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Las razones de Urkullu

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URKULLU ELECCIONES
EFE
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Algo serio ha pasado por la cabeza de Iñigo Urkullu para convocar las elecciones autonómicas el último domingo de septiembre, precisamente el mismo día en el que debía celebrarse el Alderdi Eguna, la fiesta anual del PNV que ahora tendrán que trasladar a otra fecha.

A Urkullu le gusta cuidar mucho su papel institucional, y el hecho de que adelante las elecciones a una fecha tan singular y se olvide de hacerlo en su justo momento, finales de octubre, esconde algún mensaje secreto. Y ese algo no es sólo la incertidumbre que se cierne en la política estatal, con un Rajoy perdido y solitario en su mayoría parlamentaria y con una posibilidad evidente de terceras elecciones.

Cierto que al PNV lo que menos le interesa es confundir a su electorado con elecciones coincidentes, y que trata de alejar al máximo sus autonómicas de unas posibles nuevas generales en otoño. Pero es cierto también que el PNV ha perdido dos elecciones recientemente en favor de Podemos y este factor resulta, cuando menos, intrigante.

Urkullu sabe que las elecciones autonómicas son otra cosa, que su partido siempre ha sacado músculo en esos comicios internos, y confía en que los inquietantes resultados obtenidos en las dos últimas consultas generales se conviertan en buenas noticias el próximo 25 de septiembre. Que ese día sea, de verdad, un Alderdi Eguna, pero para festejar los resultados de su partido.

A Urkullu le gusta cuidar mucho su papel institucional, y el hecho de que adelante las elecciones a una fecha tan singular y se olvide de hacerlo en su justo momento, finales de octubre, esconde algún mensaje secreto.

Y es que, no lo olvidemos, en la últimas elecciones generales, las del 26 de junio, Podemos fue el más votado en la comunidad autónoma vasca con el 29,05% de los votos, mientras que el PNV se tuvo que contentar con el 24,91%. En esa ocasión, el PNV pasó a ser segundo incluso en Vizcaya, su territorio clave.

Convocar elecciones en septiembre supone un cierto riesgo para quien no tenga los deberes hechos porque en medio está el periodo políticamente inhábil de agosto y en los primeros días de septiembre los ciudadanos suelen estar más preocupados por el jet lag laboral y la terrible vuelta a la normalidad que de otra cosa.

No ha debido ser fácil la decisión de la fecha electoral tomada por Urkullu. Quizá haya también un cierto deseo de pillar con el pie cambiado a algunos competidores. Podemos, la primera fuerza en las dos últimas elecciones, no tiene todavía candidato a lehendakari.

EHBildu y Arnaldo Otegi en concreto están en pleno proceso de reestructurar su programa político con la ayuda de diez asesores de lujo. Su plan era presentarlo en septiembre, como anunciaron hace unos días, pero ahora deberán acelerar el proceso. Precisamente uno de esos asesores de Otegi es Iñigo Iruin, habitual abogado defensor de presos abertzales que fue también representante legal de las familias de Lasa y Zabala, los dos jóvenes asesinados en 1983 por los GAL.

Convocar elecciones en septiembre supone un riesgo para quien no tenga los deberes hechos porque los ciudadanos suelen estar más preocupados por el jet lag laboral y la terrible vuelta a la normalidad.

Y Podemos, que ya había dado un primer susto con los resultados electorales a EH Bildu, le dio un nuevo susto con la propuesta de Pili Zabala, hermana de uno de los dos asesinados, como candidata a lehendakari. Cierto es que eso tiene que someterse a unas primarias, pero se trata de una candidata que puede hacer mucho daño a las aspiraciones electorales de la izquierda abertzale.

Como se ve, dos partidos clave como son Podemos y EHBildu están en plena efervescencia. A ambos les hubiera convenido que Urkullu mantuviera el final exacto de la legislatura como fecha electoral, que es lo que parecía venir. No ha sido así, y ahora deberán acelerar sus preparativos para presentarse en las mejores condiciones a la nueva cita con las urnas.

De ellas va a salir un Parlamento vasco muy diferente al actual. La presencia con poder estructural de Podemos parece garantizada, aunque se produzca una adecuación en votos con respecto a las generales. En ese nuevo parlamento seguro que el PNV volverá a jugar un papel decisivo, incluso con menos escaños, se moverá a un lado y a otro para buscar alianzas coyunturales si no puede lograr pactos de legislatura.

Recordemos que, en la legislatura que ahora termina, el PNV ha gobernado con sólo 27 escaños en un parlamento de 75. Ahí tiene el desesperante Rajoy un ejemplo de cómo negociar de verdad. El PNV obtuvo el apoyo continuado año tras año del Partido Socialista para aprobar los presupuestos, tras la correspondiente negociación. Pero es que este pasado mes de abril el propio PNV aprobó, con los votos de EHBildu, la ley municipal, votada en contra por los socialistas.

En Euskadi los acuerdos transversales llevan tiempo funcionando, es la única forma de poder gobernar con fundamento en una sociedad, afortunadamente, compleja.