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Mido 1,67, peso 44 kg y estoy bien, gracias

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PHILIPPINES
Marie-Paola Bertrand-Hillion
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A los 27 años, es hora de expresar lo que pienso, lo que siento y lo que vivo cada día. El pasado mes de agosto cayó la gota que colmó el vaso. Me preguntaron, como me suelen hacer, cuántos años tenía y supusieron que tendría "16 o 17 años". ¿Cómo pueden mirarme y quitarme 10 años de encima?

¿Cómo puede pensar la gente que me gusta parecer mucho más joven de lo que soy cuando, en realidad, eso sólo me recuerda que tengo el aspecto de una adolescente y no el de una mujer? Al contrario, los que me animan a "aprovecharme" de esta "suerte" no me entienden. Quiero ser normal, pero nunca lo soy, siempre estoy delgada, soy así, no hago nada para perder peso, hago todo lo que puedo para engordar, pero no lo consigo. No defiendo a capa y espada la delgadez, defiendo el respeto a los demás.

Felicitamos constantemente -en la prensa, en las películas, en los blogs y en el día a día- a las personas con curvas, pero solemos olvidar a los que sufren por culpa de la delgadez en una sociedad que prioriza el físico por encima de todo. Hemos leído muchos artículos en revistas femeninas sobre cómo perder peso, pero nunca hemos visto artículos sobre cómo engordar. Por eso, quiero contar lo que implica estar muy delgada en una sociedad en la que eso no gusta. Significa escuchar expresiones como "raquítica", "esquelética", "anoréxica", "seguro que comes poquísimo", "¿es que no comes nada o qué?", "¿te provocas el vómito?", "¡qué delgada!", "tienes que comer", "me preocupas", "¿has adelgazado?", "¿de verdad crees que necesitas ir al gimnasio?" a la cara o a mis espaldas. A eso hay que sumarle las miradas de arriba a abajo por parte de conocidos, desconocidos e incluso médicos.

Cuando llegué a París hace 3 años y medio, no conocía a ningún médico, así que fui al médico de cabecera porque tenía anginas, pero la doctora no me dejó salir de su consulta sin que le diera el teléfono de mi médico habitual porque estaba demasiado delgada como para estar sana. Unas semanas después, mi tutor me preguntó con disimulo "Oye, ¿has comido bien?" ¿Cómo? ¿Es que ser flaca sólo puede significar que estoy enferma? ¿O anoréxica? Si piensas que sí, ya te digo yo que no. Las personas que parecen delgadez extrema se merecen apoyo y comprensión, no todo lo contrario: es una enfermedad grave muy incomprendida. Pero también existen personas como yo que tienen un metabolismo rápido y que tienden a padecer ansiedad, cosa que provoca que el cuerpo consuma los nutrientes rápidamente. Es así y yo no puedo hacer nada.

Siempre he sido la más bajita de la clase, la más delgada, la más frágil, la que más tardó en desarrollarse... La transición a la adolescencia fue prácticamente inexistente, pero, cuando pasaron los años y llegué a una educación superior, todo cambió. A mis nuevos amigos y a los demás estudiantes les daba igual y eso estaba genial. Por fin no me sentía diferente. Nadie miraba cuánto comía. No tengo ningún problema con la comida, de hecho, me encanta comer. Durante mucho tiempo, no prestaba atención a la calidad, sólo me importaba el sabor, así que comía mucha comida industrial. Utilizo los verbos en pasado porque, hace 2 años, tuve un problema de salud muy absurdo por culpa de la ortodoncia y, a consecuencia de ese problema, empecé a sufrir acidez por culpa del estrés. Antes de descubrir que mis problemas los provocaba la ortodoncia, pasé 5 meses con la garganta completamente bloqueada (sufrí una serie de contracciones musculares que provocan una alteración en la deglución: disfagia).

Estar muy delgada significa escuchar expresiones como "raquítica", "esquelética", "anoréxica", o "¿es que no comes nada o qué?"

Bajé de peso drásticamente. Lógicamente, no hay reservas cuando se está muy delgado. Mi médico de ese momento me llegó a decir que parecía "una prisionera de un campo de concentración al borde de la muerte". ¿Cómo se le puede decir eso a una chica de 25 años que ni se reconoce a sí misma y que no sabe qué le ocurre? Después de ver a media docena de médicos, finalmente se descubrió que el aparato podría ser el causante de todo el problema. ¡Bingo! Sin embargo, persistieron los problemas estomacales ajenos al asunto del aparato. Cansada de tomar medicamentos fuertes que no funcionaban, he descubierto el maravilloso mundo de la medicina alternativa y le doy las gracias a mi naturópata parisino por haberme enseñado a cambiar la alimentación. En menos de 3 meses, mis problemas se resolvieron progresivamente.

Obviamente, cuando ahora digo que ya casi no como carne y que ya no tomo productos lácteos porque prefiero las verduras, los cereales, las legumbres y las proteínas vegetales, la gente me mira con los ojos como platos y no duda en decirme: "Seguro que por eso estás tan delgada". Error. Estoy subiendo de peso poco a poco desde que empecé a comer más sano (nótese que no he dicho que comer sano engorde, digo que equilibra el cuerpo) y, sobre todo, me siento más llena de energía, con la piel mejor y con menos molestias en el aparato digestivo. Sin embargo, este problema ha minado mi autoestima y me ha hecho retroceder en el camino hacia la autoaceptación.

Hoy en día, aunque mi salud sea mejor, me sigo obsesionando con mi cuerpo de adolescente, simplemente porque las miradas y las palabras de las personas insensibles me lo recuerdan constantemente. Por culpa de la sociedad, en cuanto se presenta la oportunidad, se critica sin saber. Todo se mezcla. Todo el mundo entra en el mismo saco. La ministra de Sanidad francesa tiene prejuicios contra la gente como yo. Querer prohibir la contratación de modelos con un peso inferior al adecuado basándose en su IMC es un error garrafal. ¿Por qué hay que fiarse del IMC? Hay tantas dinámicas de peso como personas en el mundo. ¿Por qué hay que diferenciar a las personas por eso? Según mi IMC, tengo "delgadez severa", se me notan las costillas y la columna vertebral y, aun así, no tengo ninguna carencia ni ningún tipo de anemia. Estoy perfectamente.

La cantidad de comida que hay en mi plato es igual que la de mi novio que pesa 85 kg. ¿Difícil de creer? Os invito a comer algún día. Lo peor es que me estoy justificando, pero va a ser la última vez que ocurra. Soy consciente de mi delgadez, me acompleja ir a la playa o a la piscina, evito llevar camisetas con la espalda al aire, no voy al baño después de comer con mis amigos en un restaurante por miedo a que piensen que he ido a vomitar y sufro cuando me preguntan si como bien o si me insinúan que no me voy a poder terminar el plato antes de empezar a comer.

A partir de hoy, no me voy a quedar callada ante los comentarios de los demás, tengo que asumir quién soy: tengo 27 años, mido 1,67, nunca he conseguido pasar de mi peso actual (44 kg) y ESTOY BIEN. En vez de criticarme o mirarme con cara de asco, ignoradme o miradme como si fuera una mujer, no una niña. Dejadme VIVIR. Y enseñad a vuestros hijos a respetar a los demás, porque el próximo niño que me llame "anoréxica" en el metro (me ha pasado), me va a oír y no me va a hacer llorar. Gracias.

Este post también se ha publicado en el blog Will You Meet My Fashion Eye

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Este post fue publicado con anterioridad en la edición francesa de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del francés por Irene de Andrés Armenteros.

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