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Propuesta de acuerdo para Catalunya

03/10/2017 07:24 CEST | Actualizado 03/10/2017 09:06 CEST
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Catalunya está sumida en un laberinto, en un callejón sin salida, del que todo el mundo parece querer eximirse de culpas y responsabilidades. Un fracaso de la política, de nuestro actual modelo de convivencia, que costará años sanar; un fracaso, en definitiva, del diálogo y de la palabra, que deja así el camino libre a la sinrazón y a las vísceras.

Es terrorífico comprobar cómo la violencia generada por unos y otros deja a Catalunya sumida en una desesperación de la que le costará salir. Es desolador comprobar cómo el independentismo ha conseguido inocular el odio y la mentira en los catalanes y cómo el Gobierno de Rajoy ha decidido que lo que ofrece a Catalunya es la desesperanza y el abandono.

Lo que vivimos en día 1 de octubre en Catalunya fue un acto de perversión de la democracia, un acto de pornografía democrática. Los independentistas han devaluado el significado simbólico de una urna, lo han prostituido; han hecho del derecho al voto una suerte de espectáculo circense en el que todo valía: votar cuatro o cinco veces, un censo universal, niños votando... El Govern ha devaluado el derecho al voto dejándolo a la altura de los dos referéndum franquistas.

Es peligroso que la ciudadanía crea que el derecho a votar está por encima de la legalidad, es pernicioso que los dirigentes políticos los arenguen a seguir este pensamiento y es mortal para la democracia misma ver a ciudadanos defender que ellos tienen más derechos que el de enfrente. Ver a niños envueltos en banderas me recuerda lo peor del siglo XX, y ver a sus padres orgullosos de envolverlos en esas banderas me confirma que el ser humano tiende a volver a la tribu con demasiada facilidad.

Yo confío en que hay millones de catalanes que están deseando votar las bases de un nuevo acuerdo de Estado en el que todos encajemos, en el que todos cedamos y acordemos.

Llegados a este punto, en el que el Gobierno del Rajoy tiene una indudable responsabilidad política y el Govern de la Generalitat tiene otra indudable responsabilidad, además de política, criminal, va siendo hora, de una vez por todas, de aportar soluciones. Ante una Declaración Unilateral de Independencia seguramente no quede más remedio que aplicar el artículo 155 de la Constitución: será si no imposible dialogar con un Gobierno que subvierte sistemáticamente el orden constitucional. Los responsables y dirigentes independentistas tendrán que hacer frente a las consecuencias naturales de sus actos. Pero a mí lo que más me preocupa es la fractura social de Catalunya.

El pueblo de Catalunya merece la oportunidad de votar en un referéndum de acuerdo, no de ruptura. Las fuerzas políticas deben ponerse urgentemente a trabajar para ofrecer al conjunto de los ciudadanos españoles una propuesta de acuerdo territorial que sea lo más inclusiva posible; una propuesta de reforma de la Constitución para transformar España en un estado federal; una propuesta que tendría que ser votada en referéndum por todo el conjunto de la soberanía nacional, también por los catalanes. Es así cuando daríamos la oportunidad al pueblo de Catalunya de votar para acordar, no para romper. Hasta la fecha al pueblo de Catalunya solo se le ha ofrecido desde el Govern de la Generalitat una propuesta de ruptura, y desde el Gobierno de España el inmovilismo más absoluto. Ofrezcámosles pues una votación para el acuerdo.

Yo confío en que hay millones de catalanes que están deseando votar las bases de un nuevo acuerdo de Estado en el que todos encajemos, en el que todos cedamos y acordemos. No despreciemos tan rápido el poder del acuerdo y de la palabra. Demos la oportunidad de que Catalunya vote, junto al resto de España, un nuevo acuerdo. Y sólo en el caso de que en ese hipotético referéndum Catalunya votara que no, deberíamos plantearnos ofrecer otro tipo de votación. Pero hasta entonces, trabajemos para que los catalanes tengan la oportunidad de votar sobre una propuesta de acuerdo de reforma constitucional en un sentido federal que no les ha sido ofrecida ni por el independentismo ni por el Gobierno de España.

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