Montserrat Domínguez

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La fuerza de la sociedad civil

Publicado: 12/11/2012 07:01

"No todo está perdido si somos conscientes de nuestra capacidad para actuar en nuestro ámbito personal de acuerdo con unas mínimas exigencias éticas. Eso es sociedad civil, eso es democracia."


Este es el comentario que firma Asmodeo, un lector del Huffpost, del centenar que ha suscitado la crónica de Rodrigo Carretero de este domingo sobre la resistencia cada vez mayor de jueces, cerrajeros, policías, médicos, abogados, farmacéuticos o empleados de banca a cumplir con sus obligaciones profesionales, cuando éstas repercuten en los ciudadanos más desprotegidos frente a la crisis. El suicidio de Amaia Egaña en Barakaldo, justo antes de ser desahuciada, ha tocado nervio en una sociedad angustiada y preocupada por las consecuencias de la crisis económica. Ya sea nivel personal, o amparados en un colectivo, cada vez suenan más voces que además de protestar, actúan en su entorno directo para ejercer presión e intentar cambiar un sistema que no está siendo capaz de dar respuestas a una situación excepcional.

Al comentario de Asmodeo le siguen en el hilo otros muchos; unos llaman a la desobediencia civil, la mayoría critica con amargura a los políticos o a los banqueros, algunos ven necesario sumarse a la huelga general convocada para este miércoles, mientras otros se preguntan: y después del 14N, ¿qué?

La huelga general del 14N, convocada también en Portugal y de manera parcial en Italia, tiene entre sus objetivos hacer visible el descontento por las políticas de austeridad extrema impuestas por el gobierno, y que esa imagen llegue también nítidamente a Europa y sus centros de poder, principales impulsores de estas medidas. El día después, la sociedad civil tiene que seguir encontrando las vías para demostrar que las cosas pueden y deben hacerse de otra manera.

Hoy lunes, gobierno y PSOE se reúnen para abordar medidas urgentes que atajen la sangría de los desahucios. Las entidades bancarias -después de la decisión de Kutxabank de paralizar las ejecuciones hipotecarias- también están moralmente obligadas a encontrar salidas a este drama social. No pueden dejar de hacerlo tras beneficiarse ellas mismas de cantidades ingentes de dinero público para resolver sus problemas de liquidez, o de mecanismos como el llamado banco malo, que previsiblemente se pondrá en marcha esta misma semana, para limpiar sus balances del lastre inmobiliario. No vale ya ampararse en la letra de la ley, que tan bien les ha protegido hasta ahora; deben tomar la iniciativa para arbitrar soluciones que no agraven la crisis social.

Si la política sirve, básicamente, para solucionar problemas, esta semana es decisiva para que nuestros políticos recuperen su maltrecha imagen encontrando la forma de evitar que cientos de familias pierdan su vivienda. Si lo consiguen, les felicitaremos, pero sin olvidar que ha sido la sociedad civil -los afectados, las asociaciones y plataformas que se han creado en torno a ellos y les han dado voz, los abogados y magistrados que se han movilizado por esta causa, hasta el policía y el cerrajero que han dicho ¡basta!- quienes han hecho posible el cambio. Eso, como dice Asmodeo, es sociedad civil: eso es democracia.

 

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