Desde hace algunas semanas, varios diputados al Parlamento Europeo, comisarios europeos e, incluso, miembros de los diferentes Gobiernos de la UE estamos preocupados por otro fenómeno que nos está obligando a replantearnos las prioridades, la legitimidad democrática.
Pese al drama que supone decir adiós a tu familia y cruzar la frontera, cuesta creer que la secretaria de Inmigración y Emigración, Marina del Corral, haya cometido la torpeza de asegurar públicamente, sin ruborizarse ni pedir perdón, que la emigración se debe "al impulso aventurero de la juventud".
El PP llegó al poder con una rabieta, porque el acuerdo con el que construimos nuestro sistema social no era tan amplio como pensábamos, y un número importante de personas no entendían que el desarrollo económico tuviese que llevar aparejado un orden social justo y solidario.
Aunque los emigrantes estamos acostumbrados a escuchar frivolidades de la parte del Gobierno, la señora Del Corral parece querer insultar nuestra inteligencia. Caracterizar como aventureros a aquellos que no buscamos más que un trabajo es cuanto menos desfortunado.
Podemos desgañitarnos contra nuestra clase política, pero no lo tienen fácil para gestionar una situación endiablada. Las crisis económicas con las que lidiaron Felipe González y José María Aznar no son comparables en magnitud y complejidad a la que estamos viviendo, así que sacudámonos la tendencia a la melancolía si aspiramos a hallar nuevas respuestas para nuevos desafíos. El futuro se muestra incierto, pero la nostalgia por el pasado no nos ayudará a encontrar el camino para afrontarlo.
Un mal comienzo o una mala racha no tienen por qué tener un mal final. Cuando vivimos etapas difíciles importa mucho el modo en que las interpretamos y el sentido que damos a nuestra conducta para resolverlas, rendirnos o adaptarnos a ellas.
Supongamos que, por fin, reunimos la voluntad necesaria para resolver la crisis de la eurozona. Supongamos que acordamos los grandes pasos futuros de la integración para las decisiones económicas europeas como parte de esa resolución. En ese momento, tendremos que estar razonablemente seguros de que la unión política va a obtener el acuerdo necesario.
La crisis golpea con mayor dureza a los más pequeños. Los padres priorizan los gastos y la educación pasa a ocupar un lugar secundario para aquellos que no cuentan con recursos para cubrir los gastos de los alimentos. Muchos alumnos acuden al colegio sin cuaderno ni el material básico que se les exige.
La indefensión puede ir más allá del hecho concreto de una situación, que se puede aprender y se puede reproducir. Se puede aprender a perder, a no tener esperanza, a no ver soluciones donde existen potencialmente. No es que estén bien como están, es que han perdido la esperanza y tienen miedo de volver a sufrir.
Pido disculpas a mis pacientes por las molestias que les pueda causar, pero existen poderosos motivos para no quedarse callado. Estamos dispuestos a mucho más por que no pensamos solamente en nosotros, pensamos en todos.
Llevo currando en los medios desde los 19 años, muchas veces sin cobrar, siempre con la teoría de que el que siembra recoge. ¿Y de qué me ha servido? ¡Si estoy de dependienta en una tienda! Ya, ya sé que hay unos 10.000 periodistas españoles en paro, y que además mi propósito es difícil.
6.500 millones de euros nos vamos a exiliar por su corrupción, negligencia, falta de previsión, insensatez y caradura. ¿Pueden dormir por la noche sabiendo que están desperdiciando 6.500 millones? Pero la crisis se está gestionando bien según me cuentan.
Es como si la Comisión no tuviera nada más que dieta en su recetario, y aunque sospecha que debería suministrar vitaminas a sus enfermos, no quiere admitir que ha sido un mal médico y que debería probar otro tratamiento. Los ciudadanos y los políticos debemos exigirle a Europa que haga un ejercicio de realismo.
Hay que celebrar que alguien se haya atrevido a meterle mano a la actualidad, en sentido literario, como lo hace Kiko Amat en su nueva novela Eres el mejor, Cienfuegos, y cinematográfico, como veremos en el próximo estreno de Isabel Coixet Ayer no termina nunca, probablemente esta primavera.
Decía don José Ortega y Gasset que "no sabemos lo que nos pasa, y esto es precisamente lo que nos pasa". En la década dorada de los buscadores de internet y sus algoritmos hiperoptimizados, nadie parece ser capaz de encontrar la respuesta a cómo salir de esta crisis.