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7 cosas que todo el mundo debería entender de las elecciones en Reino Unido

07/05/2015 07:10 CEST | Actualizado 06/05/2016 11:12 CEST
REUTERS

Nadie sabe bien si el próximo primer ministro británico será David Cameron o Ed Miliband. Y cualquiera que asegure saberlo, probablemente se lo esté inventando.

Este jueves 7 de mayo, en Reino Unido se celebran unos de los comicios más impredecibles de esta generación. A falta de unas horas, Cameron, del Partido Conservador, y Miliband, del Partido Laborista, están igualados en los sondeos al 33%.

Teniendo esto en cuenta, aquí van las siete cosas que todo el mundo debería entender sobre la campaña y la noche electoral.

1. Todos van a perder

El ganador tradicional de las elecciones generales británicas es el partido, laborista o conservador, que consigue una mayoría absoluta en la Cámara de los Comunes. Es decir, 326 de los 650 escaños. Pero si los sondeos están en lo cierto, esto no va a ocurrir. Pese a las afirmaciones poco convincentes de que pueden alcanzar una mayoría, Cameron y Miliband se acercan a trompicones hacia la meta, aunque parece que sus propósitos distan bastante de la realidad.

Sobre todo, porque estas elecciones no son una lucha bilateral entre los laboristas y los conservadores. Más bien se trata de un batiburrillo interconectado de campañas locales que también incluye a los liberaldemócratas, Ukip, los Verdes y, más importante aún, el Partido Nacional Escocés (SNP). Tal es la complejidad de la batalla, que los sondeos a pie de urna que se publicarán el jueves a las 22:00 hora local (una hora más en España) podrían equivocarse, pese a su impresionante precisión habitual.

En un Parlamento sin mayoría, el hombre que se convierta en primer ministro será el que pueda llegar a un acuerdo con uno o varios de los partidos menores para asegurarse el mayor número de parlamentarios a su favor en las votaciones importantes.

Para Cameron, lo más normal sería llegar a una segunda coalición formal en el Gobierno con los liberaldemócratas de Nick Clegg. Miliband, en cambio, parece dispuesto a rechazar una coalición formal. En su lugar, puede que intente gobernar como líder de un Gobierno laborista de minoría que apoyaría el SNP de Nicola Sturgeon en según qué votaciones.

2. El SNP se está comiendo a los laboristas escoceses

Todo está muy reñido. Muy muy reñido. Y el motivo es Escocia. De los 650 escaños en la Cámara de los Comunes, 59 corresponden a Escocia. Actualmente, los laboristas poseen 41 de éstos. Sin embargo, el referéndum sobre la independencia del pasado año ha transformado el panorama político al norte de la frontera inglesa. Aunque el SNP perdió el órdago de la independencia de Reino Unido, el partido parece dispuesto a transformar su derrota en una goleada impresionante el 7 de mayo. Un sondeo sugiere que el SNP podría ganar todas las circunscripciones escocesas. Actualmente, tiene sólo seis.

Sin un gran contingente de diputados procedentes del núcleo escocés, cuesta creer que los laboristas lleguen a una mayoría. Miliband, un aliado cercano, habría ganado fácilmente si no hubiera sido por el derrumbe del apoyo al partido en Escocia. Como me contaba un veterano laborista, muchos de los diputados del partido en Escocia, acomodados tras años de mandatos seguros, se habían vuelto demasiado "perezosos".

3. Ukip ha dividido el voto de centro-derecha

Hasta que el SNP revolucionó la política en Escocia, el comodín del pack en estas elecciones era Ukip, el Partido por la Independencia del Reino Unido, liderado por Nigel Farage. El autoproclamado e insurgente Ejército del Pueblo que quiere que Gran Bretaña salga de la UE ha debilitado gravemente la capacidad de Cameron para ganar las carreras más ajustadas en Inglaterra. El partido, que sigue teniendo que suspender a sus candidatos por comentarios racistas, homófobos y sexistas, ganó las elecciones europeas de 2014.

A pesar de su racha, todo apunta a que Ukip no logrará más de un puñado de parlamentarios. El verdadero daño que ha hecho Ukip a los conservadores ha sido la división del voto de centro-derecha en posiciones marginales, provocando que candidatos liberaldemócratas y laboristas tiendan más al centro. Gran parte de la campaña de Cameron y su forma de gobierno los dos últimos años se han centrado en recuperar a los votantes de Ukip descontentos con su enfoque más liberal de conservadurismo, que incluía legislar en favor del matrimonio homosexual.

