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Para este viaje no hacían falta alforjas

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La ministra de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, Isabel García Tejerina, a su llegada al Palacio de la Moncloa para el primer Consejo de Ministros. EFE

Tras conocer la nueva composición del Consejo de Ministros, sin duda el medio ambiente es un gran olvidado. Nada que me haya sorprendido viendo cómo acabó la última legislatura no fallida. Está por ver qué oportunidades ofrece la nueva aritmética parlamentaria y qué papel van a jugar el PSOE, Ciudadanos y Podemos. De momento, la agenda ambiental brilla por su ausencia entre las prioridades de los principales líderes políticos.

Ni Ministerio de Medio Ambiente, ni mucho menos Vicepresidencia de la Sostenibilidad, ni las caras nuevas, ni las conocidas permiten vislumbrar cambios de entidad en la nefasta política ambiental aplicada en los últimos años.

Qué menos que el primer Consejo de Ministros ratifique el acuerdo climático de París; qué menos dada la vulnerabilidad de España a los efectos del cambio climático, y a no más tardar en el segundo, que derogar el real decreto de autoconsumo energético, presente en el acuerdo con Ciudadanos.

La prioridad medioambiental en los próximos cuatro años y en los siguientes pasa por no superar los 1,5 ºC de temperatura global y detener la degradación y pérdida galopante de biodiversidad.

Los próximos cuatro años y los siguientes cuatro y los siguientes van a estar marcados por dos prioridades medioambientales ineludibles y urgentes dada su dimensión: no superar los 1,5 ºC de incremento de la temperatura global y detener la degradación y pérdida galopante de biodiversidad.

La primera prioridad está íntimamente ligada al modelo de desarrollo actualmente vigente, vinculado a un modelo energético caduco y obsoleto que ha de dar paso a una transición que ponga fin al carbón y el petróleo y a las energía sucias en general como la nuclear y el fracking. El futuro es renovable, sin duda alguna.

La segunda está relacionada con la degradación de ecosistemas de altísimo valor como los bosques y los océanos para lo que es necesario garantizar la seguridad alimentaria, el acceso al agua y a recursos básicos para nuestras vidas, entre otros. Significa evitar que los bosques desaparezcan pasto de las llamas y la falta de gestión y los océanos se vacíen de peces y se ahoguen en un mar de plásticos. En este sentido, derogar la Ley de Costas o la de montes, blindar la Ley de Parimonio Natural y Biodiversidad o reanimar de la Desarrollo Rural podrían ser señales positivas.

¿Qué pasará con la aprobación del CETA? ¿Se olvidarán del TTIP? ¿Cabría esperar que el nuevo Gobierno saque a las energías renovables de la UVI? ¿Pondrá fecha de caducidad a la obsoleta y peligrosa industria nuclear sentando las bases para no renovar las licencias entre 2020 y 2024 y decidirá qué hacer con sus longevos residuos? ¿Acabará con la ocurrencia del fracking o las prospecciones petrolíferas? ¿Apostará sin ambages por la movilidad sostenible? ¿Por un nuevo modelo alimentario? ¿Qué tal si decide poner fin al proyecto de inyectar gas en Doñana para no repetir el ridículo de Castor? ¿Para cuándo van a demoler El Algarrobico? ¿Podrán fin a leyes que criminalizan la protesta pacífica y amordazan el espacio democrático?

El tiempo dirá y veremos si este Gobierno, y en su defecto el Parlamento, están a la altura. En Greenpeace no nos vamos a quedar parados porque el medioambiente y la salud importan y mucho.