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Tras las elecciones vascas

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Foto: EFE

El PNV ha ganado las elecciones con un resultado extraordinario. Dos escaños más que en las pasadas autonómicas, cuando además se ha producido la irrupción de un partido nuevo, como Podemos, con 11 escaños.

Esa gran victoria, a enorme diferencia de la segunda opción, le sitúa ante un escenario muy cómodo, sobre todo si consideramos el temblor que produjeron en Sabin Etxea, la sede del PNV, los resultados de las dos elecciones generales del 20D y del 26 J.

Con los escaños obtenidos, 29 PNV, 17 EHBildu, 11 Podemos, 9 PSE y 9 PP, Iñigo Urkullu tiene muy fácil repetir como lehendakari. En Euskadi, además, la elección del jefe del Ejecutivo no necesita de mayorías absolutas, salvo en la primera votación. En la segunda no hay posibilidad de vetos, los parlamentarios sólo pueden votar a favor, en blanco o abstenerse, y el que obtenga más votos es investido lehendakari. Así que Urkullu lo tiene asegurado.

Otra cosa es gobernar, y ahí también se le ponen las cosas fáciles al actual lehendakari en funciones, porque los votos del PSE, que en la pasada legislatura le han permitido aprobar año tras año los presupuestos, le permiten en ésta la mayoría absoluta de 38 escaños.

¿Será esta la vía elegida por el PNV? En la noche electoral, en medio de la alegría inenarrable tras la sonada victoria, Andoni Ortuzar, presidente del Euskadi Buru Batzar, órgano ejecutivo del PNV, aseguró que aceptaban la victoria con humildad, "apaltasunez", dijo en euskera. Y esa s una clave esencial.

El voto obtenido por el PNV ha sorprendido en el propio partido porque las previsiones eran otras, más pesimistas. Por eso se entiende la euforia de la noche electoral y es comprensible ese mensaje de humildad en el sentido de que los vascos han dado su confianza a algo más que a unas siglas.

Iñigo Urkullu se ha apoderado de todo el espacio de centro político en Euskadi con una actitud moderada tanto en los hechos como en las formas.

En la búsqueda de las claves de esa clara victoria hay que hacer hincapié en la idea que tanto Ortuzar como Urkullu mantuvieron durante la campaña sobre la diferencia entre la ingobernabilidad en Madrid y la gobernabilidad en Euskadi con acuerdos entre diferentes. Es esa una clave decisiva. Ha calado entre los votantes.

Urkullu se ha mantenido en el Gobierno sin problemas, con dos escaños menos que los obtenidos ahora, gracias a un acuerdo transversal con una fuerza claramente diferente como es el Partido Socialista.

Pero hay más. Iñigo Urkullu se ha apoderado de todo el espacio de centro político en Euskadi con una actitud moderada tanto en los hechos como en las formas. Y eso ha sido posible gracias al equilibrio de las dos almas que coexisten dentro del PNV la pactista y la soberanista.

Hace tiempo, Urkullu decidió que la vía vasca debía ir por otro camino diferente de la catalana. Al lehendakari le gusta decir que se hace patria día a día, y lo repitió en la misma noche de la victoria electoral. No es partidario de una política de frentes, sino del acuerdo entre diferentes. Y ese discurso le aleja de EHBildu que ya ha puesto sus 17 escaños a disposición del PNV para conformar una mayoría soberanista en el Parlamento vasco.

Difícilmente va a ocurrir eso. De hecho Urkullu precisó que las prioridades son seguir luchando contra la crisis económica, seguir generando empleo, consolidar el modelo social vasco, asentar la paz y la convivencia, reforzar el papel fundamental de la industria vasca, aumentar la competitividad, crecer en Europa y con Europa y lograr un pacto de país, y no un pacto que abra una política de frentes.

Tiene claro que su referente hoy no es la vía catalana, sino un "nuevo pacto con el Estado, de igual a igual, desde la bilateralidad  con garantías, que suponga el reconocimiento de la realidad nacional  de Euskadi".

Esto le separa claramente del discurso de Arnaldo Oteri, quien quiere copiar, tal cual, el proceso catalán en Euskadi.

Queda ahora por ver cómo se conforma el nuevo estatus político en Euskadi. Urkullu será elegido próximamente lehendakari sin problemas, pero en medio de la victoria no quiso adelantar si su objetivo es volver a repetir Gobierno en solitario con apoyos puntuales, o si se decantará por un Gobierno de coalición en una mayor línea de transversalidad y en esa búsqueda de un pacto de país, una suma entre diferentes, una política de acuerdos, como exigen los ciudadanos a los políticos.