Desigualdad De Género

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Masculinismo

La estrategia actual del machismo es el "posmachismo", ese intento de revestir de neutralidad sus exigencias y planteamientos para generar la confusión necesaria que lleve a la duda, a la pasividad y a que todo siga igual. Y el "posmachismo" sabe que la batalla del lenguaje es clave para afianzar posiciones y definir realidades.
EFE

Sin mujeres no hay justicia

El poder judicial es un ejemplo paradigmático de la castración profesional de unas juezas, que aún siendo mayoría en la profesión, son invisibilizadas sistemáticamente en la foto oficial de la justicia en la que no hay ni rastro de ellas, siquiera en los cuadros que adornan las paredes. Una estampa judicial en blanco y negro propia de otros siglos en los que las mujeres tenían menos derechos que nuestros menores de hoy.
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Machismo 'cum laude'

La incongruencia es tal que hoy se enseña en las aulas de las universidades a abordar las consecuencias de la violencia de género (en la salud, en el Derecho, en las cuestiones sociales...), sin que se enseñe lo suficiente sobre su prevención y erradicación a través del cuestionamiento de los referentes sociales y culturales que crean la desigualdad y la violencia contra las mujeres como parte de ella.
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La mujer como botín de guerra

Hay un arma secreta en todo conflicto armado que se reproduce sistemáticamente bajo la mirada anodina del planeta, cuya crueldad debiera escandalizar la moral del mundo civilizado: es la violencia sexual extrema que se inflige sobre las mujeres. Una batalla que se perpetra en el cuerpo de ellas, que son el botín de una guerra decidida, financiada y ejecutada por hombres.
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La (no) opinión de las mujeres

La evidencia está al alcance de todos: el número de artículos de opinión escritos por mujeres en la prensa nacional e internacional es alarmantemente bajo. La cuestión es que, como dice la periodista Katherine Lanpher, participar de los espacios de opinión no es un mero asunto de escritura, sino una cuestión de poder; de capacidad para influir en la agenda pública y, en último término, contribuir a cambiar las mismas estructuras que desincentivan que las mujeres opinen en medios públicos.
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Un escote excesivo

Mientras que la cultura sitúe a los hombres y lo masculino como jueces y parte, todo lo excesivo, lo insuficiente, lo largo, lo corto, lo grande, lo pequeño, lo rápido, lo lento, lo correcto, lo incorrecto, lo bueno, lo malo, lo aceptable, lo inaceptable... dependerá de lo que algunos decidan a partir de las referencias de esa cultura patriarcal. Es lo que hemos visto, en otro orden de cosas, en la respuesta ante un espectáculo de títeres en una plaza de Madrid, y con la protesta de Rita Maestre en la capilla de la Complutense.

Machistas sin fronteras

La reacción del machismo comenzó en el momento en que apreciaron que el cambio social hacia la Igualdad no se limitaba a un reparto de los tiempos y los espacios, y de las funciones a desarrollar en cada uno de ellos, sino que llevaba a un cambio en las identidades tradicionales fijadas sobre una idea única e inflexible de lo que era ser hombre y ser mujer, para pasar a entender que había distintas formas de serlo.
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Cosa de dos

Los desafíos de la conciliación del trabajo y la vida privada a los que se enfrentan las mujeres se convertirán en muros cada vez más altos si no se aplican leyes dirigidas a fomentar la participación igualitaria de hombres y mujeres en el cuidado de sus hijas e hija. Sabemos cómo hacerlo, conocemos qué medidas funcionan, por eso pedimos a la Comisión y al Consejo que asuman su obligación de avanzar hacia una sociedad más justa e igualitaria.
AFP

Vírgenes, santas y putas

¡El himen! ¡Cuidado con el himen! ¡Es tu dignidad! ¡Es lo único que te da valor! ¡Él puede rehacer su vida pero tu sin tu himen no vales nada! ¡Es tu honor! Suena un poco destartalado el tema. ¿No? Pues imagínense toda una vida escuchando esas advertencias. Imagínense que el "esfuérzate por ser alguien en la vida" se convierta en un "sin tu himen no eres nadie".

"Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa"

Nos rasgamos las vestiduras porque una madre lleve a su bebé al Congreso, pero no pasa nada cuando la asesinan, porque las mujeres convivimos con la muerte y la violencia de forma constante. Nuestro imaginario se ha construido normalizando la agresión hacia el género femenino. En la moda se glamouriza el sufrimiento. En los videojuegos la agresión sexual es prácticamente una recompensa. En el porno..., mejor no hablemos del porno.