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Por qué (coño) no nos vamos de Eurovisión y otros asuntos oscuros

14/02/2017 07:23 CET | Actualizado 14/02/2017 11:25 CET

Vaya por delante mi primer saludo a todos los eurofans que van a machacarme en redes por este post que me dispongo a escribir. Supongo que serán los que el sábado formaban el público del programa bochornoso que TVE nos ofreció para elegir al candidato de este año. Fueron maleducados, agresivos, intolerantes y se mostraron ignorantes y coléricos.

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style="color:#333;font-weight:bold;" title="Objetivo Eurovisión 2017"

href="http://www.rtve.es/alacarta/videos/eurovision-2017/objetivo-eurovision-2017/3911418/">Objetivo Eurovisión 2017

Todo muy edificante. Venga, empecemos con las hostias.

El siguiente saludo es para mis amigos los directivos de la cada vez más maltrecha y malbaratada cadena pública por no respetarnos, por no valorar la música como parte fundamental de la cultura desde hace tantos años, por no tener en cuenta que somos espectadores adultos y que no queremos más mierda en la cadena que pagamos todos.

Y ahora, al tema.

Cuando acabé de ver el ¿programa?, me acordé del gran Chikilicuatre y de lo mucho que se criticó en su día aquella maravillosa hazaña televisiva (salida como tantas cosas buenas de la tele, de la factoría Buenafuente) que contaba más de lo que era el festival que todos los reportajes del mundo. Aquella historia venía a decirnos que, en fin, que nos podíamos descojonar sin ambages de esa cita viejuna, que por favor no podíamos seguir tomándonos en serio ese festival, que no era una mala pasada que nos hacíamos a nosotros mismos como país, sino todo lo contrario.

Aquel año, 2008, desfiló por el escenario serbio de Belgrado todo ESTO:

  • Cantantes franceses que cantaban en ingles y salían a escena en troncomovil.
  • Coros de mujeres con barbas postizas.
  • Jóvenes ataviado con alas de ángeles o disfrazados de piratas.
  • Patinadores.
  • Cantantes recauchutadas hasta el delirio.
  • Un trofeo espantoso que te llevaba a pensar "sin ética, no hay estética".
  • Presentadoras vestidas con unos trajes que te llevaban a seguir pensando en lo mismo de antes.
  • Gogós de discoteca que, de pronto, se despojaban del traje y que eran piropeadas de manera intensa por el sin par Uribarri.
  • Representantes de Bosnia que salieron a escena con un tendedero sin que se supiera muy bien a santo de qué.
  • Loles León y Rafaela Carrá anunciando jamón durante la tele-promoción.
  • Países balcánicos votándose entre ellos.

Pero volvamos al sábado.

El día había empezado movidito en TVE. Pedro Carreño, el presentador del telediario, dio paso a un vídeo sobre el Congreso del PP que habría avengonzado incluso a Alfredo Urdaci. La pieza, escrita según me dicen por el propio jefe de Nacional, arrancaba así:

"El tiempo desapacible que ahora hay en Madrid contrasta con la imagen de alegría que se vive en las filas populares".

Supera eso, Baudelaire.

Luego, la periodista enviada al congreso remató diciendo:

"Se trata de una reunión con un ambiente distendido y amable, como si se tratase de una gran familia".

¿Hubo un fundido en negro tras semejante hermosura? ¿Se le cayeron las gafas a Carreño? No. Es verdad que esa parte de la redacción que todavía pelea (una panda de rojos, seguidores de Fran Llorente, ya os digo) montó en cólera, protestó, se manifestó, y por eso enseguida se convirtió en viral el asunto.

Podría haberse quedado ahí este nuevo desaguisado de TVE, pero no, porque la noche nos traería más delirio. Esta vez, en un formato de entretenimiento: Objetivo Eurovisión 2017.

Parece mentira, pero ahí seguimos, mandando a los países de turno, año tras año, a candidatos con canciones que NADIE (salvo la horda de eurofans, repito) corea ni antes ni durante ni después. Tras lo del sábado, he preguntado a colegas que trabajan en la cadena por qué coño no dejamos de una vez el festival, por qué no dejamos de hacer el ridículo, por qué seguimos yendo a una cita tan penosa, rancia y hortera de bolera.

Aquí el resumen clarificador.

Me cuentan que una vez lo intentó Luis Fernández pero que le quitaron la idea de la cabeza. Me cuentan que no podemos, que aparte de la audiencia que le da a la cadena la retransmisión del festival, salir de la UER nos dejaría fuera de un entramado televisivo de largo alcance (por ejemplo, del intercambio de imágenes entre las teles europeas, fundamental en los informativos). Vale, entonces, sigamos emitiendo el festival pero no enviemos a nadie nunca más, coño. No, me dicen, entonces no llegaríamos a ese cuarenta por ciento de audiencia. Así pues, resignación, venga. Pero por favor, ¿podemos hacer un programa previo que no suponga una invitación al suicidio?

Porque eso fue el del sábado. Jaime Cantizano, ese presentador comedido y simpático, arrancó el programa viniéndose bastante arriba: "Es el evento musical más importante del planeta".

Justo después dio paso al "prestigioso jurado", y entonces, presentó a Javier Cárdenas y yo me quedé loca del todo porque yo es un tipo con el que no puedooooo. Menos mal que luego llegó el turno de la maravillosa Virginia Díaz. Un respiro que nos dieron.

(Nota: preparo un post sobre Cárdenas, pero de momento ahí va un adelanto. Parece que su permanencia en TVE no se debe a su impecable dicción, sino a asuntos más elevados. Ahí os lo dejo)

El caso es que el otro miembro del jurado, Xavi Martínez dijo: "Vamos a darle una lección al mundo". Supera eso, Martin Luther King.

A estas alturas ya sabéis que hubo lío con las votaciones y acusaciones de tongo (no voy a entrar en eso, porque me da de un igual que pa qué). Que al propio Martínez le agredieron. Que Cantizano no podía parar a las bestias pardas que poblaban el plató, dando un ejemplo impagable de deportividad. Que el chaval que ganó, Manel Navarro, le hizo un corte de mangas al público cuando le abuchearon, que salió en pantalla, y que se comportó como un macarra necio, sin aplomo y sin tablas, pese a haber ganado. Que la realización fue lamentable, pese a que hay un equipo de TVE que trabaja todo el año para esa cita. Que Cárdenas citó varias veces la cadena de radio para la que trabaja...

Así las cosas, a ver quién me dice que llevar a Rodolfo Chikilicuatre fue una frikada y que no fue serio, y que dimos mala imagen de España. A ver quién, va.