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La morosidad

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El pasado viernes 17 conocimos que la morosidad alcanzó el 9,42% en junio de este año, superando el máximo histórico que se registró en 1994 (9,15%), lo cual parece que no son buenas noticias. Pero... ¿Por qué nos preocupa este dato? ¿Qué implicaciones tiene para las familias, empresas y para las entidades financieras?

Lo que normalmente leemos en prensa como "ratio de morosidad" es el cociente de los créditos morosos y dudosos entre el total del crédito concedido. Por tanto, esta ratio puede aumentar por dos motivos: (i) incremento de los créditos morosos y dudosos y (ii) reducción en el saldo del crédito.

¿Qué es un préstamo moroso? En lenguaje financiero, normalmente, un crédito se convierte en moroso cuando la persona o empresa titular del préstamo se pasa más de 90 días sin abonar sus cuotas. Hasta ese momento, tan sólo es considerado como un crédito con retrasos y no tiene mayores efectos para el banco. ¿Y un préstamo dudoso? Un préstamo se considera como dudoso cuando, aun no teniendo incumplimientos, existen grandes riesgos de que no se pueda cobrar.

¿Cómo afecta la morosidad en las entidades financieras? Básicamente por tres vías:

(i) Se dejan de percibir los intereses, lo que reduce los ingresos.
(ii) Se deben reconocer pérdidas (dotaciones). Por normativa, se deben reconocer pérdidas, que conocemos como "dotación por deterioro de activos", a través de la cuenta de resultados. Estas dotaciones dependen del valor de las garantías: a mayor valor de las garantías, menor necesidad de reconocer pérdidas.
(iii) Se deben afrontar los costes de recuperación. Normalmente, existen una serie de gastos en los que las entidades incurren cuando tienen que intentar recuperar los préstamos que se hicieron y que han entrado en morosidad: abogados, analistas, tasaciones, entre otros.
Por tanto, debido a que, para cualquier entidad financiera, la morosidad es algo perjudicial, generalmente existe un equipo encargado de minimizar su efecto negativo. Una de las prácticas que suelen llevar a cabo para ello es la reestructuración o refinanciación de deuda, la cual consiste en modificar las condiciones del préstamo ampliando los plazos, reduciendo las cuotas, e incorporando nuevas garantías, entre otros elementos. Otras prácticas que se han realizado buscando reducir el efecto negativo de la morosidad es quedarse con el inmueble que hace de garantía o con otro inmueble a cambio del pago total o parcial de la deuda.

¿Qué repercusión puede tener entrar en mora para alguien que tiene un crédito?
Cuando alguien es calificado como moroso queda "estigmatizado". Es decir, se incluye en registros, a los que pueden acceder entidades financieras y empresas privadas antes de otorgar nueva financiación, en los que consta que tiene impagos en sus créditos. Uno de estos registros es la Central de Información de Riesgos del Banco de España (CIRBE) . Por tanto, antes de concedernos una hipoteca o que unos grandes almacenes nos financien la compra de un ordenador, con total seguridad nuestra "historia financiera" será examinada para ver si existe riesgo de que no paguemos.

Para dejar de ser moroso, y de figurar en estos registros, habrá que atender a los compromisos de pago pendientes, así como a los intereses que por el retraso se hayan generado. En caso que no se devolviera el dinero, apareceremos en estas "listas negras" durante 6 años desde la entrada en mora, lo cual perjudica la posibilidad de obtener nueva financiación.

Como hemos visto, entrar en mora afecta negativamente tanto a las entidades (menores ingresos, mayores dotaciones y costes de recuperación) así como a las personas físicas, que son "marcadas" en esos registros de morosos y pueden dificultar el acceso a la financiación en el futuro.

 

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