Cómo educar perros (¿y manipular humanos?)

Cómo educar perros (¿y manipular humanos?)

Un cachorrito hace pis en la calle y le hacemos fiestas como si hubiera inventado la rueda. Llamamos a nuestro perro y viene, moviendo el rabillo: le acariciamos y le damos una galleta. El objetivo es que ambos comportamientos se repitan en el futuro.

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Un cachorrito hace pis en la calle y le hacemos fiestas como si hubiera inventado la rueda. Llamamos a nuestro perro y viene, moviendo el rabillo: le acariciamos y le damos una galleta.

El objetivo es que ambos comportamientos se repitan en el futuro.

Son dos ejemplos básicos de refuerzo positivo, una técnica que le debe mucho al trabajo de Skinner y que como método de adiestramiento funciona realmente bien y no sólo con los canes.

Mirad, si no, las aventuras de Sheldon con Penny en este viejo episodio de Big Bang Theory (aquí podéis ver la versión doblada).

Los bombones surten efecto. El sexo, evidente, aún más rápido. Aunque no siempre y no con todo el mundo, que igual que en el universo canino, no todos somos sensibles a según qué premio, según qué refuerzo positivo. Los bombones llegan a empalagar y hay individuos con los que no te juntarías ni en una isla desierta.

La clave -como bien saben los buenos educadores caninos- está en encontrar el mejor incentivo para cada uno y en saber dosificarlo en el momento preciso, tanto con los perros como con los humanos.

Algunos responden antes si el premio es comestible, otros prefieren un juguete y los hay que son felices con unas caricias o las alabanzas ante el trabajo bien hecho. Y no sólo los perros.

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El cumplido de tu pareja cuando recuerdas una fecha señalada, la palmada en la espalda de tu jefe en el trabajo, la chuche para el niño que se ha portado bien... son refuerzos positivos en potencia, pequeños incentivos para que eso mismo vuelva a suceder.

Manipular, dirán muchos, y hasta cierto punto es cierto. Pero lo hacemos de forma inconsciente todos los días, incluso a nosotros mismos (esos pequeños o grandes premios que nos hacemos al conseguir esto o aquello...). Casi mejor entender las reglas.

Para ello, nada cómo leer el libro de Karen Pryor ¡No lo mates... enséñale!: El arte de enseñar y adiestrar.

Es tan divertido como útil. Ofrece pistas prácticas para los que están educando a un cachorro o para los que querrían enseñar a su can a hacer trucos como los de Uggie, para los que quieren conseguir que su hijo adolescente meta la ropa en la lavadora o ayude a poner la mesa.

Pryor es una de las mayores expertas en el uso del clicker para educar a los animales con refuerzo positivo. Ha creado escuela.

Eso sí, ella misma admite que utiliza sus conocimientos constantemente en el día a día, hasta para conseguir que las charlas con su madre sean más amenas.

PD: Aunque la teoría es relativamente sencilla, la práctica no lo es tanto así que siempre se puede recurrir -en el caso de los perros- a los servicios de algún profesional, de un educador canino en positivo.

Una versión de este texto se publicará en www.SrPerro.com, la primera guía dog friendly de España