En lugar de reformas reales y necesarias y responsabilidad fiscal, estamos aplicando una sobredosis de austeridad que lo que aborda son los síntomas, más que las causas, de los males económicos que aquejan a Europa. En lugar de recompensar unos esfuerzos sobrehumanos, se nos condena por nuestras deficiencias. En lugar de comprensión, tenemos insultos.
Supongamos que, por fin, reunimos la voluntad necesaria para resolver la crisis de la eurozona. Supongamos que acordamos los grandes pasos futuros de la integración para las decisiones económicas europeas como parte de esa resolución. En ese momento, tendremos que estar razonablemente seguros de que la unión política va a obtener el acuerdo necesario.
La desaceleración del crecimiento mundial tendrá efectos en la región. El riesgo más evidente es la posibilidad de una escalada de la crisis en la zona del euro. Aunque la probabilidad de tal evento es baja, si llegase a ocurrir, el principal canal de transmisión a América Latina sería el contagio financiero más que el comercial.
Angela Merkel parece que decidió que la mejor estrategia sería ir echándose atrás en lo previamente pactado. Es necesario que se establezca un mecanismo en el que los españoles dejemos de pagar las indecisiones del proyecto europeo. España cumplirá con su papel, esperemos que Alemania haga lo mismo.