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La experiencia de Emad Nurnat, candidato a un Oscar, retenido y amenazado con la deportación en Los Ángeles

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Hace unos días se celebró en Beverly Hills la cena organizada por la Academia de Cine en honor de los directores y productores de las cinco películas nominadas este año para el Oscar al Mejor Documental. La cena era una tradición que mi esposa y yo comenzamos hace seis años cuando invitamos a los otros candidatos (nosotros lo éramos por Sicko) para conocernos mejor. A la Academia le gustó la idea, y este año ha organizado cenas durante la semana de los Oscars para los nominados de cada uno de los apartados de los premios.

Por eso, la otra noche, los tres gobernadores del apartado de documentales -Michael Apted, Rob Epstein y yo- habíamos convocado la cena para los directores de las películas finalistas. Pero faltaba uno de ellos: Emad Burnat, codirector del documental 5 Broken Cameras (Cinco cámaras rotas). Este excepcional y galardonado film, sobre cómo la aldea de Emad, en Cisjordania, empleó la no violencia para oponerse a la decisión del gobierno israelí de construir un muro que atravesaba sus granjas y sus calles, para acabar viendo (y captando con la cámara) a soldados israelíes mientras disparaban contra civiles palestinos desarmados, es el primer documental palestino jamás nominado por la Academia.

Mientras esperábamos que Emad llegara del aeropuerto -su familia y él ya habían tenido que pasar casi seis horas en un puesto de control israelí cuando intentaban llegar a Ammán para coger su avión-, recibí un mensaje de texto urgente que había escrito desde una habitación en la comisaría del Aeropuerto Internacional de Los Ángeles.

Esto es lo que decía, en un lenguaje algo entrecortado:

"Urgente -- Estoy en el aeropuerto LA necesitan más información por qué vengo aquí
invitación o algo.
Puedes ayudar nos enviarán de vuelta
si tardas. Emad"

Me apresuré a responderle y le dije que enseguida iría alguien a ayudarle. Contestó que los agentes de Inmigración y Aduanas les estaban reteniendo a él, su mujer, Soraya, y su hijo de ocho años, Gibreel (la "estrella" de la película) en una sala de la comisaría del aeropuerto. Que no le habían creído cuando les había dicho que era director de cine, estaba nominado para un Oscar y venía a asistir a la ceremonia del domingo y a los actos que se celebran en Los Ángeles en los días anteriores. Teniendo en cuenta, además, que es palestino, y que cultiva olivos, se ve que todo eso era demasiado para que lo comprendieran los del Departamento de Seguridad Interior.

"Dicen que nos van a subir al próximo avión que salga para Ammán", me contestó.

Inmediatamente me puse en contacto con la consejera delegada de la Academia, Dawn Hudson, y con el director de operaciones, Ric Robertson, que a su vez se lo dijo al presidente de la institución, Hawk Koch. Ellos llamaron al abogado de la Academia, que es socio de un importante abogado especializado en inmigración, y pusieron manos a la obra. Yo llamé al Departamento de Estado, en Washington.

Le dije a Emad que diera a la gente de Interior mi nombre y mi número de móvil, y que me llamaran cuanto antes para que yo pudiera explicarles quién era él y por qué debían dejarle en libertad.

Después de retenerle durante una o dos horas, con repetidas insinuaciones de que a lo mejor no iba a poder entrar en el país y le iban a enviar de vuelta a casa, las autoridades cedieron y dejaron a Emad y su familia en libertad.

Le envié un mensaje para decirle que no empezaríamos a cenar hasta que no llegara. Cuando apareció, estaba muy alterado y disgustado.

Nos dijo que está acostumbrado a un trato así "a diario, con la ocupación". Pronunció un elocuente y conmovedor discurso improvisado, con su suave voz habitual, ante los demás nominados. Dijo que, debido al documental, este era su sexto viaje a Estados Unidos en este año, y era la primera vez que le habían detenido. Que le habían pedido algún "documento oficial" que demostrara que era de verdad un candidato. Le pregunté: "¿Es que Inmigración no puede buscar en Google?"

Los estadounidenses presentes en el comedor se disculparon ante Emad por el trato que había recibido de nuestro Gobierno y su policía de seguridad. Después nos sentamos a cenar un rico asado típicamente americano.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.