Montserrat Domínguez

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Asuntos no tan internos

Publicado: 21/01/2013 07:00

Rick: ¿Con qué derecho me cierra usted el local?


Capitán Renault: ¡Qué escándalo! ¡Qué escándalo! ¡He descubierto que aquí se juega!

Croupier: Sus ganancias, señor.

Capitan Renault: Muchas gracias. ¡Todo el mundo fuera, ya!
Casablanca, Michael Curtiz, 1942

Queda apenas un mes para que se celebre el Debate sobre el Estado de la Nación; el primero de esta legislatura; en los escaños apenas quedan diputados pata negra con los que contrastar lo que me comentaba un veterano político, recién estallada la bomba Bárcenas: "Cuando llegamos al gobierno, en 1982, Leopoldo Calvo Sotelo nos dijo en un aparte: tenemos que arreglar ésto". Esto eran los sobresueldos que cobraban, por supuesto en negro, algunos diputados.

Desde entonces, la situación de los diputados se ha regularizado: de hecho, ahora siguen cobrando "sobresueldos" perfectamente legales -y algunos exentos de tributación-, como los que reciben en concepto de complementos, dietas, taxis, de ayudas a alojamiento o al transporte, o en especie -Ipad y Iphone- que pueden triplicar su sueldo. Nada distinto a lo que hacen muchas empresas privadas, y los propios partidos políticos, que a través de gastos de representación pueden engrosar de manera notable las nóminas de sus cargos.

Lo que ha destapado el juez Pablo Ruz al encontrar las cuentas suizas de Luis Bárcenas, y El Mundo al publicar que el extesorero popular pagaba sobresueldos a los dirigentes de Génova 13, es la sospecha de que el PP ha mantenido durante años una Caja B de la que se han beneficiado, sin dar cuentas a Hacienda, quienes día tras día piden a los ciudadanos más y más esfuerzos al tiempo que acusan a los rivales políticos de corruptos y despilfarradores. Y aunque fuera cierto que han sido Mariano Rajoy y Maria Dolores de Cospedal quienes han acabado con esas prácticas, y que son ellos los que sufren ahora una ofensiva interna -fuego amigo de quienes nunca han aceptado el resultado del Congreso de 2008-, el daño para el partido puede ser inmenso. Rajoy y Cospedal se encuentran ante la disyuntiva de intentar circunscribir a Bárcenas las prácticas irregulares, algo complicado ante quien ha controlado durante 20 años los dineros del aparato, o levantar las alfombras y mostrar lo que hay debajo: años de gestión opaca e ilegal en el mismo corazón del partido.

Pero no tienen elección. Ni la ironía -"¡Sí, hombre!"- ni las palabras grandilocuentes -"No me temblará la mano"- serán suficientes para calmar la indignación que se extiende por la calle y la desafección dentro del mismo partido, entre los militantes y los encargados de aplicar los duros recortes sociales. De igual forma, el PSOE no pueden contemporizar y aplicar la máxima de "perro no muerde perro" cuando se toca el espinoso asunto de las finanzas de los partidos. Rubalcaba ha tardado en reaccionar, pero tampoco le ha quedado otra opción, aunque sabe que lanzar la artillería pesada contra el PP por el caso Bárcenas puede activar el ventilador del "y tú más", con el que Cospedal ya está amagando. Los dos partidos están obligados ahora a llegar a acuerdos que refuercen al Tribunal de Cuentas y la Fiscalía Anticorrupción, y a que la Ley de Transparencia entre cuanto antes en el parlamento y se convierta no en mero maquillaje, sino en una eficaz herramienta para acabar con la opacidad en los contratos de las Administraciones Públicas, la mejor medicina para evitar prácticas corruptas

Queda un mes para el debate sobre el Estado de la Nación, que nunca se habrá celebrado en una atmósfera de descontento social y crisis económica, política y de confianza en las instituciones tan enrarecida. Claro que visto lo visto en los últimos días -el escándalo Bárcenas ha sepultado otro: el increíble e injustificable indulto concedido por Gallardón a un conductor kamikaze- , en estas cuatro semanas las cosas son susceptibles de empeorar más aún. Qué pena.

 

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