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Estamos 'predispuestos' para valorar más lo negativo

06/09/2017 07:54 CEST | Actualizado 06/09/2017 07:54 CEST
Pixabay

Lo malo es más fuerte que lo bueno. Según las investigaciones, nuestro cerebro está construido con una tendencia a la negatividad.

Así, por ejemplo:

  • Los estímulos negativos producen más actividad neuronal que los positivos.

  • Las respuestas a las amenazas y las cosas desagradables son más rápidas e intensas que las que proporcionan las oportunidades y placeres.

  • Los sucesos negativos se guardan en la memoria a largo plazo de forma inmediata, mientras que los acontecimientos positivos requieren que pensemos en ellos de una manera activa durante un tiempo estimado de 5 a 20 segundos. De esta forma, quedan archivados en la memoria a largo plazo. Además, los acontecimientos negativos regresana la memoria con más facilidad.

  • Focalizamos más la atención en los sucesos negativos que en los agradables.

  • Tener un buen día no influye en cómo será el día siguiente, mientras que un mal día sí suele predisponer nuestro ánimo futuro.

  • Las emociones negativas, unos malos padres y un feedback perjudicial tienen más impacto que las emociones positivas, unos padres ejemplares y un excelente feedback.

  • La información negativa se procesa con más prioridad que la positiva.

  • De las palabras con contenido emocional que nos decimos a nosotros mismos, el 62% son negativas, y el 32% positivas.

  • Tendemos a pensar que quien dice cosas adversas o agrias es más inteligente que quien promulga lo positivo.

  • Nos resulta más difícil disfrutar de algo si sabemos que tiene algún defecto. Un magnífico coche se convierte en un vehículo estropeado por el mero hecho de tener un botón que se atasca en ocasiones.

  • Los acontecimientos negativos influyen el doble en nuestra felicidad diaria que los acontecimientos positivos.

  • El malestar por perder dinero es más intenso que la alegría que da ganarlo. Es decir, duele más perder 100 € que ganarlos.

  • Dada esa tendencia, existe lo que se llama la teoría de la prospección, que significa que al escoger lo que vamos a hacer, si hay un riesgo conocido, es más probable que actuemos solo para evitar el daño que para conseguir un beneficio.

El neuropsicólogo Rick Hanson afirma que "nuestro cerebro es como el velcro para las experiencias negativas y como el teflón para las experiencias positivas".

Es en cierto modo tranquilizador que no se puede culpar de eso a nuestra educación ni a la sociedad. Según investigaciones realizadas en niños de 3 meses de edad, éstos procesan la negatividad de la misma manera que los adultos.

¿Por qué esa predisposición a lo negativo?

Es una cuestión de supervivencia evolutiva. Gracias a que durante toda la historia del ser humano las circunstancias peligrosas u hostiles han sido más determinantes que las positivas, el ser humano ha sobrevivido enfrentándose a ellas y tratando de superarlas. Hace 100.000 años un cerebro así era eficiente para defenderse de los animales y un entorno peligroso. Pero hoy no, o mejor dicho: ahora hay otras amenazas que requieren otras estrategias.

Aun así, el cerebro solo desea que te mantengas con vida, que no te arriesgues, que no hagas nada nuevo, que no cambie nada... mientras te mantengas vivo. Está programado para tu mera supervivencia; no para que seas feliz. No le importa si te peleas con tu pareja, si estas mal en el trabajo o si eres bajito. Lo único que quiere es que sobrevivas, no que vivas. Pero aunque el cerebro está programado para no cambiar, sorprendentemente posee una capacidad increíble de cambio que apenas usamos. Y eso es tremendamente importante para cualquier edad.

La inclinación del cerebro hacia el sesgo negativo hace que otorguemos más valor a la tristeza, el miedo, la preocupación y el enfado. Y esa predisposición a lo negativo tiene consecuencias muy prácticas en la sociedad.

Veamos ejemplos en distintos ámbitos:

  • En la política, los partidos fomentan el temor a las consecuencias de votar al partido contrario. Así, los partidos de izquierdas transmiten el peligro de que la derecha gobierne porque recortará las prestaciones sociales. Y por otra parte, los partidos de derechas divulgarán que la izquierda subirá los impuestos.

  • En el campo de la comunicación y el periodismo, es sabido eso de que "una buena noticia no es noticia". La tragedia crea morbo y espectadores.

  • En la educación de los hijos señalamos con mucha más facilidad lo negativo y damos por hecho lo positivo. Si le decimos a un hijo que es un fracasado, es muy probable que eso se le grabe más que un mes entero repitiendo cuánto les queremos.

  • En la relaciones sentimentales sucede lo mismo. Si constantemente le estás diciendo a tu pareja cuánto la quieres, el desafortunado comentario de que no está muy atractiva o que esa prenda ya no le sienta demasiado bien, no lo olvidará jamás. Ante la frase "Te quiero, aunque seas un gordito encantador" puede ser terrible. ¿Qué crees que valorará más: querer y encantador, o que lo has llamado gordo? Gottman, psicólogo estadounidense conocido por sus estudios de pareja, propone que para que un matrimonio funcione, las interacciones positivas tienen que superar a las malas en una proporción de 5 a 1. Si este cociente disminuye, la relación tiene muchas posibilidades de fracasar. De modo que toma nota: el éxito a largo plazo de una relación depende de intentar no hacer las cosas mal, más que de hacerlo bien. En el aspecto sexual ocurre lo mismo: una disfunción sexual tiene más impacto en el vínculo conyugal que un funcionamiento sano y óptimo, pues esperamos que todo salga bien, que sea "normal" y nos complazca. McCarthy opina que cuando la sexualidad va bien en el matrimonio, existe un 15-20% de la varianza del vínculo de pareja, pero si el sexo es malo o inexistente, entonces supone un 50-75%. Las malas experiencias sexuales, por lo tanto, pesan mucho más que las buenas.

  • En el aprendizaje es también muy revelador: es más efectivo si resaltas el fallo que si halagas algo bien hecho.

  • En el ámbito laboral. Cliff Nass, profesor de comunicación de la Universidad de Stanford, sugiere que los jefes, si han de alabar a un empleado, lo hagan después de la crítica y no antes, porque al hacerlo después, nuestro cerebro ha entrado en atención máxima. Así que en lugar de decir: "Tu informe es excelente, pero el tema elegido no me gusta", sería mejor: "El tema elegido no me gusta (entonces nos ponemos en guardia y escuchamos más atentamente), pero tu informe es excelente".

  • En el terreno ético, enterarse de algo malo acerca de una persona conocida tiene más peso, con diferencia, que enterarse de algo admirable. Una mala reputación es fácil de conseguir y muy difícil de cambiar, mientras que una buena reputación cuesta tiempo conseguir y se pierde ante un solo hecho desacertado.

  • En cuanto a la salud, un estudio en pacientes con cáncer constató que el optimismo no predijo claramente la supervivencia, pero el pesimismo sí evidenció la mortalidad en los más jóvenes. Sin embargo, en otros estudios se ha comprobado que es el pesimismo, no el optimismo, lo que predice el buen curso de la enfermedad. Resumiendo: la mala salud influye en nuestra felicidad; pero si es buena, su efecto es pequeño o pasa inadvertido.

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