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Un año de El Huffpost

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"Un periodismo que no defienda su derecho a ofender, que no pellizque narices y se ría del emperador desnudo, no merece ser defendido. Un periodismo que no defienda a los débiles se convierte pronto en una herramienta del poder. Igualmente, un periodismo demasiado arrogante como para truncar carreras sin un fin justificado, encontrará que su propia existencia es una miseria.

El periodismo debe ser una celebración de la vida en su variedad más vibrante, caótica y exuberante. Llama a la gente al circo y se hace aburrida por su pretensión y altivez. Los periodistas no están para decidir a quien absolver en un mundo fallido ni para guiarnos hacia una manera de vivir mejor. Existen para contarnos quiénes somos y cómo vivimos."

Podría explicarlo de mil formas distintas, pero no mejor.

Cuando me preguntan qué es El Huffington Post, qué tipo de periodismo hacemos o con qué estamos comprometidos, siempre tengo en mente estas palabras que el periodista, ensayista, historiador y expolítico canadiense Michael Ignatieff pronunció en noviembre en Madrid, al recibir el Premio de Periodismo Francisco Cerecedo.

El Huffington Post cumple un año de vida, y ahora sabemos que la intuición resultó ser cierta: había hueco en el panorama de los medios digitales en español -que tanto está creciendo- para un diario online provocador, irónico, pegado a la actualidad y sin complejos para narrarla de una manera distinta. Un medio que quiere contar quiénes somos y cómo vivimos, sin altivez; pellizcar a los poderosos sin acobardarse, dar voz a los más débiles en vez de criminalizarlos o despreciarlos, entender el componente emocional de lo que ocurre sin caer en el sensacionalismo, y apostar porque el rigor no es incompatible con el sentido del humor.

A los periodistas nos toca narrar estos tiempos duros y complejos que se ceban con los más débiles. Los titulares de este año escuecen: el drama del paro, el exilio de nuestros jóvenes, los desahucios, la aparición de niños malnutridos en nuestros colegios, el aumento de la desigualdad y la pobreza, los recortes en educación y sanidad, la merma de los derechos civiles... Nos toca contarlo, y hacerlo despojando de eufemismos la cansina retórica política. La gran aportación de El Huffington es que esta narración ya no sólo la hacemos los periodistas, por esencial que sea -y seguirá siendo- nuestro hermoso y extenuante oficio.

A lo largo de este primer año, cerca de 400 blogueros han escrito en el Huffpost de lo que nos ocurre: en primera persona, científicos y estudiantes, políticos y economistas, cómicos y escritores, ingenieros y cineastas, artistas y médicos, cocineros y jueces, periodistas, mineros y profesores, activistas e intelectuales nos han invitado a reflexionar y a debatir en los cerca de dos mil posts publicados. Sus blogs lanzan una idea que se difunde entre los lectores; muchos de ellos -la vibrante Comunidad del Huffpost- comentan sus artículos, los comparten a través de las redes sociales y su chispa provoca y enriquece el debate: son medio millón de comentarios en un año. Contar, opinar o analizar lo que ocurre ya no es una labor exclusiva de los periodistas o los articulistas habituales: cualquiera está invitado a hacerlo en El Huffpost, como lo hacen en Twitter y Facebook. Gracias, blogueros; gracias, lectores. Sería impensable El Huffington Post sin vosotros.

Los blogs y las redes sociales están en el ADN del Huffpost, como lo están las nuevas herramientas de la información online, impensables hace apenas unos años: los enlaces a otros medios para destacar y reconocer sus mejores informaciones; los live-blogs que nos permiten hacer coberturas en directo de grandes acontecimientos, actualizados al minuto; los debates, votaciones y encuestas que aportan valor añadido a la información; las galerías que recogen los mejores tuits, vídeos o fotos sobre los asuntos más calientes. Son las nuevas herramientas que esta redacción de periodistas jóvenes y comprometidos sabe conjugar con las tradicionales del oficio -rigor, perseverancia, olfato, criterio-, y que cristaliza en las informaciones que cada día lanza El Huffpost.

"Este es un país enfermo de solemnidad", le he oído decir en varias ocasiones a mi colega Carles Francino. Nosotros no aspiramos a ser solemnes, ni a salvar este mundo fallido, ni a dar lecciones. Nos apasiona contar lo que ocurre, descubrir lo que algunos no quieren que se cuente, compartir lo que nos divierte de este mundo global, y escuchar lo que los lectores quieren decirnos.

Más de 2.800.000 de navegadores únicos el pasado mes de mayo, según Omniture (en torno a 1.700.000 de usuarios mensuales, según la estimación de Comscore) nos demuestran que acertamos al apostar por un proyecto tan innovador como El Huffpost, que ya cuenta con 70.000 fans en Facebook y 121.000 seguidores en Twitter. Para todos, hemos creado una página especial de nuestro primer aniversario, que os invito a descubrir si la curiosidad os empuja a querer saber más sobre El Huffpost, mucho más de lo que cabe en este post. Nos encantará leer -y ver en vídeo- vuestros comentarios, críticas y reflexiones.

Este año, la marca Huffington se ha extendido, y a las ediciones de EE.UU, Canadá, Reino Unido y Francia se han sumado Italia y Japón. Pronto será el turno de Alemania, y seguimos creciendo. Compartimos noticias, contenidos y el mismo espíritu, pero con una personalidad diferenciada en cada país, lo que nos convierte en el más global de los medios de comunicación online.

Nos queda mucho por hacer. Juntos. Gracias a todos.


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