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Sorpasso, sorpresa y sorpresita

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Foto de Nagua Alba y Eduardo Maura, dirigentes de Podemos en Euskadi/EFE

El único sorpasso de las pasadas elecciones se dio en Euskadi, donde Unidos Podemos logró más escaños que el PNV para el Congreso y más senadores.

Ya lo recordó Pablo Iglesias en su aciaga noche electoral tras el recuento de votos: "Hemos ganado en Euskadi".

De hecho, Podemos ya había sido el vencedor en esa comunidad autónoma en las anteriores elecciones del 20D con un buen número de votos que pusieron a temblar al hasta entonces imbatible PNV.

En esta repetición de la jugada que han sido las elecciones del 26J, Podemos, ahora Unidos-Podemos, vuelve a revalidar el título de partido más votado por los vascos con 333.730 votos. mientras que el PNV se sitúa en segunda posición con 286.25 votos.

El PNV pasa a ser segundo incluso en Bizkaia, su territorio fetiche, allí donde nació su fundador Sabino Arana y allí donde siempre ha sido la fuerza hegemónica.

La sorpresa se produce en el territorio de la izquierda abertzale. EH-Bildu pasa a ser la cuarta fuerza, pierde el tercer puesto en beneficio del Partido Socialista y lo hace con una cantidad de votos que da que pensar. De los 184.186 obtenidos en el 20D a los 152.782 logrados en estos últimos comicios. ¿Qué significa?

Los de Arnaldo Otegi están ya reunidos a puerta cerrada hasta dar con la clave o las claves que les hacen perder votos en un panorama de paz y convivencia.

La sorpresita, es ese aumento en votos que obtiene el PSE, de los 161.988 del 20D a los 163.628 del 26J que, con la que está cayendo en el Estado -que se lo pregunten a Susana Díaz que, con más de 77.000 votos perdidos se permite explicaciones peregrinas alejadas de la autocrítica-, no es moco de pavo.

Alguien en Moncloa, Génova, Ferraz o en Princesa debería tomar nota de la capacidad del PNV de negociar aquí y allí, de cambiar la estrategia de pactos en busca de la gobernabilidad.

Lo del ligero aumento del PP, pasa de 142.127 a 147.639 votos, aunque es una sensacional noticia para los populares vascos, no lo catalogamos de sorpresita porque, al fin y a la postre, se trata de un vagón más del mismo tren que ha llevado a Rajoy a obtener una victoria más clara que la del 20D.

Estas elecciones generales en Euskadi tenían una segunda lectura muy importante ya que los partidos se preparan para las próximas elecciones autonómicas que se celebrarán el próximo otoño.

Se trataba de ver cómo se situaban los diferentes partidos en la parrilla de salida de la próxima cita electoral autonómica que servirá para conocer quien va a ser el inquilino de Ajuria Enea.

Hoy el PNV gobierna en solitario con 27 escaños en un Parlamento Vasco cuya mayoría absoluta se sitúa en 38, y lo hace porque, año tras año, logra el apoyo del PSE, con sus 16 escaños, a los presupuestos.

Los correligionarios del actual, Iñigo Urkullu consideran que en las elecciones autonómicas las aguas volverán a su cauce, y ese no es sino que la hegemonía vuelva al PNV. Algo que parece ciertamente difícil en la porrusalda de partidos que se ha convertido la comunidad autonómica vasca.

Lo que sí parece vislumbrarse es un nuevo panorama, un panorama de pactos transversales entre diferentes, necesarios para conformar un ejecutivo que permita la gobernabilidad con un amplio apoyo parlamentario.

Y en esto, los vascos sí pueden dar ejemplo. El propio PNV ha gobernado junto con sus escindidos de Eusko Alkartasuna o con el PSE. Hasta Rosa Díez fue consejera con el lehendakari Ardanza, que tuvo como vicepresidente al socialista Ramón Jáuregui. El Gobierno vasco ha conocido incluso un pacto entre socialistas y populares para llevar a Patxi López a la Presidencia.

Alguien en Moncloa, Génova, Ferraz o en Princesa debería tomar nota de la capacidad del PNV de negociar aquí y allí, de cambiar la estrategia de pactos en busca de la gobernabilidad.

En la nueva situación política que han generado tantos las generales del 20D como la del 26J, los antaño protagonistas del bipartidismo harían bien en caer en la cuenta de que, cuanto antes acepten la necesidad de pactos transversales de verdad, antes llegarán a la solución de la verdadera gobernabilidad.