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Ver para creer. ¡Escuchar para crear!

14/01/2016 07:06 CET | Actualizado 14/01/2017 11:12 CET

2016-01-13-1452711033-4805660-CartelTEATROENBOLASOFFDELALATINA1.jpg Tengo que parir esta historia de carrerilla. Sin retoques. Y me temo que tú lector no soportarás tanto error seguido: tildes que se olvidan, comas que me como, e ideas escritas atropelladamente. Así que,tendré que volver a corregir y mejorar, a reordenar el texto hasta que sea legible e interesante.

En cambio, cuando arranca Teatro en bolas, no hay guión previsto, lo escribo sobre la marcha, y nunca me equivoco. Tampoco el músico, Jandro Legido. Cada una de sus espontáneas notas suma, complementa, y no falla. No hay error posible. No lo contemplamos. Todo lo que ocurre en la sala de teatro lo hacemos bueno porque ¡aquí, no se tira nada!

Esta es la filosofía de un espectáculo que cuenta, además de un teclado, dos guitarras, con un elenco infinito de artistas, que se renueva en cada función. Así es, el público cuenta, y tanto que cuenta, por los codos... Sólo hay que estar atento. Y a la escucha. Esta es la fórmula de nuestro éxito: escuchar para crear. Obvio si tenemos en cuenta que nuestra propuesta sólo es más creible y ¡auténtica! si nace del aliento del público presente.

Cada uno trae consigo infinidad de estímulos para echar a andar una historia. A este potencial, unimos algún incidente, un estornudo, una mano X en una rodilla Y alguien que va al servicio... Y mi pizarra. Mi tablet de última generación. Llámame hipster teatral, pero eso de prestar una tiza para que te regalen una palabra o un dibujo, es impagable. Cualquier excusa es susceptible de liberar una cadena de insospechados sucesos que terminarán por ser la semilla de una gran historia. Y no menos interesante: nos llevarán a conocer a interesantísimas personas que, en el resto de espectáculos, quedan siempre en el anonimato. Porque este hermanamiento sólo pasa en Teatro en bolas.

Confieso que hay una única frase que se repite en cada pase. "Teatro en bolas es un espectáculo minuciosamente improvisado". Y el espectador expectante lo agradece en forma de hilarantes carcajadas. Para conseguir que cada cita sea un éxito, ni siquiera me planteo cómo ni por dónde voy a empezar. Todos estamos a ciegas. Así todos somos espectadores expectantes y, de paso, nos lo pasamos teta. Cierto que tenemos predilección por la forma de contar. Nuestra inspiración está en el cine, la literatura, los medios y, como no, el propio teatro. También en juegos clásicos de improvisación que hemos ido licuando tras estos tres últimos años de rodaje. Jamás alcanzamos a imaginar los temas. De otra forma, nunca me hubieran confesado unos chavales del público que, de pequeños, robaron organizadamente, en un chino un puñado de chuches. Fue como destapar a toda una banda organizada, una verdadera catarsis de carcajadas. Y nos hubiéramos perdido aquella historia de amor quincuagenaria de una pareja tan longeva como vital, y cachonda.

Cada cita es para mí una catarata irrefrenable, incontables gotas unidas que jamás repiten posición, anárquicas por dentro, armoniosas por fuera. Insisto en que esa es mi imagen, ¿idílica? Pues claro, es mía. Esto de improvisar me viene de lejos. No lo sabía. Me enteré en el metro, camino de montar el chou. Me acompañaba mi madre, que estaba de visita en Madrid. Era la primera vez que me veía improvisar solo en escena. Ya me había visto con mi antiguo grupo Mpelotah Teatro (¿obsesionado con las pelotas y las bolas? Efectivamente) con el que aprendí casi todo practicando en bares y salas alternativas. "Yo no sé cómo te metes en estos líos", me decía María, entre sonriente y angustiada, como buena madre. Pero sí sabía, aunque no se acordaba. Zarandeamos su desmemoriado pasado y, de pronto, se encendió la luz de sus ojos. Empezó a pintar a una niña jugando a inventar canciones e historietillas en los ratitos libres que les daba la vida adulta de una niña de postguerra. En medio de la calle, al paso de los mulos cargados de paja y las cabras que volvían a casa con su habitual refriega por las paredes.

Y entre el olor del estiércol nacían y morían aquellas ficciones, como se fraguan y desaparecen, apenas sin tiempo de enfriarse, los cuentos que inventamos entre todos en Teatro en Bolas.

Ahora ya te puedo confesar que sí, que he vuelto una y otra vez a editar este texto que dice todo y nada de un formato teatral que, por supuesto, hay que ver para creer.

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'Teatro en bolas' está en cartel con dos únicas funciones a beneficio de Proyectos de infancia de Cruz Roja. En el pequeño teatro Off de la Latina, en calle Mancebos, 4. 16 y 30 de Enero. Consultar web de la sala (www.offdelalatina.com) 10€