Hay voces que nos acompañan casi a diario a través de los medios audiovisuales. Unas nos atrapan y otras nos perturban antes de que pronuncien una sola sílaba. Voces que, embargadas por la pobreza, se han quedado sin vida. Voces que, avergonzadas por el qué dirán, se han escondido para no ser vistas.