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Te quiero, amiga

10/04/2017 09:24 CEST | Actualizado 10/04/2017 18:16 CEST

EFE

ACLARACIÓN: no va a ser esta carta una carta política. Es una carta escrita desde el respeto, desde el corazón, desde la amistad. Que es lo único que ha importado siempre.

No hay palabras para describir tanto dolor. Te fuiste, amiga, demasiado pronto, demasiado viva. Nos dejas aquí un mar de sonrisas, de alegría, del privilegio de la vida; nos dejas tanto y tan bueno que es difícil pensar que no regresará.

Estuvimos cenando juntos hace apenas diez días, en tu casa, y te vi, amiga, más feliz que nunca, más relajada, más serena, más acorde con la vida misma. Estuvimos riendo, departiendo, regalándonos afecto y qué lejano queda todo ya. Recuerdo que en un momento te cogí de la mano para contarte no sé qué tontería a cuento de este partido nuestro, e inmediatamente pusiste tu mano sobre la mía, en un gesto de un afecto infinito, en un intento de decir que estábamos en lugar seguro, que no era otro que el de nuestra amistad.

Tengo el alma rota, Carme. A todos se nos ha ido una gran política, una gran socialista, pero a mí se me ha ido también, y sobre todo, una buena amiga, una amiga leal y honesta. Un ser excepcional que no podré olvidar. Aún recuerdo tu último abrazo. Aún puedo leer una de nuestras últimas conversaciones en WhatsApp, "Te quierooooo!!" me decías, y te correspondía. ¡Cuánto más te tenía que haber dicho que te quería! ¡Ojalá hubiese sido tan generoso como tú en declarar mis afectos!

No puedo imaginar cómo será lo que queda de vida sin ti, Carme, pero sí sé lo que has llenado la vida de los que te queríamos.

Ahora solo puedo pensar en ti, en todo su amplio sentido; en todo lo que tú eres y eras, en toda tu luz, que era mucha, en todos tus gestos y actos. Has sido, Carme, una persona excepcional, un ser luminoso y leal.

No puedo evitar pensar en tu madre, en tu hermana y tu hijo, Miquel. A Miquel, en esta última cena nuestra, le prometí que en la siguiente cena tocaríamos el piano a cuatro manos, y es una promesa que pretendo cumplir, amiga.

Así eres tú, Carme, generosa, disfrutona, y feliz. Eras feliz, amiga. Y ese es el mejor legado que nos dejas a los que te queríamos; tu ejemplo, tu recuerdo, tus afectos, son indelebles en mi corazón. No puedo imaginar cómo será lo que queda de vida sin ti, Carme, pero sí sé lo que has llenado la vida de los que te queríamos.

Gracias por el último libro que me regalaste, gracias por las cenas, por las risas, y los bailes; nos hubiera faltado bailar una última sevillana y tomarnos un último vino, pero hazlo tú por mí, amiga, que a mi me duele el alma de no tenerte. Te quiero, Carme, amiga.

"Oscuridad con los ojos abiertos. Luz con los ojos abiertos. Luz con los ojos cerrados. El cuadrante de la vida."

Milan Kundera. La Inmortalidad

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