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Acabemos con el paludismo para siempre

22/04/2016 07:38 CEST | Actualizado 22/04/2016 11:30 CEST
REUTERS

Desde que en 1887 Ronald Ross describiera el ciclo de le enfermedad en los mosquitos y fuera galardonado por ello en 1902 con el premio Nobel de Medicina, la malaria (mal airia: mal aire) o paludismo (paludis-ismo: enfermedad del pantano) constituye la enfermedad parasitaria que provoca más muertes en el mundo, siendo la mayoría en niños menores de cinco años. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en 2015 hubo 214 millones de casos de paludismo en todo el mundo, y que unas 438.000 personas murieron a causa de la enfermedad -aunque se estima que son de 1,5 a 3 millones-, la mayoría de ellas niños menores de cinco años en África subsahariana, aunque en tono positivo debo añadir que la incidencia de casos de malaria ha disminuido un 30% y la mortalidad se ha reducido en un 60% y en un 65% en niños menores de 5 años, y 10 son los países libres de malaria -continua siendo endémica en 97 países- según datos de la OMS.

Pero, detrás de las estadísticas y gráficas se esconde una tragedia grande e innecesaria: la malaria todavía arrebata la vida de un niño africano cada minuto

La malaria se trasmite por la picadura de un mosquito hembra del género Anópheles, y cinco son los parásitos que la provocan, unos protozoos del género Plasmodium, P. falciparum, P. vivax, P. ovale, P. malariae, y P. knowlesi. Entre ellos, P. falciparum y P. vivax son los más frecuentes, siendo falciparum el más peligroso, con tasas de complicaciones y mortalidad elevadas. La malaria provoca un síndrome febril agudo de varios días de duración y, según las diferentes especies que lo originan, pueden aparecer complicaciones, como afectación del sistema nervioso central, insuficiencia renal, distress respiratorio, etc.

Medidas de control: solo un 36% de la población del África subsahariana duerme bajo mosquiteras

La prevención de la infección se realiza desde varios frentes, siendo el uso de mosquiteras tratadas con insecticidas (MTI) la intervención que más casos ha reducido, seguida de los tratamientos combinados basados en la artemisinina (TCA) y la fumigación de interiores con insecticidas de acción residual. Estas intervenciones han evitado -desde el comienzo de este siglo- más de 6 millones de muertes. Farmamundi, que defiende desde hace más de 20 años el acceso global a los medicamentos, suministra mosquiteras y medicamentos para programas de prevención y tratamiento de la enfermedad.

Aun así, solo un 36% de la población del África subsahariana duerme bajo mosquiteras tratadas, habiendo todavía regiones con menos de un 6% de MTI, siendo que éste es el método más altamente eficaz y más barato. Además hay que tener en cuenta que pierden eficacia entre los 3 a 5 años por lo que hay que sustituirlas.

Diagnóstico: avances importantes pero poco eficaces en países en vías de desarrollo

No quería dejar pasar este apartado, alrededor de 500 casos de malaria importada se diagnostican y tratan en nuestro país en viajeros que no han tomado profilaxis antimalárica, los avances en este campo han sido muy importantes, PCR, ELISA o test de diagnóstico rápido, pero muy poco eficaces en países en vías de desarrollo, por falta de recursos, lo que hace que la mayoría de los diagnósticos en terreno, se efectúe por sintomatología y se traten sin tener la certeza absoluta.

Tratamientos asequibles

Otra realidad alarmante, los medicamentos eficaces en países desarrollados, no son accesibles a la población de países en vías de desarrollo y son las mujeres embarazadas el grupo particularmente más vulnerable a la infección. Se estima que cada año se producen 10.000 muertes de madres, y entre 75.000 y 200.000 de niños menores de un año en el África subsahariana. Lo cierto es que la medicación es increíblemente barata: una dosis cuesta 12 céntimos y proteger a una mujer durante todo el embarazo cuesta menos de 50 céntimos.

Entonces, ¿porque 28.000 millones de recién nacidos y madres no reciben tratamiento?

Aún queda mucho por hacer

Pese a estos avances, quedan retos importantes por afrontar. A nivel mundial, unos 3.200 millones de personas --casi la mitad de la población del planeta-- están en riesgo de contraer malaria. Sigue habiendo millones de personas sin acceso a los servicios necesarios para prevenir y tratar esta enfermedad. En 2014, aproximadamente una tercera parte de la población del África subsahariana en situación de riesgo, vivía en hogares carentes de la protección brindada por las mosquiteras o la fumigación con insecticidas de acción residual, esto se está subsanando pero a medida que disminuye la carga mundial del paludismo, van surgiendo nuevos desafíos por la rápida evolución y propagación de la resistencia a los insecticidas y a los fármacos.

Futuro: la vacuna RTS,S

La vacuna RTS,S que será comercializada con el nombre de Mosquirix ®, investigada por Pedro Alonso para GSK, está en la última fase de aplicación habiéndose administrado ya 3 dosis de la misma en 16.000 niños de entre 6 a 12 semanas y de 5 a 17 meses, siendo la cuarta dosis la más efectiva teniéndose que administrar a los 18 meses de la última por lo que se prevé no llegue a todos los niños ya vacunados. Por ello la OMS ha propuesto -antes de su comercialización realizar entre 3 a 5 ensayos piloto en 1 millón de niños, con lo que así podría estar lista dentro de 2 a 5 años con una cobertura del 27% en los bebes y de un 39% en los niños. No será la solución, pero junto con las MTI y los insecticidas, la Asamblea Mundial de la Salud estima que en los próximos 15 años -2030- la malaria entre en fase de desaparición en todo el mundo.