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'Tocamientos y tonterías de estas…'

09/01/2018 07:37 CET | Actualizado 09/01/2018 07:37 CET
Getty Images/iStockphoto

"Tonterías de estas", así ha calificado el abogado de uno de los jugadores de la Arandina la conducta desarrollada por los jugadores sobre la menor, intentando minimizar los hechos al tiempo que, una vez más, desacreditaba y atacaba a la víctima al situarlo todo como producto de su "fantasía".

El argumento se repite porque funciona. Si el cuestionamiento de la víctima no fuera eficaz, las defensas de los denunciados por violación o por cualquier otra forma de violencia de género no lo utilizarían constantemente. Y si la cultura no presentara a las mujeres revestidas de maldad y perversidad a través de sus mitos, no podría resultar eficaz utilizar ese tipo de argumentos en los juzgados y en la sociedad.

El machismo ha levantado otra referencia para evitar la crítica a las conductas que integra como parte de su normalidad: la "intrascendencia", la "poca importancia", la "levedad" de lo ocurrido...

Pero, como no siempre se puede reducir la estrategia ni la explicación de los hechos a la invención y a la denuncia falsa, el machismo ha levantado también otra referencia para evitar la crítica a las conductas que integra como parte de su normalidad, y que sólo cuestiona (y con matices), cuando alcanzan una cierta intensidad. Esa referencia es la "intrascendencia", la "poca importancia", la "levedad" de lo ocurrido... idea que se refleja muy bien en las palabras del abogado del jugador de la Arandina, cuando se refiere a unos abusos sexuales como "tocamientos y tonterías de estas".

Y no sólo es el comentario de un letrado, sino que al ser parte del significado que la cultura ha dado a este tipo de hechos, la idea queda integrada en la concepción general que existe sobre los mismos en la sociedad, y desde ella influye en la respuesta profesional que se da ante la violencia de género desde los diferentes ámbitos. Es lo que hemos visto en los últimos homicidios cometidos después de que las víctimas denunciaran sin que recibieran la protección que las circunstancias exigían. Yo mismo como médico forense he conocido situaciones en las que algún juez justificaba la absolución con el argumento, "pero cómo le voy a meter 4 años de prisión por esa tontería". No veía proporcionalidad entre lo que las pruebas demostraban y la pena que la ley recogía, pero en lugar de cuestionar la norma o su forma de pensar, lo que hacía era no condenar y dejar desamparada a la mujer que había sufrido la agresión.

Es la misma justificación que se utiliza ante el acoso sexual, en el hostigamiento callejero, la violencia de género en la pareja... todo son "tonterías de estas"

Es la misma justificación que se utiliza ante el acoso sexual, en el hostigamiento callejero, la violencia de género en la pareja... todo son "tonterías de estas" y cuando la tontería se pone seria es porque la víctima ha provocado, el agresor estaba fuera de sí por el alcohol, las drogas o algún trastorno mental pasajero, o sencillamente es mentira.

De esa manera se crea una especie de graduación tramposa sobre los hechos que actúa como refuerzo del machismo. Y es tramposa porque aparenta un compromiso con la trascendencia de la violencia que se ejerce contra las mujeres al contar con una pena importante, pero luego deja muy poco espacio para la acción y mucho para la absolución, como demuestran las estadísticas con sólo un 5% de los maltratadores y un 1% de los violadores condenados. La estrategia es la siguiente:

  • La violencia contra las mujeres no existe como problema social
  • Cuando se producen y se denuncian casos se dice que se trata de una denuncia falsa.
  • Si la investigación continúa a pesar de los dos primeros obstáculos, entonces se argumenta que es algo "sin importancia", una "tontería", un "tema privado", algo "intrascendente"...
  • Y cuando el resultado es grave o los hechos adquieren seriedad por otras circunstancias, se explica bajo la idea de la provocación de la víctima o de la pérdida de control del agresor.

El proceso culmina cuando se comprueba que todo ello es interpretado y confirmado con dos nuevas trampas. Una de ellas es la utilización de las referencias que el propio machismo establece para dar sentido y significado a la realidad a través de los mitos, estereotipos, ideas, valores... Y la otra, situar la palabra de los hombres como rúbrica de la verdad. De ese modo, en el aparente conflicto de "palabra contra palabra" que se genera, lo que las mujeres relatan es "fantasía" y lo que ellas dicen "mentira".

El machismo actúa como juez y parte para juzgar al machismo

Son ellos los dueños de la verdad, y por ello una de las ideas que más repiten desde el posmachismo es que "los presupuestos contra la violencia de género se dedican a dar subvenciones a asociaciones que viven del cuento, y se las quitan a las <<víctimas de verdad>>"... ¿Y quienes son las "víctimas de verdad"? Pues muy fácil, las que ellos decidan, todas las demás son, según su visión, "autoras de un delito de denuncias falsas".

Tal y como se aprecia, el machismo actúa como juez y parte para juzgar al machismo.

La estrategia se completa cuando los casos graves en los que no se pueden aplicar ninguna de las justificaciones terminan siendo condenados, y se utilizan como ejemplo de la "eficacia y bondad de su sistema". Son los "chivos expiatorios" del machismo, los hombres sacrificados individualmente para defender el modelo de privilegios para todos, algo inherente y aceptado por cada uno de ellos como parte del juego.

Como se puede ver de "tontería" tiene poco, al contrario, es un modelo definido con gran perspicacia y defendido con habilidad cada día para mantener esa normalidad cómplice del machismo que considera la violencia contra las mujeres como inexistente, mentira, tontería, arrebato o provocación.

Este post se publicó originalmente en el blog del autor.

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