Con el agua al cuello. En las casas españolas disponemos de 2.700 millones de euros menos respecto a lo que podíamos gastarnos un año antes. Nuestra renta disponible ha adelgazado un 1,6%.
Lo único que se me ocurre con el concepto de "empeño" son las familias que llevan sus únicos bienes a empeñarlos para poder comer o, lo peor, que debido a los recortes en sanidad hemos llegado al punto en el que estás obligando a muchos ciudadanos a "empeñar" su propia salud para que tú salves a los de arriba.
¿Van a mejorar las condiciones de vida de los españoles en este nuevo año? Con la información hoy disponible la respuesta es no. Es difícil que en 2013 se genere más renta que en 2012 y que esta sea distribuida favoreciendo más a los que menos tienen.
La fuerza del voto se ve cuestionada por el incumplimiento de los programas electorales o, peor aún, por hacer todo lo contrario de lo prometido en campaña. Pero las cosas podrían ser de otra manera si se introdujera un cambio tan sencillo como fundamental en el sistema: la elección por tercios cada dos años de los parlamentos.
Una de las enseñanzas más evidentes que nos deja 2012 es que las recetas de la derecha para afrontar la crisis, cuya mejor expresión es un drástico calendario de reducción del déficit, se han saldado con un rotundo fracaso. Para los países en dificultades, la ansiada recuperación económica no ha llegado y, después de tres años de recortes sociales y aumentos de impuestos, la inversión sigue sin aparecer.
Ha aumentado el consumo responsable y local, también los huertos urbanos y la creación de empleos basados en términos de sostenibilidad. Forma parte de un nuevo esquema de vida, en el que el capitalismo puro tiene ya poco que hacer si queremos recuperar un reparto medianamente equitativo de nuestra modesta riqueza.
Como un piso vacío sin sus ocupantes que un día soñaron con vivir en él, España se está quedando sin alma. ¿Por dónde entra la luz? La revolución empieza en casa, en el bar, en la escuela, en el hospital. No saldremos adelante si, además de remar juntos, no cambiamos muchas cosas.
Después del triunfo electoral de noviembre, duramente trabajado, el segundo mandato del presidente Obama se presenta muy complicado. Más allá de la superación de ese abismo fiscal que enfrentan estos días. ¿Las cuentas públicas de Estados Unidos son sostenibles a medio plazo?
Ser JESP es duro, -pese a que haya alguna lumbreras por ahí que opine que los jóvenes de hoy en día emigramos por espíritu aventurero-. Pero también es cierto que empezar de cero en otro país (en materia de hogar, de amigos, de trabajo y de dinero), te hace luchar más que nunca, y lograr objetivos que jamás hubieras imaginado alcanzar.
En el sur podemos recrearnos en las debilidades de Angela Merkel, la dama de hierro 2.0, pero debemos desperezarnos intelectualmente y pasar a la acción. La situación de emergencia humanitaria a la que se encaminan importantes capas de la población de países como Grecia, Portugal, Italia y España así lo exige.
No debemos dejarnos vencer. A pesar de la oscuridad que lo impregna todo, tenemos que seguir mirando al horizonte y ser conscientes de que existe otro futuro muy posible. Frente al mantra del "no hay alternativas" tenemos que recuperar la ilusión y ser conscientes de que la realidad será como nosotros queramos que sea.
Hubo un día en el que millones de ciudadanos se acercaron a su colegio electoral con la ilusión de que los nuevos gobernantes nos devolverían la confianza y la esperanza tras ser testigos del tsunami de la crisis financiera mundial y la sucesión de una cadena de errores de cálculo políticos y económicos domésticos.
A lo largo de 2014 la economía española experimentará una ligera mejoría. Pero de ahí a afirmar que ese crecimiento implica una "salida de la crisis", sin tener en cuenta el paro, que continuará en niveles altos, la pobreza generada en estos años, y los "riesgos" que afronta la economía española en 2013, es ciertamente exagerado.
Despertar, contraatacar, es parte de una esperanza en la que a los progresistas nos va el empeño de una vida: que no ganen los de siempre, que no ganen siempre los malos.
Estar en paro no es estar de vacaciones. Es una situación angustiosa para la inmensa mayoría de nosotros donde se convive con la humillación, el desaire, el desprecio y la incertidumbre continua. Con la ansiedad de que el tiempo corre más deprisa de lo que crees y que estás al borde del precipicio.
Nada nos impide impulsar un modelo educativo que, basado en el principio de la cooperación y la solidaridad, ofrezca segundas oportunidades a quienes no han tenido suerte durante los primeros años de vida o en algún tramo de la misma. Una sociedad más basada en la colaboración que en la competición.