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Teocracia y sofismas del feminismo inútil

23/06/2017 07:30 CEST | Actualizado 23/06/2017 07:30 CEST

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Antes de practicar la censura, vuelvan a leer el título de este artículo. Mis profundas convicciones progresistas y feministas me llevan a intentar explicar, desde el respeto y la libertad, en qué consiste esto del feminismo inútil y que nada tiene que ver con el movimiento feminista en su conjunto.

Del mismo modo que existe una izquierda inútil con una incapacidad manifiesta para ganarle a la derecha pero que al mismo tiempo impone un discurso único con tintes de verdad revelada, existe también un feminismo inútil que, agarrado también a las tablas de la ley, ejerce su teología con apología incluida del desprecio por uno de los derechos fundamentales: el de la libertad de pensamiento. Disentir de los dogmas que secretamente deciden, y que pretenden imponer desde atalayas bien alejadas de la razón y del debate sereno, es asegurarse uno el insulto, el desprecio a las ideas. Este feminismo inútil está, en definitiva, haciéndole el juego al heteropatriarcado, y éste se regodea con los mantras de tan tamaña inutilidad.

Este feminismo también invisibiliza, de un modo consciente, a las mujeres que disienten de sus dogmas; las llama alienadas con el heteropatriarcado, las desprecia. Una mujer que no apueste por la construcción de esta teocracia es, para este feminismo, una mujer indigna de su sexo. Como cualquier dogma, como cualquier ortodoxia o religión, este feminismo pretende ejercer el poder sobre el resto de las mujeres con los mismos métodos que lo ha hecho el heteropatriarcado de toda la vida: controlar lo que está bien o no de cintura para abajo, controlar cómo puede o no puede vestirse una mujer.

Para este feminismo patriarcal e inútil, si una mujer está a favor de la gestación subrogada no es una mujer feminista de verdad; si una mujer lleva tacones, se maquilla, o le gusta bailar encima de una barra de discoteca es, seguramente, víctima de años de heteropatriarcado, y por tanto, no se comporta como una buena feminista. Y es después de que este feminismo humille a las mujeres que disienten de sus tablas sagradas, cuando les propone un camino de salvación, un modus operandi con el que redimirse y abandonar el mal; es decir, este feminismo inútil, juega, como el patriarcado de toda la vida, a infundir culpa, y a proponer una vía de redención de la misma. Monoteísmo y patriarcado de toda la vida. Religión, naftalina y podredumbre intelectual.

Ser feminista es apostar por la igualdad real, es crear espacios de colaboración y de seguridad; ser feminista no es usar la violencia, no es agredir verbal o físicamente al que piensa distinto.

Cuando un hombre feminista disiente de sus dogmas, optan por una vía distinta para ejercer su poder e intentar imponer su dogma: el intento de ridiculización, el desprecio y el odio; todo, como ven, elementos nada patriarcales. Hace pocos días, por mi defensa de la gestación subrogada, y en vista de que este feminismo inútil me imputaba delitos de proxenetismo y tráfico de menores, me vi obligado a denunciar, y la respuesta de este feminismo ante mi denuncia, que hice pública, fue el intento de ridiculizarme, con hechos, por ejemplo, como difundir un Superman llorando. Como ven, este feminismo inútil, ridiculiza a hombres que lloran o lo pasan mal; como ven, este feminismo inútil quiere perpetuar, como el patriarcado más atávico, que un hombre que llora es un hombre ridículo. Un feminismo que perpetúa los roles machistas es un feminismo inútil.

Feminismo inútil de púlpito y rebaño que crea espacios de confort para elevar su propia estupidez hasta el límite de su capacidad censora. Feminismo inútil porque no construye progreso, porque no empodera a las mujeres; feminismo que perpetúa con su silencio la homofobia manifiesta, que contribuye al rol sacrosanto de lo femenino, feminismo interesado en perpetuar el bestialismo de lo masculino. Ese Feminismo inútil que destruye el progreso es el que combato desde la razón y la libertad.

Ser feminista es apostar por la igualdad real, es crear espacios de colaboración y de seguridad; ser feminista no es usar la violencia, no es agredir verbal o físicamente al que piensa distinto. Ser feminista es, sencillamente, apostar por el empoderamiento y la libertad de todas las mujeres, de cada mujer. Los hombres tenemos un papel fundamental en esta lucha, aunque al feminismo inútil no le guste; los hombres tenemos que ser conscientes de nuestros privilegios por el hecho de ser hombres y renunciar a ellos, debemos apostar por una defensa de una masculinidad nueva, muy a pesar de este feminismo inútil, en la que los Supermanes lloren, en la que no se ridiculice a los hombres por sufrir; una masculinidad, en definitiva, alejada del patriarcado y por ende también de este feminismo inútil para el progreso y útil para el heteropatriarcado.

Los fanatismos que más debemos temer son aquellos que pueden confundirse con la tolerancia.

Fernando Arrabal