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Jueces y 'lehendakaris'

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Foto de Garbiñe Biurrun/EFE

A comienzos de marzo de este año, recién elegida secretaria general de Podemos Euskadi, Nagua Alba fue taxativa: "Nuestro objetivo es desalojar al PNV y traer el cambio a Euskadi". A mediados de abril, Podemos Euskadi ofreció a la juez Garbiñe Biurrun la posibilidad de ser su candidata a lehendakari. Una semana después, Biurrun manifestaba que "el objetivo no es echar al PNV". El 3 de mayo, la jueza tomaba su decisión y declinaba la oferta de Podemos.

Podemos, el partido al que los datos de las generales de diciembre y los recientes sondeos señalan como eje vertebrador de las posibles coaliciones que vayan a gobernar en Euskadi tras las próximas autonómicas, quería que una jueza, y no cualquier jueza, fuera su cara pública en la campaña electoral.

Garbiñe Biurrun es un personaje notorio en Euskadi. Una jueza con bemoles, tanto en su actitud profesional como en sus apariciones públicas.

A Biurrun, los medios de comunicación públicos vascos, fundamentalmente ETB, la televisión autonómica vasca, la han aupado al altar de la trascendencia mediática. La han situado en una posición de paladín de las causas sin defensa y de voz de los sin voz, sin perder su seguridad de jueza y su actitud de que no le temblará la mano al tomar decisiones comprometidas.

Pero, ante todo, es jueza, seria, justa, sensata, sin estridencias.

Biurrun acaba de decir "no" a Podemos. Eso, decir "no" a la posibilidad de un nombramiento, resulta extrañamente llamativo en un ámbito, el político, en el que todos parece buscar su sillón.

Esa imagen la necesitaba Podemos. Necesitaba una Carmena. Y se habían fijado en esta jueza que hoy es presidenta de la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco y profesora de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social en la Universidad del País Vasco.

El hecho de que Biurrun haya decidido finalmente no ser la cara de Podemos en las próximas elecciones en Euskadi en otoño de este año, no es una cuestión baladí.

Hay encuestas que sitúan a Podemos con entre 19 y 21 escaños, en un parlamento de 75 escaños, en esas próximas elecciones autonómicas. Pero la figura de Biurrun, por su trascendencia mediática y su papel personal y profesional, podía permitir un hecho trascedente: conseguir los votos más huidizos.

Ahora, la formación morada tiene que volver a empezar. Buscar un mirlo blanco entre independientes o decidirse por situar a uno de los suyos en esa pelea. Hay un cierto miedo de que posibles votantes de Podemos, asustados por su confluencia con Bildu en un escenario postelectoral, puedan decantarse por otra opción más de orden, lo que restaría votos al nuevo partido.

"Nos van a joder. Estamos en un punto de no retorno. Los jóvenes no quieren saber nada de nosotros", afirma un miembro del PNV

La presencia de Biurrun en los carteles electorales ofrecía ese plus de orden que podrían temer perder por el otro lado.

Biurrun se hubiese enfrentado con ciertas garantías a los otros pesos pesados de la política vasca, el excarcelado Arnaldo Otegi empeñado en dulcificar la imagen de Sortu y, en consecuencia, de Bildu, y hacerla más digerible para los votantes, y al propio Iñigo Urkullu, la opción negociadora del PNV y actual lehendakari.

En un escenario post-ETA, en el que el Euskobarómetro señala que la opción independentista pierde apoyos y los que tienen grandes deseos de independencia pasan del 30% al 24%, Otegi sabe que tiene que variar su discurso, que la línea social puede ser más rentable que la independentista en un escenario a corto plazo y que, esa línea social puede ser el catalizador de una posible coalición con Podemos.

En el PNV están nerviosos. Por primera vez han visto la posibilidad de perder el poder de forma definitiva. La coalición PSOE-PP que en 2009 logró la presidencia para Patxi López, fue flor de un día, y el PNV lo sabía en aquella ocasión.

