Derecho A Morir Dignamente

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Pesadilla innecesaria en Zaragoza

Ya olía a primavera y los días ofrecían más luz, camino ya del solsticio de verano, cuando una tarde de abril Ignacio volvió a escuchar de labios de su madre, Isabel, su deseo de morir: "Hijo mío, ayúdame a morir, quiero morir". Y a Ignacio se le nubló la vista, sintió una fuerte punzada en el esternón y seguramente no pudo contener el llanto.
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Luces rojas en una sala de cine

Entre la especie humana ha habido siempre aves de carroña (clérigos, legisladores, médicos...) que inventan leyes, ídolos y seres superiores que premian y castigan. Amenazan con terribles castigos eternos a quienes no cumplen sus mandatos y normas, y declaran intocables la vida y la muerte, que solo depende de su dios.

¿Quién nos ayudará a morir?

He tenido una conversación reciente con una chica joven que se está muriendo. La entrevista fue larga; la escuché con atención varios minutos que me parecieron horas. El momento era muy importante. Alguna lágrima escapó, regando sin saberlo alguna zona de mi reseco corazón.

Imponer la vida y robar la dignidad al morir

La obligación de los médicos no es con la vida en abstracto sino con la persona enferma. Y tan importante y exigible como una actuación técnicamente irreprochable lo es el respeto a la voluntad del paciente, a su autonomía y a su dignidad. No se puede imponer la vida a nadie y no sólo no es buen médico quien no conoce su oficio, tampoco lo es quien ignora la libertad del paciente.