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¿Qué sistema de salud nos quieren vender para España?

25/07/2013 08:15 CEST | Actualizado 23/09/2013 11:12 CEST

Análisis comparativo de los diferentes sistemas de salud europeos

Cuando menos es curioso tener que empezar un análisis sobre los sistemas sanitarios europeos con esta pregunta, pero cuanto más investigas, más cuenta te das de que el sistema sanitario español, pese a tantas críticas, es envidiable, tanto en servicios como en porcentaje de gasto, en comparación a los del resto de países miembros de la Unión Europea, lo que no quiere decir que no sea mejorable. Por todo ello, la lucha por los logros conseguidos y por conseguir en términos de calidad y de cobertura por parte de la población es ahora un reto.

Los sistemas sanitarios nacionales de los diferentes estados miembros de la UE difieren sustancialmente entre sí en lo que se refiere a su estructura de organización territorial, las formas de provisión de los servicios de salud pública o privada y la financiación de estos. De ahí que, para conseguir ahorros permanentes del gasto público sanitario sea necesario combinar medidas a corto plazo del control de gasto, con mejoras dirigidas a aumentar la eficacia, controlando las causas que generan un aumento del gasto en cada país.

España siempre ha gastado un porcentaje de su PIB en el sistema sanitario inferior al de Francia, Portugal, Suiza, Alemania, Austria o Dinamarca, entre otros, con algo más de un punto de diferencia. Pese a todo, como hablar de gasto en el sistema sanitario puede dar la sensación de derroche, mejor llamarlo inversión.

A continuación, detallaremos algunas peculiaridades de países pertenecientes a la UE que creemos importantes para ver cuál puede ser la tendencia reformista en materia sanitaria dentro del estado español.

Francia:

Las entidades territoriales son las encargadas de proporcionar la atención sanitaria y el gobierno financia la totalidad del servicio. En Francia existe copago, aunque este se reduce si acudes a tu médico de referencia. El problema está en que los enfermos con rentas bajas suelen salir perjudicados, lo que genera desigualdades. En general, entre los sistemas que tienen copago cabe destacar la existencia de exenciones vinculadas a los ingresos de la población y para los enfermos crónicos.

A diferencia de Alemania, en Francia el paciente paga la totalidad de la factura médica y más adelante el estado le reembolsa un porcentaje de la misma, lo que ha fomentado que la mayoría de la población tenga seguro privado complementario que le paga la diferencia.

Finlandia:

Se combina la autonomía fiscal con la responsabilidad de proporcionar los servicios, siendo los gobiernos regionales los encargados de equilibrar la balanza.

Italia:

Se ha llevado a cabo una descentralización que combina federalismo fiscal con un sistema de trasferencias de fondos, en función de la eficiencia, controlado por "medidas correctoras".

Por este motivo, existen bastantes diferencias entre el norte y el sur en cuanto a calidad y prestación de los servicios. Gran parte del gasto está cubierto por los impuestos, pero algunos procedimientos son pagados directamente por los pacientes. No obstante, los ancianos con rentas bajas, menores de 36.000 €, las personas con enfermedades raras o crónicas y los discapacitados están exentos de pagar.

Alemania:

Apuesta por la competencia entre las compañías de seguros, lo que constituye un problema para los enfermos crónicos y los ancianos (pacientes que no interesan a las aseguradoras), poniendo en peligro la igualdad en el acceso. Alemania ha creado un único fondo central en el que se acumulan todos los recursos que, al igual que en otros sistemas descentralizados, son después distribuidos entre las distintas compañías. Las aseguradoras reciben un dinero que está fuera de su control, por lo que cualquier dificultad la solventan los ciudadanos pagando una prima.

Reino Unido:

Financiado a través de impuestos, básicamente gratuito en el lugar de asistencia. Tiene la competencia sanitaria trasferida, de modo que cada país que integra Reino Unido tiene su propio sistema sanitario. Está implantado el copago para medicamentos hospitalarios, quedando excluidos del mismo los niños, las personas con bajos ingresos, las embarazadas, los mayores de 60 años y los enfermos crónicos.

En países como Austria, Luxemburgo o Portugal también existe un copago con diferencias en cuanto al pago de algunos servicios y a la cantidad exigida.

España:

Contamos con un sistema sanitario universal y gratuito, financiado con los impuestos y la seguridad social, hecho que repercute directamente en el nivel de ingresos de los ciudadanos. Podemos decir, por tanto, que nuestra sanidad es pública, pero no gratuita, ya que está financiada en su conjunto por la población.

La competencia sanitaria está trasferida a las diferentes comunidades autónomas y ahora, en plena crisis, ha estallado el debate de si esto es un error, dadas las diferencias notables entre las autonomías, lo que provoca que haya algunos que defiendan volver al antiguo Insalud. Una gran mayoría entiende que esa no es la solución y que esta radica en la creación de un órgano de control que garantice un mínimo de igualdad en todas las autonomías.

En cuanto a los medicamentos, se paga un porcentaje dependiendo de la edad, el nivel de ingresos y si eres o no enfermo crónico.

En lo relativo al sistema farmacéutico, los gastos en medicamentos se sitúan en torno al 20% del gasto público. A día de hoy, en gran parte de los países europeos existen los llamados "precios de referencia": el estado aconseja o fija el precio al que el producto ha de salir al mercado, como por ejemplo en España dónde hay una comisión de precios que es quien designa el valor con el que sale al mercado y si un producto sanitario no pasa por dicha comisión no podrá ser comercializado. Alemania ha sido el último país miembro en instalar un sistema parecido.

Como conclusión, se trata de organizar mejor los procesos y las formas de trabajar para resultar más eficaces y eficientes. Este tipo de reformas son las que han llevado a cabo países como Holanda o Islandia, que van camino de ser los futuros ejemplos en materia sanitaria. Por el contrario, en España predominan, en ocasiones, los criterios político-partidistas sobre los genuinamente políticos y técnicos; además, hay un déficit de transparencia muy importante, con las perniciosas consecuencias que ello tiene desde distintos puntos de vista, incluido el democrático.

En realidad, en España para mejorar los resultados de salud bastaría con mantener el gasto constante, siempre que además se produjese una mejora en la eficiencia y un mayor control del derroche farmacéutico. A tal efecto, se ha demostrado que las medidas más eficaces para controlar el gasto son la involucración de los gobiernos autonómicos competentes en la toma de decisiones, pensando siempre en el beneficio del usuario, y la inclusión del tope presupuestario. No es necesaria la privatización o el copago, que, por otro lado, rozan la inconstitucionalidad, al convertir a la sanidad en una moneda de cambio, susceptible de generar discriminaciones odiosas entre clases sociales y pacientes sanos y enfermos crónicos, que verían mermados sus ingresos de manera considerable. Por lo tanto, lo que interesa es seguir manteniendo las ventajas del sistema español y tomar las decisiones necesarias para garantizar un modelo más eficaz, ajeno a intereses político-partidistas espurios.

Nº 87 Revista Entre Todos

Asociación de Diabéticos de Madrid