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Juan J. Linz, 1926-2013

02/10/2013 10:58 CEST | Actualizado 01/12/2013 11:12 CET

Ayer martes fallecía Juan Linz, uno de los mayores intelectuales de la historia española, y una de las grandes figuras de la sociología política y la ciencia política de las últimas décadas a nivel internacional. Jubilado ya desde hace años de su cátedra en la Universidad de Yale, todavía se encontraba realizando investigaciones y colaborando con sus discípulos.

Juan nos explicó a todos que existen grandes diferencias entre los regímenes autoritarios y los regímenes totalitarios, aunque en ambos casos se trate de dictaduras. Nos ayudó a definir los factores que conducen a la consolidación de las democracias. También nos ilustró sobre las ventajas y los inconvenientes de las democracias parlamentarias (como la británica o la alemana) y las democracias presidencialistas (como la francesa o la norteamericana), y sobre los movimientos nacionalistas dentro de los estados contemporáneos. Juan tenía un conocimiento enciclopédico sobre la historia política de un sinfín de países.

Pero había también una vertiente de Juan más pragmática y más mundana. Juan impulsó la sociología empírica española, ayudando a la creación de uno de los institutos de opinión pública más importantes, Data S.A. Además, asesoró a numerosos países latinoamericanos y asiáticos sobre la redacción de sus constituciones democráticas. Juan es conocido y querido como profesor y como experto en tantos países que resultaría tedioso enumerarlos.

Juan era, ante todo, un gran ser humano, siempre dispuesto a ayudar con amabilidad y con generosidad. Junto con su mujer, Rocío de Terán, autora de magníficos libros para niños, sirvió como puente entre la España atrasada del siglo XX y el mundo universitario norteamericano. También se dedicaron ambos a aliviar la penuria de los refugiados españoles en el exterior.

Juan dirigió docenas de tesis doctorales escritas por estudiantes de más de 25 países. Yo tuve el privilegio de tenerle como profesor y como miembro de mi comité de tesis doctoral, y nunca olvidaré su dedicación, su erudición, su elegancia y su pasión por el saber. Me apena el pensar que ya no queden muchos intelectuales como Juan, personas que investigan a fondo los temas sociales y políticos más complicados antes de aventurarse a esbozar un argumento o a formular una conclusión. Juan era, ante todo, un observador objetivo de las realidades políticas de los distintos pueblos y países del mundo. Personalmente, le voy a echar de menos en estos tiempos que corren.

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