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En el nombre de Messi

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Omar al- Bashir, presidente de Sudán.

Por un lado, tenemos a Omar al-Bashir. Militar de carrera, al-Bashir tomó el poder del Sudán por medio de un golpe de estado en 1989, deponiendo así al entonces presidente y al primer ministro. Posteriormente, encabezó la reforma que dividió el Consejo de Mando de la Revolución y en 1993 fue nombrado presidente.

Diez años después de ser nombrado presidente, encabezó la lucha armada en la región de Darfur. Los rebeldes del Movimiento de Liberación del Sudán y el Movimiento de Justicia e Igualdad se enfrentaron al gobierno ante la situación de opresión sufrida por las poblaciones no-árabes en la región. El gobierno respondió con ataques indiscriminados -especialmente por medio de milicias janjaweed- que llevaron al aniquilamiento sistemático de población no árabe y al genocidio.

Esto planteó la atención de la comunidad internacional y la situación fue examinada por el Consejo de Seguridad, que solicitó a la Corte Penal Internacional (CPI) investigar la situación. Después de años de investigación, al-Bashir fue acusado formalmente en 2009 de crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y en 2010 de genocidio. Sin embargo, permanece prófugo de la CPI, desarrolla libremente su vida pública e incluso ha realizado visitas oficiales a otros Estados.

Para darnos una idea, según Amnistía Internacional el conflicto en la región de Darfur provocó el desplazamiento de unas 223.000 personas de sus hogares durante 2015, con lo que el número total de personas internamente desplazadas se elevó a 2,5 millones. A pesar de estas atrocidades, aún no ha habido anuncios ni medidas relacionadas con la investigación y el enjuiciamiento de estas violaciones masivas de derechos humanos o delitos a nivel local, ni colaboración a nivel internacional con la Corte Penal Internacional.

Por otra parte, tenemos a Lionel Messi quien en 1989 -año en que al-Bashir dio el golpe- tenía solo dos años y vivía en Argentina, país aún convaleciente de la hiperinflación. Lionel vivía con toda su familia en la ciudad de Rosario, cuna también del Che Guevara y de Norberto Fontanarrosa y seguramente, ya pateaba porque... ¡vamos! Emociona ver los vídeos de un pequeño Messi con la casaca de Newells Old Boys esquivando y metiendo goles. Una pulga sin límites. El resto lo conocemos todos: sus problemas de crecimiento y los dirigentes que no ayudan, la aparición del Barcelona y la mudanza salvadora a España, tratamiento y una vida dedicada a lo que más le gusta: el fútbol. Deliramos cuando lo vemos en el estadio: se engrandece, se agiganta con cada partido. Parece que no utiliza botines, sino guantes en sus pies o que tiene atado el balón, quien sabe.

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Y Messi -tal como sucedió con Maradona- no tiene límites y en rincones alejadísimos de Rosario se le venera y se convierte -sin quererlo- en un embajador del fútbol, de Argentina y del Barcelona. No importa en qué país estemos los argentinos, las chances de que sepan dónde está el país son ínfimas, pero casi siempre saben que somos del mismo país que Lionel Messi y eso conlleva, casi irrefutablemente, a alguna sonrisa de nuestra contraparte. Su vida inunda revistas: todos quieren saber qué hace y cómo es.

Lionel trata de no decir mucho, pero sus fans saben qué le gusta. En cambio, con al-Bashir no pasa lo mismo. Sino más bien lo contrario. De lo poco que se sabe, es que le gustan las alturas y que solía ser experto paracaidista . Y hace poco descubrimos que además es fanático de Lionel Messi.

Ese fanatismo por Messi le llevó a cometer un ¿error? terrible : una supuesta representante de Messi y del Barcelona se presentó el Khartoum y dijo llevar una casaca firmada de regalo para el Presidente. El supuesto encargo y la supuesta representante burlaron la seguridad del Presidente y llegó a estar frente a frente (¡y hasta fotos sonriendo!) con el temido al-Bashir.

Al estallar el escándalo, el Club Barcelona habría negado haber enviado la casaca firmada, lo mismo habría hecho el representante de Messi. Pero no quedó ahí: ahora el gobierno sudanés niega haber sido engañado, pero la supuesta representante de Messi ya voló y es historia.

Más allá del escándalo que esto es para Sudán, quiero aprovechar la oportunidad para invitar al presidente del Sudán a que vaya y conozca a una compatriota de Messi que vive en La Haya y seguramente le puede conseguir una casaca firmada. Se llama Silvia Fernández de Gurmendi y resulta ser la presidenta de la Corte Penal Internacional. Ella seguramente está esperándolo y le garantizará todas las medidas del debido proceso.