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Mi pueblo es el mejor, ¿mi pueblo "first"?

24/01/2017 07:22 CET | Actualizado 24/01/2017 07:22 CET

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Foto: NASA

Vivimos en un pequeño planeta que se desplaza por el espacio a más de cien mil kilómetros por hora (100.000Km/h), todos vamos en esta pequeña nave, ¿por qué no conseguimos ponernos de acuerdo para vivir en paz?

La desigualdad social, que aumenta y disminuye cíclicamente a lo largo de los años, pero que se mantiene en el tiempo, hace crecer los movimientos nacionalistas bajo la sospecha de que el enemigo del bienestar viene de fuera. Pero otros seres humanos en condiciones precarias, buscando sobrevivir o vivir dignamente, no son la verdadera amenaza de la sociedad del bienestar. Los de fuera se convierten en sospechosos, en enemigos, cuando los de dentro ya tienen dificultades para salir adelante.

El cáncer humano, la lucha por el poder

Las luchas por el poder, por la hegemonía frente a otros, dan al traste con la economía, ya sea en forma de enfrentamientos bélicos entre naciones, corrupción en los gobiernos o búsqueda de ganancia egocéntrica entre grupos económicos.

Con excusas religiosas o ideológicas, con el nacionalismo por bandera o la xenofobia como estrategia, incluso con discursos sociales huecos y falaces, las luchas por el poder son las que impiden un consenso general y un bienestar global. Esto vale para todos los partidos y tendencias políticas o económicas.

Un ejemplo reciente es el nuevo presidente electo Donald Trump, que promete devolver el poder al pueblo, y lo primero que hace son recortes sociales a los más desfavorecidos... ¿A qué pueblo se refiere?.

¿Cómo va lo mío? Yo, yo, yo...

Luchar unos con otros por conseguir que el propio pueblo sea el mejor, o la región, o nación o cultura, es fruto de una percepción estrecha de la realidad, de ideas parciales y confusas que nos dividen y separan. El nacionalismo, inevitablemente, perjudica, incluso económicamente. Sin tantas guerras ni luchas, hace tiempo que el bienestar global sería un hecho.

Todos los seres humanos buscan sentirse seguros, pero el temor al futuro hace que luchen entre sí, en lugar de colaborar. Tenemos una responsabilidad como raza humana, sacar adelante este planeta y la vida en él, incluida la nuestra. Para ello debemos aprender a valorar el bien común, que incluye el bien personal sin excluir el de los demás. Si cada uno lucha por conseguir que su patio, su pueblo, su comarca, su país..., sea mejor que el de los demás, no seremos capaces de salir adelante como humanidad. La lección a aprender es dejar de competir y comenzar a colaborar.

La lucha de poder surge de la búsqueda psicológica de seguridad

La identificación con un grupo, origen del nacionalismo y la xenofobia, da una falsa sensación de seguridad. Falsa, pues en la identificación con un grupo concreto surgen enemigos psicológicos, los que no pertenecen al grupo. Y con los que se habrá de luchar, tarde o temprano, para preservar los intereses del grupo. En la lucha no hay colaboración ni, por tanto, seguridad.

Sólo aprendiendo a resolver el temor, el miedo, podremos llegar a la colaboración global necesaria para que haya seguridad, estabilidad y prosperidad para todos, sin guerras ni luchas. No es una utopía, ya ocurre cuando hay una catástrofe humanitaria, falta extenderlo a la vida cotidiana, incluida la económica.

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