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Euskadi, nación e independencia

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Iñigo Urkullu recibe la ovación de sus compañeros tras ser reelegido en segunda vuelta como lehendakari. Foto: EFE.

Urkullu es, nuevamente, lehendakari en Euskadi. En esta ocasión se le presenta una legislatura más complicada que la anterior. Hace cuatro años decidió ir en solitario, con su partido, el PNV, y el apoyo incondicional a los presupuestos de cada año por parte del Partido Socialista de Euskadi, y la jugada le salió bien.

La pérdida, in extremis y por un puñado de votos, de un escaño en las pasadas elecciones autonómicas, dejó al PNV sin esa posibilidad de repetir la entente con el PSE que había facilitado la gobernabilidad durante el último periodo.

Entre ambos suman 37 escaños y se quedan a uno de la mayoría absoluta en un parlamento de 75 escaños. En esta ocasión, el PNV ha decidido conformar un Gobierno de coalición con el PSE, y reeditar aquello que ya hizo José Antonio Ardanza durante años, un pacto entre diferentes, un pacto transversal que tan difícil parece, por el contrario, en la política española.

PNV y PSE, éste con tres carteras en el nuevo Gobierno, se enfrentan a un territorio complicado en el que se verán necesitados de un voto más en el parlamento para aprobar los presupuestos y las leyes fundamentales. Tendrán que poner en marcha la dinámica de la geometría variable, que es algo en lo que el PNV se maneja bien.

Por ahora, este partido cierra un acuerdo de gobernabilidad en Vitoria con los socialistas, mientras mantiene abierta la puerta de una posible negociación con los populares en Madrid. Da la impresión de ser bastante variable esa geometría.

El caso es que del acuerdo de gobierno entre PNV y PSE, algunos medios destacaron que "el PSE pisotea la linea roja del PSOE sobre la unidad de España".

Es cierto que en el acuerdo se dice expresamente que en una ponencia parlamentaria convocada al efecto "se abordarán todas las propuestas/cuestiones relativas al autogobierno que quieran ser planteadas por los Grupos Parlamentarios".

Es decir, que todo aquel grupo que quiera introducir o eliminar conceptos y propuestas tendrá abierta esa posibilidad, eso es como no decir nada. Pero también es cierto que los socialistas vascos, al aceptar ese tipo de puntos, debían ser conscientes del ruido mediático que se iba a armar a su alrededor, sobre todo, en aquellos medios que no leen la totalidad, sino precisamente aquello que ratifica sus prejuicios.

Si algo tiene claro el PNV es que a ellos no les va a ocurrir lo que a a Convergencia en Cataluña, que sean fagocitados por la izquierda independentista.

Es cierto que en el Parlamento Vasco los grupos partidarios del derecho a decidir conforman la mayoría en escaños. Pero es cierto también que lo que ha firmado el PNV en el acuerdo con el PSE es exactamente: "Reconocimiento del derecho a decidir del Pueblo Vasco y su ejercicio pactado en un marco de negociación y acuerdo dentro del ordenamiento jurídico vigente en cada momento". Hay quien, desde algunos medios, no parece haberle dado importancia a ese detalle del "ordenamiento jurídico vigente", pero parece bastante claro, y suena diferente que en el caso de Catalunya.

En su discurso de investidura, Urkullu propuso abrir vías de "colaboración entre partidos, entre instituciones, entre sector público y privado, y también con el Estado", propuso también crear más empleo y mejorar, aún más, la política social, y habló también de nación.

"Euskadi es una nación que debe ser reconocida", dijo el lehendakari. Eso es algo básico en el discurso habitual del PNV al que ahora se ha sumado el PSE. Su secretaria general, Idoia Mendia, fue clara: ""Si para los nacionalistas, que el término nación se incorpore al Estatuto les sirve para que continúen en un proyecto común que es España, bienvenido sea".

Si algo tiene claro el PNV es que a ellos no les va a ocurrir lo que a a Convergencia en Cataluña, que sean fagocitados por la izquierda independentista. Bildu, desde la izquierda abertzale, ha intentado, por activa y por pasiva, lograr una deriva claramente independentista e inmediata del PNV, conseguir un acuerdo de coalición con ellos para seguir la senda catalana y abrir la vía vasca hacia la independencia.

Pero el PNV se ha decantado por un acuerdo de coalición con un viejo conocido como el PSE, que no le asegura la mayoría absoluta, en vez de un acuerdo con Bildu con el que hubiera contado con 46 escaños, una suma inalcanzable para la oposición.

Y es que Iñigo Urkullu no es amigo de pasos en falso. El pasado 18 de septiembre, en una entrevista en el periódico catalán La Vanguardia, decía: "Aconsejo a los catalanes que eviten el frentismo".

Tanto en Sabin Etxea, sede del PNV, como en Ajuria Enea, sede de la presidencia vasca en Vitoria, tienen las cosas claras: calma y marcar la agenda. Cuando las barbas de tu vecino veas pelar...