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La clave de Podemos

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Foto de la secretaria general de Podemos Euskadi, Nagua Alba (i), y la candidata a lehendakari por Elkarrekin-Podemos, Pili Zabala. EFE/David Aguilar

La gobernabilidad en Euskadi durante los últimos cuatro años de presidencia de Iñigo Urkullu (PNV) ha sido posible gracias a los 16 escaños obtenidos por el Partido Socialista en las últimas elecciones autonómicas en 2012.

Año tras año, los socialistas han permitido que el PNV aprobara sus presupuestos en la cámara vasca y que el lehendakari Urkullu pudiera completar, con tranquilidad y sin sobresaltos, los cuatro años de legislatura, a pesar de contar únicamente con 27 escaños en un parlamento autonómico en el que la mayoría absoluta se sitúa en 38 escaños.

Eso que a Mariano Rajoy, en el actual panorama multipartido, le cuesta tanto, lograr la suma de escaños para conseguir la presidencia, el PNV lo consiguió sin problemas en la legislatura ahora finalizada.

PNV y PSE han formado un perfecto tándem a la ahora de aprobar la necesaria herramienta democrática que son los presupuestos.

Ahora la situación parece complicarse por la irrupción de un nuevo partido. Efectivamente, la irrupción de Podemos supone un elemento distorsionador en el habitual engranaje político vasco.

Ya en las pasadas elecciones generales, Podemos se convirtió en la fuerza más votada, incluso en Bizkaia, que suele ser el caladero fundamental del PNV.

Las elecciones autonómicas ofrecen de modo habitual un resultado distinto de las generales, como si los votantes supiesen distinguir claramente la verdadera importancia de unas y de otras. Por esa razón, la mera lectura de los datos obtenidos en las elecciones generales no supone que en las próximas autonómicas del 25 de septiembre vayan a ser los mismos, ni siquiera parecidos.

Pero lo que es evidente es que el panorama ha cambiado de modo sustancial. Y, sobre todo, lo ha hecho en ese sector de la izquierda que era campo abonado para Herri Batasuna en tiempos pretéritos y que ahora se convierte en caladero para dos formaciones políticas de diferente signo, EH Bildu por una parte, y Podemos por la otra.

Podemos colocó una piedra en el camino de EH Bildu con la designación de Pili Zabala como candidata a lehendakari. Zabala es la hermana de un asesinado por los GAL, Joxi Zabala. De pronto, los de Otegi veían que la fuerza emergente les arrebataba uno de esos elementos clave en la configuración estratégica y política del mundo radical abertzale.

Hay quienes siguen anclados en discursos que recuerdan pasadas elecciones, cuando la sombra terrorífica de ETA marcaba el día a día.

Ante esa situación, Arnaldo Otegi, que ya había visto, con pasmo y sorpresa, cómo su formación perdía una enorme cantidad de votos en las dos convocatorias electorales de diciembre y junio pasados, se vio obligado a repensar su estrategia y convocó a diez sabios para que le ofrecieran luz en el nuevo camino ante la poderosa entrada de Podemos en Euskadi.

Los sabios ofrecieron su veredicto, y Otegi, tras salir de la cárcel pero inhabilitado para cargos públicos, decidió que la solución al grave problema era situar no a una, sino a tres mujeres como cabezas de lista por Bizkaia, Gipuzkoa y Álava.

Es posible que eso no sea ya suficiente y que, en realidad, Podemos esté obteniendo rédito en el descontento social, económico y político y menos en el derecho a decidir.

Las elecciones autonómicas del 25 de septiembre próximo van a servir para varias cosas, pero resultará fundamental conocer el resultado de la batalla por la izquierda entre EH Bildu y Podemos y la fuerza real que obtenga el PNV en escaños, lo que dará lugar a la nueva composición del Parlamento Vasco y, de rebote, al nuevo Ejecutivo.

Si alguien está acostumbrado a pactar a izquierda y derecha, hacia la independencia o hacia Madrid, es el PNV. Puede abrir las puertas del derecho a decidir con el plan Ibarretxe, el apoyo de Eusko Alkartasuna y diputados de Herri Batasuna, o puede pactar con gente como José María Aznar para investirlo presidente.

En la situación posterior a las próximas elecciones autonómicas, el PNV deberá sacar su maquinaria negociadora inmediatamente después de conocer el resultado final, tanto si aciertan las denostadas encuestas, que aseguran mantendrá su actuales 27 escaños, como si varía ese resultado.

En todo caso ,parece imposible que se acerque a la mayoría absoluta, situada en 38 escaños, para lo que necesitará el apoyo explícito de varias fuerzas. La encuesta del CIS ofrece un empate a escaños, 16, entre EHBildu y Podemos, y un empate de perdedores, 8 escaños, para PSE y PP.

Es evidente que la comodidad de un apoyo anual a los presupuestos como le garantizaba el Partido Socialista se ve muy difícil. Tanto EHBildu como Podemos van a exigir mucho más, y en ese ámbito, las negociaciones prometen ser duras y complejas.

Las encuestas parecen abrir espacios también para un posible Gobierno de izquierda apoyado en el Parlamento Vasco por Podemos, EHBildu y PSE con una mayoría cómoda de 40 escaños. Pero esa posibilidad se esfuma en tanto que el PSE debería explicar en clave española su posible acuerdo con el apestado Otegi.

Por contra, el candidato del PNV, el actual lehendakari Iñigo Urkullu, se preocupa mucho en remarcar los objetivos de futuro: "Crecer para consolidar las políticas públicas de Sanidad, Educación y Protección Social". Parece haber entendido claramente lo que la sociedad demanda.

Otros, en cambio, siguen anclados en discursos que recuerdan pasadas elecciones, cuando la sombra terrorífica de ETA marcaba el día a día.

Las piezas del tablero siguen siendo favorables a que el PNV se mantenga una vez más al frente de la política vasca, siempre que juegue sus piezas adecuadamente. Como decía aquél, en ajedrez uno solo puede llegar a ser Gran Maestro si es capaz de reconocer sus errores, seguramente como en la vida.