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'Disfrutilizar'

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2016-05-25-1464173411-792869-Capturadepantalla20160525alas12.19.35.jpgCada fin de semana, sobre todo en los últimos tiempos, decenas de compañías de teatro exhiben sus distintos montajes en diferentes ciudades o pueblos. Según la distancia con el punto de partida (no siempre Madrid, a veces los rodajes de películas o series los tienen ocupados en otros puntos), los actores viajan la víspera o en el día, comen pronto, llegan al teatro entre 90 y 60 minutos antes de que empiece la función y cenan cuando todo ha terminado. Es decir, mantienen un horario propio que les permite dar al espectador lo mejor de sí mismos.

Ese deambular trae muchas sorpresas. No sólo porque cada función es un mundo (no hay dos funciones iguales, se lo puedo asegurar) sino porque cada plaza (lugar en el que se representa la función) te lleva a parar en un bar, taberna o restaurante del que puedes dar cumplida referencia. A veces, la elección es un error y el cómico de la legua intenta recordarlo para no regresar. Otras, al revés, el local es un hallazgo. Quizá alguien en el hotel en que se hospedan les ha remitido al lugar (cuya fachada han tenido que mirar entre tres y cuatro veces antes de franquear su puerta y encontrarse con una marisquería de primera, decorada por un daltónico y a precios de risa); quizá otro compañero ya les dio cumplida cuenta de dónde tenían que yantar; quizá yo misma, que estoy más que viajada, les he recomendado un sitio de mi absoluta confianza.

A veces, en el trayecto, alguien propone desviarse para comer en un bar de carretera del que otro le ha hablado. Nunca hubieran pasado por ahí sin esa recomendación y, aunque hubiera sido así, no hubieran entrado ni locos en aquel lugar si no es porque saben de buena tinta que las apariencias engañan.

Y henos aquí a todos, cualquier noche madrileña, o no, compartiendo entre unas risas y unos vinos, o no, toda esa información básica para la subsistencia y hasta la buena convivencia de una compañía (equipo que pone en pie una representación). Salivamos mientras recordamos aquella opípara cena en Bilbao; aquellas croquetas en Salamanca; aquella divertida camarera que nos seguía el rollo en Málaga; aquellos pintxos donostiarras..., o mientras intentamos descifrar aquella receta imposible que alguien intentó colocarnos vaya usted a saber dónde. Intentamos recordar sus nombres. A veces lo conseguimos. Otras, nos explicamos tomando como referencia el teatro (a la izquierda y la segunda a la derecha, fachada granate, toldo marrón y amarillo, barra a la derecha y mesas enfrente).

Y así siempre. Tan delicioso recomendar los bares, tabernas o restaurantes como comer o beber en ellos. 52 semanas el año de acá para allá. Y todas las emociones, teatrales y gustativas, a flor de piel. Porque elegimos este tipo de vida, cómicos y próximos a ellos, que nos ha hecho nómadas y disfrutones. Jugamos a vivir y a representar. Dentro y fuera del escenario. Le sacamos punta a las circunstancias, convivimos como una familia, compartimos alegrías y penas. Y barras, mesas, y lo que sea menester. Para todo eso me inventé un verbo: "disfrutilizar". O sea, utilizar los conocimientos de otros para seguir disfrutando en lo posible de nuestras circunstancias. Y ante tanta provocación no pude evitarlo y pedí a todos los que se animaran que hicieran un importante ejercicio de memoria y generosidad. Y aún me emociono cuando veo que 116 cómicos de la legua forman parte de la guía gastrocómica y que otros lo intentaron o lo quieren intentar. Porque ellos son así: entregados, puros, generosos, inteligentes y disfrutones. Y la guía gastrocómica los retrata mientras yo me felicito cada mañana por formar parte de sus vidas. Gracias.

La Guía gastrocómica de María Díaz se presenta hoy en la Sala Mirador de la calle Doctor Fourquet, Madrid a las 12:00 del mediodía