Las necesidades de financiación del conjunto autonómico hasta final de año son superiores a 18.000 millones de euros. Queda pendiente de resolver la manera en qué las CC AA atenderán a las amortizaciones de préstamos y la financiación del déficit del 1,5% del PIB.
Las cuentas que ha confeccionado el Gobierno del Partido Popular sólo servirán para que los pobres sean más pobres y entierra las esperanzas de las miles de personas que cada día buscan un puesto de trabajo. Constatan, además, el fracaso de un Gobierno secuestrado y sin alternativa.
El pasado viernes se publicaron los resultados del nuevo proceso de recapitalización bancaria. La exhaustividad del proceso y la cuantía obtenida suponen dos elementos claramente diferenciales. Ambos atributos permiten pensar que no estamos ante una nueva venda.
La crisis que nos asuela tiene mucho menos que ver con Lehman Brothers que con el euro: la entrada en vigor del mismo en nuestro país propició una prosperidad inaudita pero engañosa. La economía, dopada por los bajos tipos de interés, creció vertiginosamente durante casi diez años.
Ir más allá en los esfuerzos exigidos a los empleados públicos o no proceder a la actualización de las pensiones son medidas que reportarían a las arcas públicas unos ahorros jugosos pero que presionarían, más si cabe, la capacidad de gasto de los hogares españoles.
El Gobierno debería dar el paso ya y dejarse de marear la perdiz, algo que nos está restando credibilidad internacional y europea y que, a cambio, no sé qué magros beneficios políticos a corto plazo puede dar al partido mayoritario en las cercanas convocatorias electorales.
Los políticos en Europa, Japón y Estados Unidos están cometiendo dos errores mayúsculos al colocar la austeridad por delante de todo lo demás. El primero es que confunden lo importante y necesario con lo urgente. Lo que es verdaderamente urgente es lograr que la economía vuelva a crecer, no recortar el gasto. La mejor forma de reducir el déficit es hacer que la economía crezca.
Ni el seguro de paro ni los fondos de FORCEM para la formación, gestionados por sindicatos y empresarios, son subvenciones. Son recursos que surgen de los propios trabajadores, cantidades previamente detraídas de sus cotizaciones. Una de las leyes no escritas de la globalización es que un elemento determinante para decidir el asentamiento de las grandes inversiones es el tamaño de las ayudas públicas que reciben.
Existe en la actualidad un número considerable de parejas que, de forma civilizada y consensuada, deciden interrumpir su relación afectiva pero continúan compartiendo vivienda y los gastos relacionados con ella.
Son muchas las noticias con las que hemos desayunado en los últimos meses anunciando cambios en impuestos, y no todas fáciles de comprender. La última, la intención del Gobierno de endurecer el tratamiento que reciben las plusvalías en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas.
Personalmente, y ante la ausencia de políticas de crecimiento, no soy sin embargo optimista, y es por ello por lo que recomiendo a los parados -y especialmente a los más jóvenes- la emigración. De lo contrario, estos jóvenes pueden verse atrapados en su histéresis particular.
La lógica del sistema capitalista neoliberal nos obliga a embarcarnos en una alocada carrera sin fin: países y empresas tienen que crecer hacia el infinito para evitar ser devorados por otras compañías o naciones y, en definitiva, para que el sistema en sí no colapse.
Que no se engañen ni Monti ni Rajoy: así lo único que van a conseguir es que a los países que gobiernan les pase lo mismo que al del cuento de "que viene el lobo" y, desde luego, que los especuladores vuelvan a la carga.
Los alemanes de entonces y los de ahora son bien distintos. Tras la guerra, arrastraron un gran complejo de culpa. Sus líderes desarrollaron una política hacia sus vecinos de absoluto europeísmo, dejando a menudo en un segundo plano su interés nacional.
La crisis de la deuda latinoamericana en los ochenta o la del sudeste asiático en la segunda mitad de los noventa, son ejemplos comúnmente utilizados para explicar la importancia que pueden llegar a tener las denominadas "estampidas bancarias" en una economía.