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De princesa a ingeniera: ayuda a tu hija a desarrollar todo su potencial

18/05/2015 07:16 CEST | Actualizado 17/05/2016 11:12 CEST

2015-05-12-1431444479-5977463-goldieblox.com.png Cada vez más mujeres acceden a profesiones y ámbitos que antes estaban destinados, casi exclusivamente, a los hombres. Aun así, la brecha de género sigue proporcionando datos escandalosos: en Estados Unidos, por ejemplo, solo el 14% de los ingenieros que salen cada año de la universidad son mujeres.

Podemos buscar multitud de razones que justifiquen esta disparidad, pero la más importante es, sin duda, la educación. Tanto hombres como mujeres comenzamos a adquirir en la infancia los conocimientos que formarán la base de nuestra vida futura. Jugando aprendemos a relacionarnos con el mundo que nos rodea. Jugando comenzamos a pensar, conocer, discernir, a desarrollar nuestra creatividad y pensamiento crítico. Y esta es la gran carencia que, hasta hace poco, han sufrido las pequeñas con respecto a sus compañeros varones.

Estamos acostumbrados a que los juguetes sean para niñas o para niños, rosas o azules, castillos de princesas o coches de carreras. Los juguetes estereotipan a menudo a nuestros hijos, y las niñas se ven encarceladas en el "aislamiento rosa".

No hay nada de malo en que tu pequeña juegue a ser una princesa, por supuesto. Pero, ¿y si quiere ir más allá? Todos contamos con cierto espíritu crítico, científico, por tanto. Debemos ser capaces de ofrecer las mismas oportunidades para que todos puedan desarrollarlo y elijan conscientemente su camino en el futuro, independientemente de su sexo. No es tan difícil romper el aislamiento rosa; solo debemos buscar juguetes no conformistas que ayuden a nuestras hijas a pensar, que acerquen a la ciencia y la tecnología de forma lúdica y adaptada a sus necesidades.

Desde 2012, cada vez proliferan más los juguetes de este tipo, especialmente diseñados para ellas. Todo empezó en Kickstarter, la mayor plataforma mundial de crowdfunding, cuando Debbie Sterling, una joven ingeniera, lanzó al mundo el proyecto en el que había invertido todos sus ahorros: GoldieBlox, un juguete de construcción apoyado por un libro educativo y basado en una sencilla mecánica, pero que a la vez contaba con casi infinitas posibilidades.

"Cuando era niña, la palabra ingeniero me sonaba intimidatoria, algo solo para chicos. He descubierto que estaba equivocada. Los ingenieros construyen las cosas más importantes que utilizamos todos los días... cosas que hacen que nuestras vidas sean mejores". (Debbie Sterling, fundadora y presidenta de GoldieBlox)

Lo más especial de GoldieBlox, lo que hizo que sus expectativas de crowdfunding se superaran con creces (más de 5000 personas apoyaron el proyecto, recaudando casi el doble de lo que Debbie pedía para producirlo) fue que estaba diseñado, específicamente, para niñas. No solo tiene texturas suaves y colores atractivos, sino que hace del acercamiento a la tecnología algo divertido y atrayente:

"GoldieBlox va más allá del "hazlo rosa" para atraer a las niñas. (...) Los chicos tienen grandes habilidades espaciales, por lo que adoran los juguetes de construcción. Las chicas, por otra parte, tienen mayores habilidades verbales; aman las historias y los personajes. GoldieBlox atrae a las niñas porque, además de pensar en construir, éstas quieren saber por qué construyen, y las historias de Goldie están relacionadas con sus propias vidas. (...) A medida que leen, quieren ser como Goldie, y hacer lo que ella hace". (Debbie Sterling, fundadora y presidenta de GoldieBlox)

Tras el boom que supuso la salida de GoldieBlox al mercado y su ruptura con el juguete científico-tecnológico tradicional, muchas otras empresas, algunas nuevas y otras ya establecidas en el sector, han comenzado a crear juguetes especialmente diseñados para desarrollar las habilidades científicas, matemáticas, tecnológicas y de ingeniería; la tendencia es ya una realidad.

Otro ejemplo de juguete tecnológico para ellas es Roominate, premiado como juguete número 1 de 2014 por la prestigiosa revista Time. La premisa es también simple: un colorido juego de construcción que invita a la creatividad espacial y a dar rienda suelta a "ese pequeño extra": las niñas pueden construir una casa de muñecas con infinitas posibilidades y, además, aprender teoría de circuitos básica, añadiendo a su construcción cableado, luces y motores.

Aunque la tendencia no se restringe, ni mucho menos, a los juguetes para niñas; la empresa española BQ (conocida por ser la primera en producir en serie una impresora 3D de precio económico, destinada al usuario final) ha desarrollado un kit de robótica 100% funcional para que los más pequeños puedan aprender programación desde cero, implicando al resto de la familia en el juego, y acercándose a la ciencia y la tecnología de forma divertida. El kit se completa con pequeños robots, para montar o imprimir en 3D, que más tarde pueden controlarse desde un smartphone o tablet Android.

Por otra parte, muchas empresas jugueteras de amplia trayectoria se suman, poco a poco, al aprendizaje tecnológico; Leapfrog, por ejemplo, ha lanzado ordenadores portátiles adaptados que ayudan a los niños a adquirir habilidades informáticas desde muy pequeños, y los juguetes de construcción más clásicos, como Lego, con su línea Friends, empiezan a reubicarse hacia líneas y colores en principio más atractivos para el público femenino.

Aunque, por supuesto, el fin último de cualquier juguete es, aunque parezca obvio decirlo, jugar. No se puede hacer que un niño sea algo que no es: si tu hija quiere ser una princesa, adelante. Si quiere ser ingeniera, adelante. No todas las niñas que jueguen con GoldieBlox van a ser ingenieras, igual que la mayoría de niños que juegan con naves espaciales no acaban siendo astronautas. Pero puedes ofrecer a tu hija juegos que desarrollen todas sus habilidades, puedes dar las herramientas necesarias para que en el futuro elija con conciencia. Asegúrate de que tenga acceso a juguetes que le hagan interesarse por la ciencia, las matemáticas, la tecnología. El objetivo de los nuevos juguetes no es solo jugar, sino también normalizar: inspirar a una nueva generación de profesionales para que, en el futuro, la ingeniería deje de ser una "cosa de chicos".

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