En todos los sectores, el mismo proceso: los recortes y desmantelamiento del sistema público se llevan a cabo tras culpabilizar a los profesionales. Allí donde hay posibilidad de convertir las necesidades de los ciudadanos en un negocio -sanidad, educación, justicia, seguridad- se sigue el mismo protocolo.
Me temo que los líderes europeos y del FMI han podido empezar una fuga de depósitos que puede tener un efecto incalculable, y no sólo para Chipre sino para el resto de la Unión por el posible efecto contagio. Estuve Bruselas hace unos días y no deja de sorprenderme la pasividad que se observa al hablar con líderes europeos y académicos.
Las decisiones adoptadas por la UE se toman al paso de los acontecimientos, con una visión cortoplacista que asusta. Eso lo notan la ciudadanía, las instituciones y los mercados, cada cual en los efectos que le implica respectivamente: el desempleo, la bajada de salarios y la precarización de las condiciones laborales; el desgaste; y el beneficio especulativo. La inexistencia de competencias de la UE para hacer frente a la crisis ha abierto la puerta a una deriva en la que el interés comunitario y las instituciones han ido desapareciendo o limitándose a aplicar lo decidido por los Ejecutivos nacionales y, en particular, por el alemán.
Mientras buscan el modo de solucionar el lío de Chipre, a los funcionarios europeos les vendría bien recordar constantemente una realidad que, sospecho, no es en absoluto exclusiva de España: pese a toda la alegría que se desprende del descenso de los déficits y de la reducción de los diferenciales de crédito soberano, los ciudadanos todavía no observan una mejora notable en su nivel de vida, actual o futuro. Y cuanto más persista dicha situación, más complicado será encontrar el tipo de reformas políticas necesarias para evitar de manera tajante más años de dificultades económicas.
¿Conocemos realmente nuestra realidad económica y social o solo una aproximación distorsionada de la realidad? Para contestar a esta pregunta le voy a introducir en un paseo rápido por algunas de las teorías de la comunicación.
El Instituto Goethe cabalga a lomos de la crisis española. El desplome de nuestra economía ha multiplicado el interés de los jóvenes por aprender alemán. "Las cifras suben y suben: un 40% más de inscripciones en el año 2011, y hasta finales de 2012, incluso un 60% más que en los años anteriores al boom", reconocen en dicho instituto.
¿Podemos culpabilizar a S&P o al resto de agencias de rating de iniciar la crisis financiera? En cualquier caso, es labor de los propios países o instituciones supranacionales la aceptación de las agencias como agentes válidos del mercado.
Después de Pere Puig, ocurrieron en España algunos sucesos parecidos de violencia individual por parte de personas que no veían ninguna salida para poder salvar sus vidas y no encaminarse hacia la miseria. ¿Son locos? ¿Son casos aislados? ¿No tienen nada que ver con el desastre social que existe actualmente en España?
Pues bien podrías ser tú, o yo, o tu vecino del 5ºC; un ciudadano con capacidad y oportunidad de mantenerse en el estrato socio-económico que alcanzó tanto por inercia generacional como por los méritos y esfuerzos propios acumulados durante el último par de décadas.
El fracaso tiene un lado positivo. Muy positivo. Vamos a sincerarnos: aquí nunca nos han caído bien los ganadores. Es más, no los tragamos. En algunos países como Estados Unidos, el culto al éxito une a sus ciudadanos más que cualquier fe y "perdedor" es el insulto más hiriente que se puede hacer. Aquí el triunfador nos produce urticaria.
Para defender su fraude electoral (Rajoy está gobernando con un programa no legitimado por el voto) el presidente lleva empleando, desde que ocupó el poder, la falacia del falso dilema. Lo dijo bien claro, hace pocos días y lo ha reiterado en el debate del estado de la nación: "O cumplía con el programa electoral o cumplía con mi deber".
Es una constante en la historia reciente. La derecha odió a los titiriteros y ahora repudia a los actores. No le perdonó, aquella derecha extrema, a García Lorca su lucidez y su compromiso. Ni que fuera homosexual. Ellos, en el escenario o en celuloide, reflejan muchas veces lo que los ciudadanos piensan.
Se acabó el debate del estado de la nación. Con tanta réplica y contrarréplica es difícil sacar tiempo para contrastar las afirmaciones vertidas. Si uno las examina con detenimiento no resisten la comparación con la realidad. Pasada la vorágine, practicamos el viejo juego de: ¿Realidad o ficción?