4. El centro exprimido: los liberaldemócratas

Los liberaldemócratas de Nick Clegg llevan mucho tiempo siendo el tercer partido en la política británica. En 2010, el partido llegó al poder por primera vez dentro de una coalición con los conservadores. Hubo un momento durante la campaña en el que el líder llegó a ser más popular que Winston Churchill. Hasta se inventó el concepto cleggmanía.

Pero los poderosos también caen, y estos últimos cinco años han sido duros para los liberaldemócratas. El partido ha visto cómo sus votantes de izquierdas, consternados por la decisión de formar gobierno con Cameron, desertaban en favor de los laboristas. En privado, los diputados liberales reconocen que mantener 30 de sus 57 escaños sería digno de celebración para el partido. Fuentes cercanas llegaron a describir los resultados de los sondeos internos nada menos que como "terribles".

Esta vez, el discurso de Clegg hacia los votantes es que sólo su partido ocupa el área del centro razonable. Él defiende que será el "corazón" de un cruel Gobierno conservador o el "cerebro" de una Administración laborista económicamente descabellada. En una era de política multipartidista resulta un enfoque inteligente. Para Clegg, el peligro es que nadie vuelva a escucharlo.

Dada la impredecibilidad de estos comicios, los liberaldemócratas podrían verse fuera del poder y relegados al cuarto puesto por detrás del SNP. O de vuelta en el Gobierno. O ambas cosas.

5. Sin dormir hasta junio

Los resultados de cada circunscripción empezarán a filtrarse desde las primeras horas de la mañana del viernes y el goteo seguirá durante el día. Sin embargo, si, como se espera, ni los laboristas ni los conservadores ganan una mayoría, podría pasar casi un mes antes de que finalice la creación de un nuevo Gobierno.

En 2010, con el telón de fondo de la crisis económica en Europa, los conservadores y liberaldemócratas necesitaron sólo cinco días para llegar a un acuerdo de coalición. No obstante, esta vez puede que no sea tan simple. Incluso si Cameron y Clegg están dispuestos y son capaces numéricamente de sacar adelante un segundo acuerdo, sus diputados exigirán tener más voz en el proceso. La última vez, los diputados conservadores no tuvieron derecho a aprobar formalmente el pacto de coalición. Esta vez quieren hacerse oír. Del mismo modo, los liberaldemócratas, quemados tras cinco años en el poder con los Tories, no tendrán tanta prisa por dar de nuevo el visto bueno.

Como primer ministro, Cameron sería el primero en elegir posibles compañeros de gobierno. Miliband tendría que esperar días o semanas antes de poder votar formalmente contra el intento de Cameron de quedarse en Downing Street.

6. Los momentos de la noche electoral que hay que observar

El símbolo de la victoria apabullante de Tony Blair en 1997 fue la imagen del secretario de Defensa conservador Michael Portillo dejando su puesto a los laboristas. La decapitación electoral de una figura veterana de un partido se conoce desde entonces como "momento Portillo". El jueves podrían verse unos cuantos de éstos.

La pérdida más sonada podría ser Clegg. El líder liberaldemócrata posee una mayoría considerable en su circunscripción de Sheffield. Sin embargo, los sondeos sugieren que su contrincante laborista le pisa los talones. Para los liberaldemócratas, la caída de su líder en las elecciones sería humillante. El partido también se enfrenta a la pérdida del ministro de Gobierno más veterano, el secretario jefe de Hacienda Danny Alexander, en favor del arranque del SNP en Escocia.

Ukip también tiene un problema. Farage es actualmente eurodiputado, pero no miembro del Parlamento británico. Pese a su perfil nacional y al gran apoyo de Ukip en Inglaterra, es fácil que no consiga ser elegido diputado por South Thanet en la costa de Kent. La derrota le costaría el liderazgo de su partido.

7. La campaña ha sido realmente tonta

Esta campaña ha sido una de las más orquestadas en los últimos tiempos. Los candidatos, excesivamente cautelosos con tal de no meter la pata, se han visto confinados en sus discursos y mítines alejados del electorado. Con todo, ha sido una campaña muy tonta.

Los laboristas pintaron un autobús de rosa para atraer a las mujeres. Miliband talló sus promesas electorales, al estilo de Moisés, en un bloque gigante de piedra. Cameron amenazó con emplear el arte marcial del Jiu-Jitsu sobre Farage en un debate televisivo y olvidó con qué equipo de fútbol iba. El jefe de campaña de los liberaldemócratas dijo cinco veces seguidas "bastardos" en directo en televisión. El periódico The Sun, con la esperanza de que nadie se diera cuenta, respaldó al Partido Conservador en Inglaterra y al SNP en Escocia. Y el canal de YouTube de Russell Brand ocupó dos días de cobertura electoral.

En definitiva, un desastre.

Este artículo fue publicado originalmente en la edición británica de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco.