Draghi ha abierto el capítulo primero del camino correcto. Con bastante astucia que algunos interpretaron como contradicción -y que, en realidad, ha sido sólo un astuto juego de fuerzas- ha conseguido erigirse en el árbitro del equilibrio entre rigor fiscal y solidaridad financiera. España va a ser el tubo de ensayo de este importante episodio.
De la celeridad y rigor con la que se gestione el rescate desde España y del grado de cumplimiento con los compromisos adquiridos, depende que podamos hablar de un punto de inflexión definitivo en la crisis actual.
En esta situación de especial trascendencia, se debe de convocar a Referéndum, tal y como marca la Constitución Española, al pueblo español, para que pueda dar su opinión sobre lo que está pasando.
Durante los últimos años se ha demostrado como incompleta la más tradicional interpretación de la política monetaria, aquella que se limitaba a considerar dos herramientas: un tipo de interés a muy corto plazo y la inyección de liquidez, también a muy corto plazo, en el mercado interbancario. Según esta consideración, con tipos de interés en el 0%, ya no había margen de actuación para el Banco Central Europeo (BCE).
Al salir del euro Grecia se declararía inevitablemente en quiebra. El nuevo Draghma se devaluaría alrededor de un 50% por lo que el PIB griego pasaría a valer menos de 100 mil millones de euros (hoy está alrededor de 200 mil millones). ¿Quién asumiría esas pérdidas? Los países más expuestos a Grecia son Francia y Alemania.
Se creará en el plazo de tres meses y existirá durante diez o quince años. Su objetivo será extraer valor a través de su gestión e intentar vender, al mayor precio posible, los activos con los que se quede y que hoy perjudican la viabilidad de las entidades bancarias.
El año pasado, la inminencia de las elecciones generales despertaba expectativas de cambio. Rajoy volcaba sus esfuerzos en convencernos de que él sabría reconducir España, y prometía hacer exactamente lo contrario que luego se ha visto obligado a hacer: subir el IVA y recortar en sanidad. Hoy ya no creemos ni en brotes verdes ni en promesas electorales: sabemos que nos espera el año más duro en décadas.
Como sugirió Lluís Bassets hace unas semanas, vivimos una suerte de guerra geo-económica. En esta guerra no hay pérdidas humanas pero sí hay víctimas. El drama social es la primera de ellas. La segunda víctima moral en esta guerra es nuestro maltrecho sistema democrático. Hay una percepción generalizada de que quienes elegimos no están al mando.
Iniciamos el nuevo curso con amenazas no muy distintas ni menos severas a las existentes en julio. No queda más alternativa que los bancos centrales apliquen estímulos adicionales.
Son millones los usuarios que están recibiendo facturas de suministros, fechadas en el mes de agosto, que tendrán que pagar a comienzos de septiembre con el nuevo IVA pese a que corresponden a consumos anteriores. Por desgracia, se trata de una práctica legal.
El "Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria" es un fondo que se creó a mediados de 2009 con 9.000 millones de euros y cuyo objetivo es reorganizar y solucionar los problemas de necesidades de capital existentes en el sistema bancario.
Calculando, me doy cuenta de que con 25 horas de trabajo semanales ganaría unos mil euros netos al mes en Irlanda . Más de lo que mis amigos auditores, ingenieros, psicólogos y periodistas reciben en Madrid por 40 horas a la semana, que siempre terminan siendo 50.
Muchos nos dejamos llevar por la inercia de la noria porque sabemos que estamos seguros, que es lo que toca y que tampoco está tan mal... quizás no queremos parar porque pensamos que no podemos. Solo paramos si tenemos alguna crisis como que nos detectan una enfermedad, se muere un familiar o cualquier otra desgracia que nos da una buena sacudida y sólo, en ese momento, decimos: ¡Basta Ya!
Sería necesaria una inspección para saber el porcentaje exacto de desempleados que cobran durante los seis meses la ayuda de 400 euros y al mismo tiempo reciben el apoyo de su familia o realizan algunos trabajos que perciben en negro. Pero, aceptando esta realidad, que se repite una y otra vez cada vez que hay una crisis económica y el coste de vida en relación a los salarios se dispara, de nuevo la trampa está en las proporciones: no todos los fraudes son iguales.
La morosidad alcanzó el 9,42% en junio de este año, superando el máximo histórico que se registró en 1994 (9,15%). Pero... ¿Por qué nos preocupa este dato? ¿Qué implicaciones tiene para las familias, empresas y para las entidades financieras?
El ajuste implica por lo general austeridad y reformas estructurales. Lo ideal es que los sindicatos y las empresas acuerden una reducción coordinada de los precios de los bienes no transables.