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Trump y Castro sortean la primera perturbación

17/08/2017 07:42 CEST | Actualizado 17/08/2017 07:42 CEST

EFE

La prudencia de la Administracion Trump al abordar la sospechosa enfermedad de funcionarios de la embajada de Estados Unidos en La Habana a finales de 2016, así como la mesura del Gobierno de Raúl Castro ante la expulsión de dos diplomáticos de la sede de Cuba en Washington el 23 de mayo sugieren el interés de ambas partes por preservar los canales de conversación y por progresar en temas de mutuo interés.

El incidente ocurrió en un momento complicado debido a la finalización del segundo mandato de Obama después de arduas negociaciones y de la visita del presidente a La Habana, así como por el comienzo de Trump, presionado por los legisladores cubanoamericanos para que revirtiera el cambio de política hacia el Gobierno de Cuba. Ciertamente, también ha existido una amplia demanda de legisladores de los partidos Demócrata y Republicano, agricultores, comerciantes, empresarios y otros sectores para que Trump viabilice el avance de sus intereses en la isla.

Asimismo, se mantienen los motivos que llevaron a Raúl Castro al acercamiento a Estados Unidos, incrementados por la urgencia de lograr condiciones favorecedoras para el turismo, los intercambios comerciales, financieros y, eventualmente, inversiones norteamericanas, a causa de la agudización de la crisis económica en Cuba y por la disminución y futura pérdida de las ventajas aportadas por Venezuela.

Trump presentó su política hacia el Gobierno de Cuba el 16 de junio en Miami, rodeado de cubanos integrantes del exilio y de la disidencia interna que han sostenido los enfrentamientos más fuertes con los gobernantes en Cuba. No obstante, la mayoría de las medidas de Obama no se vieron afectadas. Las restricciones a los viajes individuales de norteamericanos y la prohibición de negocios con empresas de militares anunciadas se espera que comiencen a aplicarse en septiembre.

El retorno a la confrontación entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos podría contribuir a cerrar el camino a las fuerzas de cambio.

El 9 de agosto, la portavoz Heather Nauert contestó a un periodista que el Departamento de Estado conoció por primera vez el tipo de síntomas presentados por varios funcionarios de la embajada en La Habana a fines del año pasado, y anunció la expulsión de dos diplomáticos cubanos el 23 de mayo del presente año. Luego, esa cancillería emitió un comunicado donde se exponía que el Gobierno cubano había asegurado que también estaba investigando y tomaba las medidas apropiadas, al igual que se supo que investigadores de Estados Unidos viajaron en coordinación con las autoridades de Cuba para saber lo que había ocurrido. Según medios de prensa, podría tratarse de la pérdida de la capacidad auditiva causada por algún aparato de señales infrasónicas. Brianne Maxwell, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Canadá también reconoció extraños síntomas que afectaron al personal canadiense y a sus familias en La Habana. Ese día, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba emitió una declaración donde negaba cualquier participación en los hechos y anunciaba la creación de un comité interinstitucional de expertos para el analizar lo que había ocurrido. Además, exponía que el 23 de mayo había presentado una protesta al Departamento de Estado de EEUU por la "injustificada e infundada decisión" de que dos diplomáticos abandonaran el territorio de Estados Unidos.

Si realmente los funcionarios recibieron ataques con equipos o sustancias nocivas podría tratarse de provocaciones del sector opuesto al acercamiento con Estados Unidos o excesos del aparato de la Seguridad del Estado, acostumbrado a acciones extrañas contra la disidencia y extranjeros, incluidos los diplomáticos, como las escuchas, el seguimiento y la revisión de las casas, muchas veces intencionalmente evidentes.

El retorno a la confrontación entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos podría contribuir a cerrar el camino a las fuerzas de cambio con posibilidades de integrar los Consejos de Estado y de Ministros cuando Raúl Castro posiblemente deje la presidencia el 24 de febrero de 2018 -aunque permanecería como primer secretario del Partido Comunista-. El ambiente positivo hacia Estados Unidos entre la población cubana se resentiría y se complicarían las posiciones de América Latina para procurar la solución al conflicto en Venezuela. Indudablemente, resulta imprescindible dilucidar lo ocurrido en el mencionado incidente.