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Y Pedro Sánchez sacó su fusil

24/02/2015 20:08 CET | Actualizado 26/04/2015 11:12 CEST

Se abre el telón de este último acto de la legislatura: bienvenidos al rock and roll de la campaña electoral, versión parlamento. Porque hay otros ritmos que pegan fuerte, pero el hiphop que entusiasma a los escépticos se entona extramuros.

Hemos visto a un Rajoy vestido para epatar: ha salvado a España de la quiebra y de las terribles consecuencias del rescate, por fin crecemos y creamos empleo con bases sólidas, somos el ejemplo de Europa, los campeones contra la corrupción, y ya podemos aflojar el cinturón relajando impuestos, repartiendo cheques familiares y dando segundas oportunidades a los que no pueden más, pero... ¡ojo! que los demagogos pueden dar al traste con esta gran realidad y el brillante futuro que nos espera.

Rajoy lanza dardos afilados a la Grecia de Syriza, al PSOE, a Ciudadanos, a Podemos, a CIU y ERC -cuando se refiere a Cataluña y el "evento propagandístico" del 9N-. En su noveno discurso sobre el Estado de la Nación, en el último tramo de la legislatura más convulsa de los últimos tiempos, emplea sus mejores armas dialécticas para arrinconar a sus rivales en el lado oscuro, en esa España "negra" que él asegura no reconocer. A fuerza de embellecer hasta el paroxismo los datos económicos y laborales, Rajoy parece genuinamente entusiasmado con la otra España, esa España exhausta y feliz que ha evitado el abismo.

La función continúa con el estreno del aspirante; un Pedro Sánchez que emana energía mientras golpea los puntos débiles del adversario y suelta como metralla todas las palabras tabú para el presidente: Bárcenas, aborto, rescate, pobreza, precariedad, desigualdad, recortes, cultura... "Salga del plasma, Sr. Rajoy, pise la calle", le recomienda. Su párrafo más doloroso es el que habla de la ruptura del pacto intergeneracional, el que fiaba el progreso y bienestar del país en el esfuerzo, la solidaridad y el trabajo. A la hora de destilar lo que ha sido esta legislatura es un retrato tan desalentador como certero.

No sabemos si es el fondo o la forma del discurso de Sánchez lo que saca de sus casillas a Rajoy. Aprovecha en la tribuna para recordarnos que también estamos de campaña en Andalucía -el veterano socialista Manuel Pezzi debía intuir que venían olas porque saca una bandera verdiblanca y se envuelve en ella-; tira del manido recurso de la herencia recibida y acaba por descalificar de manera agria al pretendiente: "No da la talla para ser presidente", "No dice nada sensato", y finalmente: "No vuelva usted aquí a decir nada. Ha sido patético". Rajoy se ríe del error de principiante de Sánchez al leer su réplica, pero acaba encajando perfectamente en el traje que éste le ha dibujado: un presidente displicente y despectivo.

Lo más curioso ha sido escuchar de boca de Rajoy el nombre de la persona a quien hasta ahora más ha ninguneado. En su réplica a Sánchez, no tarda ni un segundo en citar a Pablo Iglesias, lo que demuestra la fuerza gravitacional de Podemos, ese agujero negro que se traga todo lo que se aproxime. Y al citarle, conjura el tono decadente y fin de siècle de este debate, en el que los líderes emergentes -Iglesias y Albert Rivera- están fuera del hemiciclo. Posiblemente, el último debate de la era del bipartidismo.

¿La nación? Ah, es cierto, se debate sobre España, 2015, Año VIII de la Gran Crisis. De momento, Rajoy ha resucitado algunos proyectos que dormitaban en Moncloa y ha hecho una propuesta francamente interesante: la ley de Segunda Oportunidad. De los detalles dependerá que tenga un auténtico calado para los ciudadanos en apuros, o que se quede a un simple retoque cosmético. Pedro Sánchez se ha centrado más en la crítica que en las alternativas, y el debate continúa mientras escribo estas líneas... Hay voces nuevas, y muchas quinielas sobre quién estará, y quién no, en el debate sobre el estado de la nación 2016.

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