Algunos observadores han comparado la situación actual a la película Thelma y Louise. Muchos se temen que republicanos y demócratas, en un ejercicio de irresponsabilidad de consecuencias impredecibles, decidan emular esa secuencia. Cuando se juega a ver quién cede primero las consecuencias son impredecibles.
2012 ha sido una historia distinta en la que Obama no debería haber ganado dado el contexto económico. Ganó gracias a una campaña de excelencia y un adversario perdido en la negacion de la ciencia en todos los sentidos.
El Pentágono ve cómo se recortarán sus recursos en los próximos años, pero su presencia en Asia será la más importante en detrimento de zonas como Oriente Medio o Europa. Para muchos analistas este redespliegue recordaría la estrategia de contención hacia la URSS en la Guerra Fría, rodeándola de bases.
Son los principales socios comerciales de la región y las dos economías mayores del mundo. La reelección de Obama fue bienvenida en América Latina; la llegada de Xi Jinping al poder no implicaría grandes transformaciones con sus fieles proveedores de alimento y energía.
El 21 de enero empezará un nuevo mandato presidencial, con una multitud de problemas acuciantes. Obama hizo campaña apelando a la necesidad de que le permitiéramos terminar su tarea. Y desde luego, hay muchas cosas que terminar, así como un enorme potencial que no se ha hecho realidad.
En cuatro años pasamos de la "Obamanía" a la incertidumbre de una tarde noche de infarto. Gobernar es administrar expectativas y las que generó Obama -dentro y fuera de EEUU- en 2008 eran tan grandes, como difícil su administración razonable para dar satisfacción a sus electores. La corriente de "Obamanía" la provocaba la expectativa de que revertiría en plazo milagroso la catástrofe que encontró a su llegada.
Obama ha sido el primer mandatario que ha sobrevivido a la crisis, aumentando el gasto en lugar de meter la tijera. ¿Esto hará reflexionar a Merkel y a Rajoy?
En Europa, debemos congratularnos porque Obama debe ayudarnos a desmontar el fundamentalismo de la austeridad impuesto por la derecha europea, por Alemania, y del que nuestro Gobierno también de derechas no parece saber encontrar escapatoria.
Nadie al escuchar a Obama prometer que "lo mejor está por venir" ha podido mirar hacia arriba para encontrarse con el cielo de Chicago. Los demócratas no se han atrevido a repetir la fiesta de hace cuatro años en el majestuoso parque Grant.
El presidente ha ganado porque su programa y su partido son fiel reflejo de la diversidad de Estados Unidos, mientras que los republicanos han conseguido alienar a las mujeres y a las minorías, sobre todo a los latinos.
Lo bueno para Obama es que va a empezar un nuevo mandato con unas expectativas mucho más razonables que hace cuatro años, cuando su promesa de "cambio" generó una esperanza febril de que todo iba a cambiar. Estas expectativas irreales han pesado como una losa durante su primer mandato. Ahora que ya se han templado.
Es cierto, no lo ha hecho como lo esperábamos. Ni acabó con el desempleo, ni mejoró la economía... siguió además, atado de manos, favoreciendo a grupos de poder e intereses privados más allá de sus promesas de campaña del 2008. Si Romney pierde, el mundo gana.
El colegio electoral y en consecuencia, el mapa electoral, sigue siendo la única forma de ganar. Da igual lo que digan las encuestas nacionales a estas alturas -solamente importa lo que pase en los nueve estados claves. Ningún republicano ha llegado a la Casa Blanca sin ganar Ohio, donde Obama ha mantenido una ventaja ligera pero consistente.
Mitt Romney no solamente ganará las elecciones; su ventaja será mayor de lo esperado. Recordemos que en el sistema electoral presidencial en EE UU los candidatos, en realidad, compiten por los 538 votos electorales. Para ganar las elecciones un candidato tiene que igualar o superar los 270 votos.