Hoy, las cosas son diferentes. Un viejo político del PNV, bregado en mil batallas, me comentaba recientemente: "Nos van a joder. Estamos en un punto de no retorno. Los jóvenes no quieren saber nada de nosotros. Tenemos los votos que tenemos y no hay dónde crecer. Nuestros mejores tiempos han pasado y ya no volverán. La pinza de Bildu y Podemos nos puede ahogar y convertirnos en secundarios, con todo lo que eso supone."

Es un análisis duro pero no lejano de la realidad. Cierto es que el PNV se ha sabido mover siempre en todo tipo de aguas turbulentas, incluso cuando sufrió la terrible conmoción de la dimisión del lehendakari Garaikoetxea, la división del partido y la creación de Eusko Alkartasuna (hoy parte de Bildu).

Pero es cierto también que el voto joven se inclina por otras opciones, y que al PNV le cuesta cada vez más acceder al recambio generacional en buenas condiciones.

En ese contexto, la riada de votos hacia Podemos que pronostican algunas encuestas, a poco que sean bien gestionados, puede ofrecer un cambio de paradigma en la política vasca. Hasta ahora, el PNV lo ha sido todo, maneja las estructuras políticas, Gobierno y diputaciones, que son las recaudadoras de los impuestos en Euskadi, las estructuras sociales, económicas y los medios de comunicación públicos. Todo pasa por Sabin Etxea, la sede en Bilbao del partido.

Se inicia un nuevo tiempo en la política vasca, un tiempo marcado por los ajustados resultados de los partidos, sin un claro ganador y con la necesidad perentoria de la transversalidad y la unión de diferentes.

La encuesta del Gobierno Vasco realizada en febrero de este año daba como ganador al PNV con 24 escaños, y como segunda fuerza, a Podemos, con 18, pero la del Euskobarómetro de la Universidad del País Vasco ofrecía unos datos más igualados: el PNV se movería en un horquilla de entre 22-23 escaños, y Podemos, entre 19-21. Es decir, cerca del empate.

Una reciente encuesta del ente público vasco EITB ofrecía datos un poco distintos, con un aumento de las posibilidades para el PNV (27), una bajada de expectativa de voto para Podemos (15) igualado con EH Bildu (15) y un reparto de las grandes fuerzas estatales por debajo, PSE (10) y PP (7), con un escaño residual para Cs.

Son, en todo caso, encuestas que marcan muy clara la presencia estructural de Podemos en el panorama político vasco, donde puede ejercer el papel de catalizador de una u otra coalición transversal.

Una candidata impoluta, firme pero abierta al encuentro y a la transversalidad, como quería Podemos con Biurrun, puede suponer inclinar la balanza de los votos hacia el poder. Ahora, eso no va a ser posible.

Hoy la política vasca la marca el PNV con el apoyo directo del PSOE. Entre ambos cuentan con 43 escaños, todo un rodillo para aprobar el presupuesto, año tras año, en una cámara en la que la mayoría absoluta es de 38 escaños.

Tras las próximas elecciones, parece que la suma de esas dos opciones puede no llegar a la mayoría absoluta. Será necesario conformar otras coaliciones, y ahí el escenario se abre a nuevas opciones muy diferentes a lo conocido hasta el momento.

El Partido Socialista y el Partido Popular se han convertido en los últimos años en opciones menores pero, con sus escaños, pueden ayudar a uno u otro de los bloques en su complicada tarea de conformar el nuevo Gobierno.

La unión de estos dos grupos con el PNV podría dar la opción matemática para la conformación del Gobierno. Hace siete años, PSE y PP desplazaron del Gobierno al PNV, y los nacionalistas consideraron aquella una declaración de guerra en toda regla, pero ya se sabe que la política hace extraños compañeros de cama y, sobre todo, que es el arte de lo posible.

El propio lehendakari Urkullu ha manifestado en más de una ocasión su receta de "acercamiento, diálogo y acuerdo".

Se inicia un nuevo tiempo en la política vasca, un tiempo marcado por los ajustados resultados de los partidos, sin un claro ganador y con la necesidad perentoria de la transversalidad y la unión de diferentes. Un tiempo de intensa negociación política, que no es poco, para un territorio azotado durante décadas por el terrorismo y la violencia.