Basta ver cómo se ajustan las trazadas, cómo salen escupidos los coches de las curvas, y cómo trabajan los pilotos el volante para darse cuenta de que gran parte de la carrera no han podido apretar ni correr, sino pasearse. Esto se ha convertido ya, de hecho, en el estilo de la Fórmula 1 de 2013.