La localizamos en la mesa situada al fondo del restaurante, con las maletas apoyadas en la silla. Lo menos importante de todo es quién será el primero en pedir perdón, pues ambos debemos reconocer nuestros errores. Te disculpas por haber reaccionado tan tarde y de forma tan brusca, ella por haber querido irse de malas maneras. Desde luego no han sido los mejores cinco años de nuestra relación. Sin tiempo para más reproches ni para el rencor, nos imaginamos el uno al otro diciéndonos las palabras que nos gustaría escuchar. «Yo nunca te retendré en contra de tu voluntad». «En realidad, yo nunca quise marcharme».

«Todo va a salir bien. Tenemos todo un futuro por delante».

Durante el aperitivo, nos recreamos con Ramos y Piqué fundidos en un abrazo tras haber ganado el Mundial, pues el fútbol siempre es la mejor excusa para romper el hielo. Mientras disfrutamos del primer plato, le recuerdas todo lo que habéis conseguido juntos y de lo bien que nos iba en época de prosperidad. Reconocemos que los tiempos han cambiado y ahora nos enfrentamos a enemigos comunes como el paro, la desigualdad y la corrupción. Esperamos mientras se enfría el segundo. Le hablas de los planes de futuro, de reformas constitucionales y de nuevos modelos autonómicos. Formaremos la mejor pareja del mundo. Propones compartir el postre, aprovechando el momento para acercarte y cruzar vuestras miradas durante un segundo. Después de prometerle respeto y una mayor consideración, le susurras al oído que estás enamorado de su singularidad. «Eres perfecta tal y como eres». Llega el momento de la cuenta. Que el dinero no sea un problema, lo importante es que todos lleguemos a final de mes. Ya pagarás tú la próxima cena.

Afuera está lloviendo y tú la proteges con tu abrigo. Le secas una lágrima y te fijas en las dudas que oculta su mirada. No está segura de marcharse. Es el momento de dar el paso. Es ahora cuando debemos esforzarnos si la queremos recuperar. Empaticemos con ella, intentemos comprender su frustración. Que la legalidad no se coma a la cordura, que la determinación no se convierta en obstinación. Que nuestras diferencias congenien como dos gotas de agua, como decía aquella canción. La abrazas para que se calme y tú te sientes vulnerable junto a ella. El beso nos devuelve la sensatez que ambos habíamos perdido. «Todo va a salir bien. Tenemos todo un futuro por delante».