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Ya llevo dos años lidiando con la muerte de mi madre

Mamá no ha desaparecido de mi vida: ha pasado a formar parte de ella.

08/11/2017 07:24 CET | Actualizado 08/11/2017 07:24 CET

Todavía no puedo creerme del todo que ya hayan pasado dos años desde que murió mamá. En algunas ocasiones, aún me parece que fue ayer cuando pasó. En otras, parece que fue hace un montón de años.

¿Se va haciendo más llevadero? Puede ser.

Siempre he creído que el duelo no se llega a superar nunca, sino que aprendes a vivir con él. Y vas por la vida lidiando con ello lo mejor que puedes. Han pasado dos años desde entonces y sigo pensando igual. No lo he superado, no lo he dejado atrás, pero estoy aprendiendo a convivir con ello.

Ya no rompo a llorar cuando veo a una mujer de la edad de mamá saboreando palitos de queso crujientes. Ni cuando veo a alguna persona con cáncer haciendo sus compras por el súper. Las punzadas de duelo empiezan a quedar atrás. Cada vez cojo menos el teléfono para llamar a mi madre olvidándome de que ya no puedo hacerlo.

Pero todo eso no significa que ya esté superado.

Lloré cuando me enteré de que papá había donado uno de sus libros favoritos de recetas navideñas a una tienda de beneficencia. Menos mal que tengo una tía maravillosa que logró reponerlo antes de que pasara una semana (en ese momento también lloré). También lloré cuando tuve que hacer frente hace poco a varios problemas de salud importantes y lo único que me apetecía era uno de sus abrazos. Aún me cuesta cuando a un desconocido le diagnostican cáncer.

Las punzadas de duelo empiezan a quedar atrás. Cada vez cojo menos el teléfono para llamar a mi madre olvidándome de que ya no puedo hacerlo.

Mamá no ha desaparecido de mi vida: ha pasado a formar parte de ella.

Forma parte del pastel navideño que hice hace unas pocas semanas. Ha estado conmigo siempre que he hecho pan en estas últimas semanas. Ha formado parte del paquete de comida que le he enviado a mi hermano por su cumpleaños. La veo en las hojas crujientes del otoño, cuando recuerdo los paseos que dábamos y cuando jugábamos a fútbol en la última quincena de octubre. Todavía oigo sus consejos al oído cuando me topo con los temibles desafíos de la vida. Puedo percibir lo orgullosa que se siente a través del orgullo que siento yo al ver los logros de mis hermanos.

Está por todas partes.

Mi vida cambió cuando le diagnosticaron cáncer a mi madre. En algunos sentidos, los cinco años que han pasado desde aquel primer diagnóstico han sido los peores años de mi vida. No obstante, en otros sentidos también han sido los mejores. Estoy más unida que nunca a mis hermanos. Mi vida ha discurrido en un sentido completamente distinto a lo que esperaba, pero, pese a ciertas decisiones muy complicadas que he tenido que tomar, creo sinceramente que ha ido en la dirección acertada. He conocido a gente maravillosa. He heredado más características de mi madre. Mi forma de ver la vida ha cambiado. Me he reenamorado del arte. En estos últimos años, en mi vida ha habido lágrimas, llantos, noches sin dormir, medicamentos, terapia, problemas importantes de salud, empleos, hogares, compañeros de piso, llamadas de teléfono interminables, paseos a perros, exámenes de conducir, exámenes académicos, ataques de pánico, risas... y la lista sigue.

He aprendido a darme cuenta de lo que es importante. Me he dado cuenta de lo mucho que quiero a mi familia, pero que no siempre tienen razón. He aprendido también que "familia" no tienen por qué ser exclusivamente las personas con las que tienes vínculos de sangre. He descubierto que soy más fuerte de lo que jamás me había imaginado, aunque en ocasiones no me lo termine de creer. Me he dado cuenta de que no pasa nada por llorar. He visto que algunas personas pueden ser maravillosas. Otras no lo son y es mejor dejarlas marchar. He aprendido que es bueno dejar que otras personas entren en tu vida y que las emociones no son malas, que solo hay que saber manejarlas. He descubierto que tienes que trabajar en algo que te haga feliz, aunque no esté tan bien pagado como otros empleos (o no esté a la altura de las expectativas de los demás). Y eso solo es el principio.

No tengo nada profundo que decir para conmemorar estos dos años. No puedo decir que el dolor de la pérdida desaparezca y probablemente tampoco quieras saber nada del tópico de que las cosas vuelven a estar bien, pero sí que puedo decirte que acaba siendo llevadero. Puedo decirte que no pasa nada por sentirse de una forma u otra. También puedo decirte que tu duelo es solo tuyo, así que afróntalo como mejor creas tú.

Como decía siempre mi madre: sé amable contigo mismo.

Este post fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Reino Unido y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.