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'Twitteritis'

11/09/2015 07:24 CEST | Actualizado 11/09/2016 11:12 CEST

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Foto: REUTERS

Para quienes creían que las enfermedades transmitidas por las aves de alto vuelo estaban controladas, temo decirles que hoy en día el trastorno producido por el pajarito azul de apariencia inofensiva se ha convertido en pandemia. El contagio puede suceder de una forma fácil y progresiva. Es por eso que advierten a sus dueños y amos que conviene ser cuidadosos en cuanto al trato que se le da a esta especie considerada como la más lenguaraz del planeta. Si quiere tenerla de mascota, bien valdría la pena tener en cuenta algunos aspectos.

Los primeros indicios se presentan con la constante revisión de la pantalla del móvil y la necesidad de explorar los titulares, fotos, vídeos, frases, críticas, abucheos y comentarios que llevan a la gloria a cualquier ser vivo o muerto, que posteriormente pasará al olvido porque habrá otro que le quite el trono y lo despoje de su reino en menos de de veinticuatro horas. Incluso para el más profesional de los lectores o fanático de las noticias y mensajes portátiles, la digestión de los caracteres e imágenes que emana de esta ave, pequeña en apariencia, resultará incómoda incluso hasta el punto de causar intoxicación momentánea y, en otros casos, malestar crónico si no se administra la dosis diaria de información con discreción. Ni hablar de las consecuencias que producen las faltas de ortografía que pueden producir alergia y/o enrojecimiento facial.

No hay vacuna disponible para evitar contraer ésta dolencia amparada por la libertad de expresión.

De acuerdo con los mensajes publicados minuto a minuto, el padecimiento existe a escala mundial, afectando a millones de personas, sin importar su estrato socioeconómico, político y/o intelectual. Cuando ataca, lo hace en cualquier lugar sin importar la situación. Recomiendan entonces tomar una bocanada de aire fresco antes de redactar cualquier opinión personal sobre, todo aquellas que incluyen insultos o piropos a otros afectados por el mismo mal. La sensibilidad es extrema, hasta el punto de producir bajas laborales, renuncias estrepitosas, capturas policiales y rupturas amorosas. La espontaneidad desmedida e indiscreción compulsiva aparecen entonces como manifestaciones secundarias que terminan por causar Twittertitis.

Otros síntomas que aquejan a diversos pacientes consisten en el retuiteo indiscriminado o adjudicación de estrellas amarillas a todo lo que se mueva sin aplicar criterio alguno a sus actos de generosidad. Para los entendidos en los temas de salud digital y, en este caso, avícola, el pajarito azul debe ser atendido de manera moderada y, al igual que otros de su categoría, se debe evitar la ira, la maldad, la venganza y la frustración personal traducida en insulto público, porque conllevarán al aislamiento del paciente. El tratamiento recomendado para combatir el posible contagio radica en ofrecer opiniones y críticas con argumentos sensatos y respetuosos. Hacer entregas frecuentes de tuits con buen sentido del humor, memes creativos, evitar la vulgaridad y, ante todo, respetar el idioma, cualquiera que sea. Valen las combinaciones sin excesos ni maltratos.

No hay vacuna disponible para evitar contraer esta dolencia amparada por la libertad de expresión, así que una cucharada de paciencia por la mañana, seguida de una tableta de chocolate con alta dosis de tolerancia resulta la mezcla perfecta para sobrevivir al tráfico digital.

Por último, advierten de que todos somos vulnerables de acuerdo a nuestros seguimientos. Así que a la hora de recibir la información que entrega incesantemente el ave de plumaje azul, es indispensable eliminar los focos de infección para evitar la propagación.